Marco Morel

Guitarra II  /  Independiente, 2017

Mago de las cuerdas. Una carrera de 40 años componiendo música con sabor mexicano, 300 discos como sesionista y el Premio “Mario Ruíz Armengol” que otorga el Sindicato Único de Trabajadores de la Música, son las principales credenciales de Marco Morel.

Con elenco estelar. El maestro presenta su segunda grabación en solitario, en la que se hace acompañar por Abel Sánchez y Juan López (saxos), Joe D´Etienne (flugelhorn), Jako González (flauta), Cecilia Becerra y Omar Álvarez (violines), Guadalupe Alfaro (vihuela), Rodrigo Duarte (chelo), Alberto García (piano), Jesús Sánchez Puebla (bajo) y el baterista Fernando Mendoza.

El álbum da inicio con “Sarape” e inmediatamente se percibe la fineza del compositor y sus intérpretes: se trata de un noble tejido de mexi-jazz, con armonías provistas por la vihuela y complejos obbligatos entre bajo y guitarra. Para quitar el frío.

Un momento de alegre belleza llega con “Árbol de Barro”, composición en forma de huapango, con las guitaras acústicas y eléctricas de Marco bien escoltadas por la marimba de Eliud Columba. Track en homenaje a las esculturas típicas de Metepec (vecino de Toluca) que, según cuentan, hacen que la tierra hable.

Visión cinematográfica al tender redes. “Canción de Pescadores” es imagen sonora reflejada en los arpegios de la guitarra, que semejando a un cristal, brindan un oleaje nítido sobre el que navega la voz de Alejandra García Flores.

“La flor de lluvia” es una pieza lenta, con aires de música clásica y mexicanista, orquestada con flauta, violín y cello; arreglada con oficio magnífico, como aquellas florecillas que sólo existen cuando el cielo llora y después, desaparecen. ¿Así es el amor?

Sonoridades de  lluvia, pescadores, sol, sabios ancestrales y las campanas del pueblo (a cargo de Juan Carlos García Amaro) enriquecen los 14 cortes del disco de Marco Morel.

Realismo mágico.

 

Por Víctor Baldovinos

Macario

El Olvido  /  Macario Rock, 2017

Formado en 1998, Macario es una banda mexicana que compone música muy cercana al blues y el folk americano, logrando un cuadro nostálgico que incluye la fuerza de un rock inteligente y aderezado con letras sociales. Su segundo disco presenta siete piezas originales, que buscan retratar desde el punto de vista poético una crítica hacia la inseguridad, el abismo del asfalto, la tristeza, el absurdo colectivo y las injusticias del poder. Por Víctor Baldovinos

Conformado por Claudio Pezzotti (voz), Iker Moranchel (guitarra), Federico Quintana (bajo) y Rodrigo Vázquez (batería), el estilo del cuarteto resulta familiar, cálido y agradable; gracias a los mesurados arreglos que respetan la melodía de la voz y los contenidos del texto. “Te Vendré a Visitar” abre el relicario musical, como una bocanada refrescante en compás de 12/8, generosos espacios acústicos y la dulce tonada a cargo de Claudio, quien dialoga con franqueza y honestidad ideológica los conceptos de Macario.

Como contraste, en “Nos Invitan a Jugar” hallamos una canción sensiblemente más country y con orientación a la línea del Dire Straits; donde brillan protagonistas las veloces guitarras eléctricas de Iker. Apostando por la sabrosura, destaca “San Agustín”: uno de los contados temas con aire caribeño y de rítmica que gira en torno a la clave, coronando el bajo de Federico con unos arpegios de lira en la mejor tradición Gustavo Cerati.   

De narrativa ágil, solvente orquestación y gran destreza a la hora de manejar los instrumentos, “Brújula” es una pieza ternaria, de percusiones protagonistas en la que la batería de Rodrigo ejerce un dominio a la John Bonham. Entre tanto, “O Ya Te Has Ido” hechiza el aire en forma de R&B; con sonido clásico, urbano y bailable. Macario gana, con su apuesta por la historia, logrando música de ejecución y mensaje contundente: ni perdón, ni olvido.

Talento nacional, pues.

 

Gabriel Elizondo

Azahar para Guitarra Flamenca y Violoncello  /  Kardamomo, 2017

Revolución flamenca. Veterano de los tablados, Elizondo es uno de los principales exponentes mexicanos de las cuerdas acústicas. Con dos discos en su haber (El Arrullo de mis Muertos y Gloria) lanza esta tercera grabación en octubre de 2017, durante un momento inspirado de su carrera.

El concierto Azahar fue originalmente compuesto por Gabriel para ser interpretado con guitarra y el violín del chileno Patricio Osorio; pero en un cambio de enfoque, buscó, junto con la prestigiosa chelista Irene Carrasco, explorar a dueto nuevas dinámicas, timbres y colores en la música flamenca.

La música flamenca gira principalmente en torno a un gran ciclo rítmico llamado el Compás de Doce; un círculo de 12 tiempos organizado en dos compases de 3/4, y tres de 2/4 de donde derivan varios estilos (o palos).

El concierto inicia con “Los Puros”, una composición en palo de bulerías, rápida y vertiginosa, en la que las melodías son ejecutadas simultáneamente; con precisión espectacular entre guitarra y violonchelo.

La pieza que da título al disco es un choque de culturas. Imaginen qué hubiera pasado si Béla Bartók se asociara con Manolo Sanlúcar: una introducción de violonchelo, caprichosa y enigmática, da el pie para un frenético rasgueo de guitarra. Armonías contundentes, impenetrables; como una pared acústica.

Por su parte, “Redención” destaca por su intensa belleza: una soleá lenta, de reminiscencias gitanas y solemnes, en la que el arco de Irene genera líneas cargadas de dramática añoranza.  Otro momento cumbre de la producción es el séptimo corte, “Cavilaciones”; una pieza con aires de granaína y, curiosamente, su primer salto creativo fuera del acostumbrado entorno guitarrístico.

El resultado del Azahar para Guitarra y Violoncello es un paso ascendente en la carrera de Gabriel Elizondo, que realmente contribuye a que la flamenca sea reconocida como música de concierto.

Un disco elegante, de ocho temas largos, potentes y melancólicos.

Por Víctor Baldovinos

 

Perikles y La Impredecible Blues

Bajando a Buenos Aires /  Intolerancia, 2017

Un argentino extrae agua del Mississippi y se la lleva a su tierra natal para mezclarla con la del Río de la Plata, luego se traslada a México y en un frasco une ese par de líquidos con el que encuentra corriendo por el Pánuco.

El resultado es un brebaje que cala la garganta, un blues sin nacionalidad que se condensa en una decena de temas interpretados por el recolector acuoso Hernán “Perikles” Campodónico (también guitarrista del combo de reggae Rastrillos) y el cuarteto de músicos que lo acompaña.

Es ésta una travesía donde caben notas de Charlie Parker, Raúl Porchetto y el propio Perikles (sobresalen “Infrahumano blues” y “Café de la Giralda”) y cuya única ley es sentir a fondo, sin restricciones; abandonarse a la corriente de los torrentes antes mencionados, dejar el agua cruzar las entrañas sin chistar y esperar su efecto, tal como Muddy Waters alguna vez enseñó.

Por Alejandro González

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