Desde los años ochenta este artista no ha dejado de producir obra plástica, ideas para el cine y, por supuesto, canciones. Sin embargo no había tomado la decisión de armar  un disco completo. Después de poco más de dos décadas se ha concentrado en un álbum al que simple y directamente ha llamado Rudo.

Resulta inevitable recordarlo con máscara de luchador, enfundado en una chaqueta de charro posmoderno y sujetando una guitarra que ostenta el símbolo patrio moldeado con fino detalle. Una muestra de su estilo de diseño Art Nacó y enmarcado con peluche y antiguos focos navideños. Elementos que forman parte de instalaciones y de una plástica mexicana original con la cual se ha hecho célebre en Los Ángeles, ciudad donde reside desde 1994. Acompañado de Los Mismísimos Ángeles, con esa portada emblemática despedía a los ochenta. “Además existe un bajo con el mismo diseño que será parte de la colección de un museo que abrirá en Guadalajara”, añade Sergio Arau (Ciudad de México, 1951). “Los fabricamos con el laudero Carlos Carbajal apoyados en las guías de una SG de Gibson”.

Así como en ese momento se basó en su guitarra favorita, el presente lo ubica en la proyección de un sonido más áspero, más heavy. De ahí que su consentida en la actualidad sea una ESP porque “tiene una sonoridad más gruesa, más metal era”. Resulta ser la elegida dentro de ocho guitarras que posee, una pequeña colección que tiene la particularidad de haber impreso su estilo gráfico. “Cada guitarra tiene su propia historia, ninguna es de relleno porque tienen su razón de ser”, asegura. Entre ellas también destaca una Aria electroacústica que compró nueva en 1971, año en el cual se presentó en el festival de Avándaro con su entonces grupo La Ley de Herodes. “Por lo tanto también soy un modelo vintage”, bromea. “Con los años suena mejor, más fuerte y brillante porque la madera se va secando con los años”, afirma quien no presentaba un álbum desde Mi Frida Sufrida (1993) y firmado con su nombre acompañado de La Venganza de Moctezuma.

Acerca del origen, ¿cómo fue tu acercamiento a la guitarra?

“Cuando tenía 12 años me volví loco con el primer disco de los Beatles. Mi abuelo tocaba mandolina y me ayudó con lo más básico con una guitarra. Mi tío Sergio Corona contrató a un cuate de un estacionamiento para que me diera ocho clases, dos por semana. Una vez al salir de una entrevista en la W, lo escuchó y le encantó cómo tocaba la guitarra. Fue así que en un estacionamiento del centro aprendí “Gloria”, “Página blanca” y varias rancheras. Ese fue mi entrenamiento combinado con algunas lecciones de composición que aprendí de mi abuela. A partir de entonces me ha resultado más sencillo componer que tocar canciones de otros”.

Si tuvieras que elegir entre la música, la plástica y el cine, ¿con cuál te quedarías?

“Me quedo con el arte (risas). Soy un caso raro porque nunca he dividido las cosas, me daba igual hacer todo eso de manera casi simultánea y escribir. Soy como los pentatletas, no eres excelente en una pero practicas todas. Me inclino por manejar siempre la parte visual y jugar con esos elementos. Mi casa en Los Ángeles y mi departamento en la Ciudad de México son como talleres con instrumentos y herramientas para pintar.

Tras el intento fallido de la reunión del trío que originalmente integraba Botellita de Jerez –a propósito del falso documental Naco es chido (2007)–, Arau retoma su camino aparte y finalmente graba algunas de las canciones que tenía desde entonces para ser incluídas en aquel proyecto que sería presentado como El disco perdido del cual se hablaba en la película.  Con esa serie de encuentros y desencuentros en el pasado, presenta ahora en vivo el contenido de Rudo con los Heavy Mex a su lado, simultáneo a la preparación de la segunda parte del filme Un día sin mexicanos. “Una continuación no planeada pero que gracias a Trump lamentablemente será posible”.

¿De qué manera resolviste la producción de este álbum?

“Fue natural cuando estaba primero buscando músicos para la banda y de pronto me encontré con un grupo de Los Ángeles que se llama Rusty Eye, que es de metal básicamente en inglés pero que son de México. Fue en una mesa de junto en un café que nos conocimos. Me invitaron a un concierto que hicieron con otras agrupaciones y ellos me impresionaron en particular. Los invité para que me acompañaran y así se dio la banda. Después me encontré con Gustavo Borner a quien no veía desde hace mucho. Es un gran productor e ingeniero que me invitó a grabar durante dos días en Igloo Music”.

Pasó mucho tiempo hasta tomar la decisión de hacer un disco…

La mitad de estas canciones las tenía desde hace rato, me estaban esperando. Con Botellita no encontraron salida. Y la otra mitad está conformada por canciones que surgieron en los últimos cinco años, tienen que ver más con lo que sucede ahora como “Quiero ser presidente” y “Una chaqueta por la paz”.

Ésta última recuerda a aquella “We Are the World”…

“Es como una caricatura de eso pero a la vez tiene relación con la denuncia y una queja, son las tres cosas. Cuando le entraron Tito Fuentes (Molotov), José Fors (Cuca), Jonás (Plastilina Mosh) y Amandititita, también le echaron de su cosecha y su aportación la hace más chistosa”.

A propósito del mensaje en “Quiero ser presidente”, ¿te consideras realista además de optimista?

“Creo que soy optimista porque confío en el cambio de la gente. Se han ganado pequeñas batallas, como el hecho de respetar más a los ancianos y la comunidad gay, pero falta el asunto de los derechos humanos y vivir en un lugar donde haya respeto y justicia para todos. Por eso quiero que las personas sean conscientes y no voten por los mismos. Arriesgarse por algo y ser responsables”.

Como decía Cortázar, un optimista crítico…

“Sí, en un lugar donde nada funciona pero todo permanece, como dijo Carlos Fuentes”.

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