De forma gradual hace algunos años se integró este cuarteto en Guadalajara. Su campo de acción se encuentra inmerso en lo que representa el futuro de la música: la fusión. Sumergidos en diversos ambientes de géneros y estilos, preparan nuevos menjurjes audibles.

En el inicio sólo había una computadora y un teclado. Con una paleta amplia de ritmos, dieron las primeras pinceladas a lo que sería un proyecto simultáneo a sus trabajos como músicos de otros artistas. La trompeta –a cargo de Arturo de la Torre– se situó además como elemento fundamental para comenzar a definir la personalidad de este ejercicio alterno. Un experimento que tendría a algunos bares en primera instancia como escenario para mostrar en vivo los resultados al mezclar jazz, funk y hip hop.

“Después nos dimos cuenta que necesitábamos una batería y un bajo para amarrar por completo el sonido de todo esto”, relata Arturo Lamadrid, responsable de la programación y sintetizadores. El músico y productor se refiere a sus compañeros Carlos Villegas y Christian Cuadrado. “Ellos conforman una base muy poderosa con la cual es posible determinar un peso específico. Además, nos hacen ver bien”, continúa con voz relajada y directa uno de los también cofundadores de la banda que este año se presentó en el Festival Glastonbury. “Arturo y yo nos dedicamos a componer y con los demás terminan por definirse las ideas”. Fue así como concretaron  la alineación que en estos días da vida a San Juan Project, después de haber probado con una tuba y un trombón. “Las participaciones se han presentado de acuerdo a las necesidades del momento”, afirma vía telefónica desde el tapatío Cubo Estudio, donde determinan parte de la propuesta del sucesor de su álbum debut, Sin miedo y con respeto (2015).

“La parte de las guitarras, bajos y teclados lo resolvemos en casa. Mientras que todo lo que necesita una buena microfonía como las voces, piano y percusiones,  lo hacemos en el estudio”.

¿Qué tal la experiencia Glastonbury?

“Estuvo increíble y llovió muy poco con respecto a las condiciones que normalmente prevalecen durante el festival. Donde nos presentamos era un escenario pequeño después de la 1 de la mañana y a esa hora el ambiente es increíble. La gente extasiada va en busca de fiesta después de haber visto a los actos principales. Una especie de after party con un ambiente celebratorio impresionante al cual prácticamente nadie escapa. Se convierte en la hora perfecta para tocar en un sitio donde las personas se acercan para comer y beber algo también”.

¿Qué tanta actividad tienen en vivo?

“Por el momento, sólo hay dos o tres cosas nada más. Somos de cocimiento lento y confirmamos  sobre el camino. Nunca hemos tenido muchas fechas, todo es gradual. Nos somos una banda tan mainstream, con presencia en bares o festivales, tratamos de estar en todos lados. Como sea, siempre tenemos algo qué hacer”.

Pero Glastonbury los puso en el radar

“Lo que son las cosas, sale uno de su casa y es como si notaran tu ausencia, como si te necesitaran, somos raros los humanos. Nos ayudó mucho ver cómo se trabaja allá y lo que se necesita para rendir con ese ritmo porque después de 14 horas de viaje continuo tienes que estar listo para tocar. Somos una banda que sigue aprendiendo mucho y eso es muy importante para nosotros como grupo”.

¿Y el Vive Latino?

“Todavía no, quizás el próximo año. Aunque lo mismo dijimos el pasado (risas). Lo haríamos encantados”.

¿Establecen de alguna forma un equilibrio entre la improvisación y lo estrictamente planeado?

“El ‘problema’ del primer disco fue que la mayoría de las canciones nacieron sobre el escenario, con el juego de la improvisación y el jamming. Durante esos cinco años surgieron canciones y otras se quedaron atrás. El reto entonces consistió en grabar un disco con esas canciones delimitando las secciones y los solos. No fue fácil convencernos durante ese proceso de selección y depuración. Ahora fue muy diferente la manera como afrontamos el hecho de grabar este álbum porque se compone de temas hechos directamente para ello. En todo caso, ambos métodos nos han ayudado mucho porque crear así nos abre la posibilidad de experimentar. Creo que las dos formas son válidas para explorar. El punto es ponernos a prueba en cada grabación”.

El jazz es uno de los vehículos principales de su estilo…

“Es la base que nos permite improvisar y que nos brinda libertad. Sobre ello es que se incorporan los demás ingredientes para moldear las diferentes combinaciones de esos elementos. Creemos que lo más importante es que la música hable por sí misma. Que cuando la gente escuche lo que hacemos, en lugar de preguntarse qué es o tratar de descifrar, simplemente le guste y le permita bailar, sentirla en el cuerpo y pasarla bien”.

El nombre del grupo sugiere esa combinación colorida y llena de vitalidad…

“Tal como sucede en el mercado donde puedes encontrar de todo. Desde remedios, hierbas hasta ropa diversa, comida y fayuca. Si le ponemos a cada elemento un ritmo y un género, eso somos nosotros. Todo lo metemos y mezclamos en un coctel y resulta lo que suena”.

Esa combinación abre más caminos a la música contemporánea…

“No sólo es el cómo nos parece más entretenida la forma de hacer algo propio, sino que es la fusión en sí misma la que marca la pauta para el futuro de la música, implica una expansión inagotable y especialmente intensa. Por eso sobrevive, así como sucede con los bancos (risas), pasa con el jazz, el funk y el blues de una manera especial. La búsqueda dentro de esa mezcla arroja resultados positivos en el ámbito de la creación musical que resiste al hecho de quedarse en pausa”.

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