Después de su participación en el Festival de Jazz de Polanco y antes de irse a tocar a la Habana, Cuba, a las festividades por el Día Internacional del Jazz, en donde compartió escenario con Marcus Miller, Esperanza Spalding, Quincy Jones, Herbie Hancock y muchos otros, entrevistamos a Rey David Alejandre, trombonista y pianista veracruzano. A la calma y dulzura que ya le conocíamos se le sumó una madurez e inspiradora plenitud. 

Lleva ya cuatro años radicando en Nueva York tocando salsa y jazz y girando por todo el mundo con la banda del bajista camerunés Richard Bona

 

Platícame de tu experiencia de vivir y tocar en Nueva York:

“Fue difícil irme. La gente te dice que no te vayas, que no la vas a hacer. Aunque uno sabe que está capacitado para hacerlo. Estaba tocando en un hotel en Cancún haciendo un trabajo de jazz y yo quería crecer más porque sentía que estar ahí no era lo mío. Una de las cosas que me ayudó fue que durante 17 años he tocado con Willie Colón, quien me incluyó en su orquesta para viajar por todo el mundo. Las voces se van corriendo de que alguien está haciendo bien el trabajo y eso me ayudó mucho. Tocar con Willie Colón te da mucha experiencia y nombre. Cuando llegué a Nueva York ya conocía bastantes músicos de la escena latina. Maestros de Fania All Stars como Reynaldo Jorge, Erick Montalvo. Porque yo soy salsero desde que nací. En mi casa en Veracruz se oía salsa todo el día y lo traigo en la sangre además de tocar jazz. Tuve la fortuna de llegar a Nueva York y al tercer día comenzar a tocar. Empecé a tocar con todos los salseros más famosos de Nueva York. La vida en Nueva York es difícil. No sólo es tocar sino también es pagar la renta. Hay que luchar mucho para gozar de ciertas cosas. El maestro Reynaldo Jorge me invitó a tocar a una orquesta y me quedé de suplente. He hecho muchas grabaciones. A los tres meses de llegar allá grabé para un disco de jazz de Jack Cooper, música de Charles Ives, con músicos de la Village Vanguard, y estuvo nominado al Grammy. Fue una experiencia impresionante. Poder sentarte frente al atril, tener que leer y grabar a la primera. Es un peso musical muy difícil. Quedé impresionado con los músicos y su forma de grabar y su afinación, a la hora de los solos, todo perfecto. Eso es lo que te hace subir el nivel. Te exiges mucho. Fue algo delicado y me dio una satisfacción enorme. Nueva York me exige estar al día”.

¿Cómo te integraste a la banda de Richard Bona? 

“Me recomendó el trompetista Dennis Hernández y los demás músicos también le hablaron bien de mí. Sólo hice un ensayo y nos fuimos de gira. Me escuchó y le gustó porque hice bien el trabajo. Hacía falta un trombonista que se supiera el concepto de Richard Bona. Lo que tocamos es una mezcla de muchos ritmos, latin jazz, bolero y Richard mete los solos. Se vuelve jazz. Los músicos son muy buenos. Tocar en su banda te da mucha experiencia. Pararte al lado de un músico que ha tocado con Pat Metheny, con Zawinul, no es fácil porque no nada más es tocar, hay que muy ser responsable y puntual. Él es muy exigente, le gusta mucho la calidad del sonido y las dinámicas. Uno tiene que estar alerta con todo. He hecho muchas giras con él en dos años y hasta el día de hoy está contento conmigo. Todos nos llevamos bien”.

¿Ahí vas a seguir? ¿Qué más te gustaría hacer? 

“Si, no sé hasta cuando. Todo tiene un ciclo. Ahora en Nueva York he agarrado más experiencia musical, en grabación y tengo más amigos. Allá me siento en casa. Ya aprendí muchas cosas y agarré más confianza. Si no tienes confianza en ti no pasas de ahí. Hay un límite que tú mismo te pones. Pero ahora ya quiero grabar mi música. Tengo pocas cosas como compositor, pero muchas ideas para jazz, salsa y algo mexicano para piano y trombón. Económicamente es difícil grabar un disco en Nueva York, es caro, pero es posible hacerlo. Tal vez puedo grabar dos temas y hacer un video. En el edificio donde vivo viven grandes músicos. Es muy estimulante. Me gustaría hacer cosas con trío de jazz. Piano, batería y contrabajo. Siempre me ha gustado escuchar a Bill Evans y a Keith Jarrett. Escuchar música me da mucho placer. De ahí aprendo mucho. Puedo escuchar un disco por años. Escucho un disco y le doy vueltas y lo escucho muchas veces y cada vez encuentro cosas nuevas que van saliendo ahí. Me gusta mucho la interacción que provoca la música a trío. En un futuro me gustaría venir a México y tocar mi proyecto personal. Venir con músicos de Nueva York y presentarme aquí o armar una banda con músicos de aquí. Pero para eso tiene que haber una producción. Todo lo que haga va a ser porque a mí me guste. Ya muchos años hice cosas que no me gustaban y yo creo que parte de la felicidad y los logros lo permiten si has tocado un poco. No hay que sufrir la música. Trato de gozar el momento, la música que sea y que haya buena vibra. Eso me importa mucho. En México hice muy buenos trabajos y puedo decir que hice todo lo que quise en cuestión popular y jazz”.

Después de estar tocando constantemente en los mejores festivales de jazz y de tener la agenda llena, ¿cómo ha cambiado tu desarrollo musical al tocar con Richard Bona?

“Siento que he crecido. Siento más confianza. Hay más experiencia que se nota en mi sonido. Me adapto más fácil a la música que antes. Con Richard montamos un tema en un ratito. A veces él nos canta la melodía y lo sacamos y lo tocamos. Grabamos su disco en Francia, en su casa. Todas esas experiencias se acumulan en uno y es lo que te hace crecer. Pararte al lado de Richard Bona, de Willie Colón ha sido un sueño. He visto temblar de miedo a trombonistas tocar al lado de Willie Colón porque impone mucho la presencia. Y la única manera como vences ese miedo es enfrentándote a pararte en el escenario. En algunos momentos sí sentí miedo y nervios; en muchas grabaciones también, pero afortunadamente todo ha salido bien porque me he enfocado en eso. Lo mismo en el piano. Y todo eso te hace crecer. Le pierdes miedo al micrófono, grabas a la primera, le pierdes miedo a qué van a decir si les gusta o no. Yo ya me quité esos demonios. No tengo ese problema. Lo que me toca ahora es gozar la música”.

¿Qué opinión tienes de lo que pasa en la música en México?

“No estoy muy al tanto de los nuevos proyectos. Sé que han salido más talentos, pero siempre me acuerdo que hay un Giovanni Figueroa, un Aarón Cruz, Ilán Bar-Lavi, ‘Panchito’ Lelo de Larrea. Para responder esa pregunta tendría que estar aquí más tiempo y tocar más. De repente uno ve videos en Facebook y hay cosas buenas, otras que no son tan buenas y también hay jazzistas que se ponen en las estrellas que para mí no lo son. Pero yo no quiero venir a México a criticar ni a verme como un pesado. Y sé que con algunos músicos todo sigue igual. Sé que hay algunos que sólo se enfocan en un estilo y que no salen de ahí. Escucho cosas y se oye el sello mexicano. Eso sí pasa estando en Nueva York, puedo ver un video de un grupo mexicano y decir: le falta lenguaje o tocan los mismos temas. Siguen tocando “Chicken”. Y pienso: “Mejor toca otra cosa o sigue tocándolo, pero cambia porque ya es demasiado tocarlo de la misma manera y con los mismos solos. Ya dale otra cosa al público. Hay algo como una fórmula que se maneja, nacional o local que…ok”.

“Me parece interesante lo que hace Sonex, por ejemplo, que mezclan una melodía con jazz sin perder su folclor y los arreglos están bien. Me gusta mucho. Eso me parece mejor que tocar “Chicken” de la misma manera. Veo que en México no se le valora tanto al folclor. Eso es algo que falta. Abrir más los ojos y ser más abierto a las fusiones. Y ahí no podría decir “suena mexicano” porque está siendo más que eso y eso lo aplaudo mucho”.

Rey David Alejandre es un músico sensible. Tocar jazz y salsa han sido sus realidades paralelas y en ellas ha madurado y ha desarrollado su capacidad musical. 

“No te puedes olvidar de la gente que te ha apoyado. Estoy agradecido con la vida. Soy muy feliz. Todo lo que uno va sembrando y produciendo deja muchos frutos. Y luego tocar en buenos escenarios, que te traten bien, que hagas lo que quieras, que te paguen bien, que tengas tu cuarto solo es muy importante. Ya no funcionas bien si no tienes tu espacio. Cuando voy a dar un concierto para mí es muy importante estar una o dos horas solo para poder calentar y dar lo mejor”.