Con más de treinta y cinco años dedicados con devoción al free jazz y a la improvisación libre o como él lo llama, a la música libre, el saxofonista Remi Álvarez pasa del sax tenor al sax soprano o al sax barítono según el proyecto y el momento. A los dieciséis años tocaba flauta y asistió a un taller que el legendario trompetista Don Cherry vino a dar a la Ciudad de México y no dudó en subirse a tocar cuando los músicos lo invitaron a pasar al escenario.

“Fue la revelación de lo que quería hacer gracias a ese acercamiento. Fue en el año 1977, en un taller que Don Cherry dio en el Teatro el Galeón. Yo estudiaba flauta. Más que un taller era un concierto. Saqué mi flauta y me invitaron a tocar. Me puse a tocar y a tocar. Siempre he sido un improvisador de forma natural. Empecé improvisando antes de saber nada. Fue al revés. Siempre he ido al revés. Entonces no me costó trabajo ponerme a tocar con ellos y coincidió tan bien con lo que estaban haciendo que fue la primera vez que tuve esa revelación, esa experiencia, que le podría llamar mística, donde la mente se separa y dejé de ser yo y deja de existir el ego y uno se va a un estado distinto. Fue muy fuerte. Don Cherry era una presencia formidable. Y en ese desdoblamiento que tuve con la música fue cuando supe que eso era lo mío”.

¿Dónde te ubicas, en lo más radical de la música libre?, ¿estás peleado con la melodía?

“Soy un músico que vengo del jazz. Puedo tocar muy abstracto y con un lenguaje con muchas técnicas extendidas y muchos recursos. Me jala el lenguaje de la nota. También la abstracción, pero dentro de la nota. Mi forma de pensar tiene relación armónica y con la melodía. Sí puedo tocar un concierto solo y tocar de muchas maneras, pero puedo pensar armónicamente también. Me lleva a distintos lugares. A veces puedo querer hacerlo y otras no y le doy relación armónica a la melodía y me muevo por diferentes lugares. Armónicamente lo tengo establecido o lo voy estableciendo en el momento. Otras veces dejo que los dedos se muevan sin una relación armónica. El ritmo, el swing, son cosas que me gustan mucho. Hay muchas maneras de tocar e improvisar, pero casi siempre mis proyectos tienen que ver con una cuestión polirítmica y politonal sin una estructura definida. La libertad del momento con una polirítmica, con una polimelodía que pueda tocar y todo vaya acoplándose porque auditivamente cabe, eso es lo que me gusta. Eso es lo que más me atrae de la música libre”.

Remi Álvarez toca:
Tenor y soprano: Paul Muriat. Cañas: D’Addario. “Tanto los instrumentos como las cañas son una delicia”. Boquillas: en el soprano Selmer C con cañas 4H D’Addario. En el tenor, boquilla D’Addario 8 o Meyer 10.

Siempre te ha interesado el tema de la espiritualidad en la música. En la historia del free jazz ha habido muchas muestras de este acercamiento, ¿cómo ha sido contigo?

“Cuando empezó el free jazz en Estados Unidos siempre tuvo una cercanía con la espiritualidad. John Coltrane fue un representante con su “Love Supreme”. Fue con el free jazz donde muchos músicos se sintieron atraídos por la libertad que tiene de expresar en el momento, entonces te lleva a unos estados mentales distintos a cuando tocas con una forma, un blues, un standard. En el free jazz te lleva a otros lugares. De los primeros que se manifestó así fue Coltrane. Ornette también lo manifiesta, pero de otra manera. Don Cherry también. De los primeros discos que escuché de él hay uno que se llama “Brown Rice”. Tiene una pieza donde toca los mantras Guru Rimpoche y Tara Verde, dos deidades del budismo tibetano. Me sé su melodía de memoria. No sé si él viajó directamente al Tibet, pero sí las cantó. Hace poco tiempo me clavé con el budismo tibetano y ahí me estacioné. Me di cuenta que esto era lo que intuía, pero que no conocía.

Hace cuatro años me fui a la India como un peregrinaje al lugar donde vive el Dalai Lama, al lugar sagrado del budismo. Me cambió la visión de todo, porque la visión budista es la visión más acertada que he conocido. Es muy certera. Incluso el budismo se puede considerar religión o no. Puedes verlo como filosofía o como religión porque tiene mucho ritual. No hay un dios y, al no haber una deidad, no está peleado con otros. No está peleado con el ateo, con el nihilista ni con el teísta. Cambia la visión de ver todo, también de la música, porque la música es sólo una manifestación más. Si no fuera músico sería igual, pero como soy músico sí estoy muy apegado a la expresión del sonido, de crear el sonido y manifestar. Eso que no es tan descriptible lo puedo representar a través de la música, pero no es la única manera”.

¿Alguna vez te interesó irte de México para vivir y tocar en otro país?

“De joven, en 1979, tuve la oportunidad de ir al Creating Music Studio donde estaba Don Cherry. Eran cinco semanas dirigidas por él. Era sobre música del mundo también. Estaba Trilok Gurtu de la India, Naná Vasconcelos de Brasil, Foday Muso Suso de África. Las otras cinco semanas fue de “Nuevos Conceptos en Composición”, dirigida por Roscoe Mitchell.

También estaban Anthony Braxton (multinstrumentista) y George Lewis (trombonista). Lo que sentí ahí fue la aceptación absoluta hacia mi. No había rechazo de nada. Me hacían sentir que era un artista, un improvisador. Tocaba flauta y luego me compré un saxofón porque me quedé ocho meses más. Un amigo baterista me dejó quedarme en su casa. Me quería quedar en Nueva York, pero estaba muy chico, musicalmente todavía no estaba hecho y ya mejor regresé. Además, para un muchachito fresa de 19 años era duro. En México en esa época era muy difícil hacer esta música. Ahorita ya cambió mucho. Desde que hice Cráneo de Jade, y desde que estuve con Téllez, ya cambió todo. Téllez me abrió las puertas aunque a él se las cerraron como músico de jazz e improvisador. Años después hice otro intento y fui a Barcelona, pero no me gustó y no le encontré sentido estar allá. Lo mío es la libertad y empezar de cero tocando en la calle y en eventos sociales no me interesó. Estuve yendo desde el 2006 a Nueva York al Vision Festival. Empecé a ir cada dos años. Me invitaron a tocar hasta que ya no me interesó. Además me volví budista hace casi cinco años. De repente mis ídolos dejaron de ser Charlie Parker y Coltrane y ahora son los tibetanos. Ya cambió porque ya me fui para otra dirección. Vas asumiendo que aquí vives. Vives en Nueva York pues tocas con músicos de Nueva York. Vives en Berlín pues tocas con músicos de Berlín. Vives en México pues tocas con músicos de México. Quemé las naves, pero en mi casa”.

¿Cuáles son los proyectos en los que participas?

  • Remi Álvarez Trío. Son composiciones mías. Está Arturo Báez en el contrabajo, Gustavo Nandayapa en la batería y yo en el sax tenor y soprano.
  • Cuarteto Remi Álvarez. Arturo Báez, Gustavo Nandayapa y Alfonso Muñoz en saxofón alto.
  • Geiser. Improvisación libre. Gibrán Andrade en la batería, Carlos Alegre en el violín, Tritón en la guitarra y medios electrónicos y yo en el sax soprano.
  • Mantengo proyectos de improvisación, como Antimateria, con Gabriel Lauber e Itzam Cano.
  • Fas Trío. Es un proyecto con el baterista Jorge Fernández y el contrabajista David Sánchez que sigue, pero no tocamos tanto. Hay un disco pendiente que vamos a sacar este año.
  • Zinco Big Band. Llevo más de tres años con ellos y ahí toco el sax barítono.
  • Hay un disco de Cráneo de Jade con invitados que se grabó hace más de diez años y que esperemos que salga este año.

Remi da clases de saxofón en la Escuela Nacional de Música en el propedéutico para los músicos que quieren hacer su examen a la licenciatura e imparte los sábados, ahí mismo, un taller de jazz e improvisación para el público en general.

“La mayoría de los jóvenes en este país quieren aprender todo y que les enseñen mucho y ya van eligiendo. Hay muchos jóvenes con mucho talento y con mucho deseo de experimentar. Sobre todo en la parte de la música libre, la experimentación y la libertad. Lo ves en el jazz y en todo el ámbito musical, pero veo que va creciendo la escena de la improvisación libre. Hay jóvenes que se interesan y van empujando mucho. Van creando lugares, tal vez muy underground y con cero economía, pero muy comprometidos. También la parte de la música electroacústica y la experimentación sonora con lo electroacústico ha crecido mucho. Eso augura muchas cosas buenas”.

Para Remi Álvarez la improvisación es la vida diaria porque por más que tengamos planeado el día, los pensamientos, las sensaciones y emociones están cambiando todo el tiempo sin control. Igual que los sueños.

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