Pizza Jazz Café es otro de los lugares donde hay conciertos de jazz en la colonia Portales. Pero aquí además hay pizzas y pan de dulce que el saxofonista Adrián Escamilla prepara para atender a los comensales y escuchas. Cocinero, gestor, músico, Adrián nos habla cómo surgió la idea de tener este lugar y cómo hace la programación que se ha convertido en un foro importante para que los jóvenes vayan a participar en las jam sessions.

“Llevo casi ocho años. Primero en mi casa, luego en un local muy chiquito en donde tocábamos afuera, en la banqueta. Siempre empecé con la idea de tener un foro. Mientras no molestes a nadie, no hay problema, pero era caro el local. Empecé en Municipio Libre 46 ya con la firme idea de hacer el foro y llevo seis años ahí. Yo hice mi propia receta de pizza después de varios intentos. La cocina es igual que el jazz, se trata de improvisar y estar creando. No quedarse estático.

Hay un criterio bastante amplio para hacer la programación. Tal vez lo único que no acepto son propuestas de rock porque hay muchísimos foros para eso. Lo que más me importa ofrecer un lugar donde tocar a los grupos que empiezan porque aunque no sean de la misma calidad de otros grupos, se merecen el espacio. A mí,  como a muchos, se nos han negado las puertas porque a lo mejor no tienes un nombre o una trayectoria. Es como cuando vas a pedir un trabajo y siempre te piden experiencia.

Me fijo mucho en la seriedad de los proyectos. Me llegan a veces gente con más trayectoria, pero el mismo día se pone a armar la banda y luego no saben qué van a tocar y eso como foro no es muy bueno. Hay grupos de chavitos que están empezando que sí te mandan un video bien hecho y que mandan una carpeta y se nota la seriedad y hay los que mandan un video mal hecho y ni la propuesta ni lo que están tocando es bueno.

Me he preocupado por mantener seriedad, equilibrio, coherencia. Aunque a los seis años que llevo todavía no tenemos un público asiduo. Sí llega gente que viene buscando la música y que son clientes, pero los grupos son los que traen a la gente y esa gente no regresa si no vuelve a tocar su grupo, aunque les guste el lugar y las pizzas. Siempre hay gente distinta, excepto los lunes que tenemos jam session. Cuando hay free jazz viene la gente del Jazzorca. Tengo que encontrar el punto medio para que el foro tenga credibilidad y tenga sustentabilidad. Hay muchos músicos que tocan muy bien, pero no va nadie a escucharlos porque no hacen esa labor de invitar gente. Hay que involucrar a la gente con invitaciones personales.

Los grupos que están empezando le dan sustentabilidad. Es una dualidad. Yo doy el espacio y ellos traen gente y de eso puedo mantener el foro. Y no está peleado que algún día sea un buen negocio. A veces como músicos o artistas parece que eso está peleado. Hay lugares que no lo hacen y lo hacen como de hobby y abren pocos días, pero para otros sí es una necesidad. Algunos tienen los recursos y otros como yo, no los tienen, pero sí quiero explotar el lugar y que sea beneficioso para todos”.

¿Cómo han ido cambiando las propuestas en estos tiempos según tu perspectiva?

“Veo súper nutrida la escena. La educación ha cambiado. Me tocó este cambio del casete al internet. Fue un cambio muy fuerte. Si antes querías conseguir un disco era que alguien te lo prestara y lo grabaras en un casete. O estar todo el día con la grabadora para cachar la canción. Era muy diferente. Ahora con tanto acceso a la información puedes hasta tomar una clase on line con cualquier músico en el mundo. La información que tenían los maestros era lo que habían aprendido. Nadie les dijo qué tenían qué hacer.

Ahora han llegado muchos músicos y el internet te permite saber qué está pasando en otros lados.

Antes el compañero de la escuela era la referencia para saber cómo estaba uno tocando. Pero no te dabas cuenta que fuera de México había gente de 15 años que ya tocaban increíble. Uno se encerraba en su núcleo sin ver lo que pasaba afuera, sin saber que se podían hacer las cosas diferentes”.

En el mundo del jazz, el mejor lugar para el desarrollo de los músicos es tocando con otros músicos, en un escenario y con público, ya no sólo en ensayos o escuelas sino en una jam session:

“Llevo cuatro años haciendo las jam sessions, pero antes casi no venía nadie. Tiene dos años que ya se han dado a conocer. Creo que tiene que ver con la infraestructura porque antes no tenía batería, no tenía amplificadores y ahora sí. Y no tengo que depender de a ver qué baterista puede prestar su batería y luego se tenga que esperar hasta que todo termine.

También ha habido mucha aportación de los mismos músicos. Eso es muy bonito. Tenemos bajo eléctrico, piano eléctrico, batería, amplificadores y así ya cambian las condiciones.

El Pizza Jazz se lo han apropiado las nuevas generaciones, los que están empezando.

Hay mucha constancia. Y estamos cerca de los que estudian en la Superior y cerca del metro. Si consideré la zona y todas esas características. Y los chavos que van a tocar a la jam no tienen qué consumir nada. Cumple con la función para esas sesiones.”

¿Y cómo saxofonista qué formación tienes?

“Estudié la Licenciatura en fagot clásico en la Escuela Superior de Música de 1996 al 2004. Y me empezó a llamar la atención el jazz por ahí del séptimo año de ocho que son de la licenciatura. Y quería suspender mis estudios para empezar a tocar fagot en el jazz. Un maestro me dijo que nadie me daría trabajo y tenía razón, así que empecé a tocar el saxofón del 2004 de manera autodidacta. Ya sabía solfeo, contrapunto, armonía. Tengo muchas composiciones que no he grabado. Grabé con Agustín Bernal en el contrabajo, Nicolás Santella en el piano, Juan Ale Saenz en la batería. Mi primer disco lo hice en el 2007. Estaba Israel Cupich en el contrabajo y el ingeniero fue Agustín Bernal, que siempre ha estado implícito, Nicolás Santella en el piano y Rodrigo Barbosa en la batería. Eran temas míos y un standard.

También tengo composiciones para música clásica. Tengo una pieza para fagot y piano. Cuando empecé a estudiar música clásica siempre busqué hacer proyectos. Mi primer proyecto fue un cuarteto de alientos: clarinete, flauta y oboe. Compuse algunas cosillas para ellos. El repertorio que tocamos no era nada común. Ahorita compongo cosas de jazz. Tengo un grupo nuevo que se llama High Side. Iba a ser un grupo efímero de una o dos tocadas, pero un amigo con el que iba a componer me dejó plantado y le llamé a otros conocidos con los que tengo empatía de amistad y en la música; ya tenemos dos años tocando. Son Andrés Gallegos en la batería y Víctor Rincón en el bajo y contrabajo. Es más experimental. No soy purista. No tengo la escuela ortodoxa del jazz. Pero mi línea siempre ha sido hacer mi música. Sin etiquetas, con mucha influencia del jazz, pero eso es lo que te va dando un sello distintivo”.

Para Adrián la idea es que el Pizza Jazz crezca, que tenga un buen piano y un buen equipo. Su sueño es tener un estudio de grabación en vivo, como esos discos que hay del Village Vanguard que son en vivo. Y tener un sello discográfico de conciertos en vivo.

“Disfruto mucho esos discos en lo que se oye un error porque le da más calidez que el disco frío de estudio en el que seguro hay algo editado por ahí. El sonido cambia. A veces la gente del público dice una cosa e involucra a quien está tocando y cambia lo que iba a tocar”.

Es muy importante para él la interacción con lo que está sucediendo alrededor. Tiene que ver con la gente que va y cómo responde. Adrián asegura que el lugar lo hace la gente que va y los músicos que quieren ir a tocar ahí.

“Si el lugar fuera más grande tendría para pagarles a los músicos. Y darles el lugar que se merecen. Es muy difícil hacerlo porque ahora no tengo esa solvencia. No hay que quejarse y mejor hacer y generar un pequeño cambio”.

No olviden esta dirección: Municipio Libre 46. Vayan a escuchar jazz y a cenar una deliciosa pizza delgadita y crujiente, como debe ser. Hay que hacer que el Pizza Jazz Café siga creciendo, hay que escuchar jazz en vivo. Hay que salir de la casa y olvidar los clicks. Hay que ir a conciertos, ver la calle, los árboles, la gente, ya que con todo y tráfico y caos siguen sucediendo infinidad de cosas valiosas que escuchar y ver en la Ciudad de México.

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