Entre fuerzas de atracción y repulsión, como dos fenómenos que provocan un resultado que evita los extremos, se sometió la banda chilena para redescubrirse a sí misma en su nuevo álbum Magnético, que sonará el 26 de octubre en El Plaza Condesa.

“Cuando la dinámica de trabajo está inserta en la autogeneración, te conviertes en una especie de artesano que procura hacer de todo con un equipo de personas”, admite Claudio Valenzuela. El cantante y guitarrista que fundó al entonces cuarteto en los albores de los noventa, asegura que no es más que la creación artística el motivo para seguir en la ruta. “Tienes primero que sorprenderte de las canciones que puedes generar para saber que es posible continuar”.

Magnético es su octavo álbum de estudio y segundo elaborado en el ambiente de la independencia. Se trata además de un trabajo con matices que van de lo rudo a lo sutil, estilos que los han distinguido. Valenzuela con sus compañeros Eduardo Caces (bajo) y Cote Foncea (batería), consolidaron este disco tras un proceso a distancia y con la intuición como elemento clave para unificar criterios. “Tuvo que ver con el juego de lo que te atrae y repele en primera instancia, reacciones que pueden cambiar conforme el tiempo avanza”.

A estas alturas, ¿cómo percibes los cambios para desarrollar nuevas canciones?

“Me parece que uno va entendiéndose con el tiempo, conforme te vas poniendo viejo entiendes mejor por qué haces las canciones. Pero creo en esa libertad y en esa intuición donde es más importante escuchar que hablar. Es vital escuchar lo que la canción te va diciendo para establecer puntos de partida. Y a veces pasa que eso que te dice en un principio no te encanta”.

¿La letra surge siempre después?

“Hago la melodía en una especie de idioma inventado y eso sirve mucho porque ahí salen palabras que son clave para desarrollar la letra. Uno sigue ese camino de intuición sobre lo que brinda el sonido. Me gusta jugar con la parte fonética y el componente semántico. Es un asunto que se debate entre lo físico y lo energético”.

Para nutrirte con nuevas ideas, ¿qué existe aparte de la vida misma?

“Tiene que ver más que nada con un asunto de observación. Siempre estoy leyendo y haciendo música. Siento que siempre hay mucho que aprender y ahora eso puede ser más sencillo por la accesibilidad misma. Cualquier cosa que pueda interesarte, la buscas sin problema. Es importante la forma como inviertes el tiempo de ocio, el tiempo para pensar, para mirar un punto con la intención de conducir a la mente hacia alguna parte. A veces ese ejercicio no es tan frecuente en el estilo de vida actual. Quizás lo más difícil es tener tiempo pero, en todo caso, puede encontrarse si realmente se quiere”.

¿A qué atribuyes el deseo de continuar como banda?

“Tiene que ver con música. De haber intentado hacer un disco y no hubiéramos podido hacerlo, de no haber emoción, entonces no habría nada más qué hacer. Pero se trató de un proceso claro porque lo que proponíamos nos fue gustando y eso creció. Sabemos lo que nos puede emocionar y al identificarlo es posible seguir adelante”.

Magnético es…

“Un disco que no es triste pero tampoco alegre, es más bien realista. De lo ideal pasamos a la realidad y ello hizo posible sentar las bases”.

¿Cada vez es menos sencillo evitar repetirse a sí mismos?

“Es parte del juego empezar a reconocerse primero y a través de eso ir evolucionando. Identificar lo que haces, lo que sale mejor y no tan bien, como punto de partida del reflejo que marca la realidad con relación a la edad. Ahora todos tenemos más de 40 y con mucho tiempo en la música, eso hay que aplicarlo. Fue un trabajo de preparación en una especie de taller””.

¿Dónde se ubica la grabación entre lo perfecto y lo espontáneo?

“Habitamos ambos mundos. En este disco hay elementos grabados desde el demo, esas tomas quedaron por contar con un sentido emocional irrepetible. Y lo mismo hay elementos que fueron retocados. El desarrollo en el tiempo nos permite tener una capacidad mayor de discernimiento. Eso fue lo mejor al trabajar en una dinámica de taller antes de lanzarnos de lleno a la grabación. Son las ventajas de un trabajo previo muy intenso para acercarte cada vez más. Cuando llegamos al momento de grabar teníamos súper claro lo que queríamos. Fue un trabajo bien cohesionado entre los tres. Sabíamos a dónde queríamos llegar”.

POLOS OPUESTOS

Las canciones de Magnético se desarrollaron en una dinámica de taller. “Nos mostramos ideas de cada uno a distancia desde nuestros estudios personales al tiempo de programar las secuencias de manera transversal. Más tarde las integramos en la sala de ensayo. Mediante ese desarrollo constante fue que se moldearon”. Si bien se encargaron de la producción, trabajaron en la mezcla con los ingenieros de sonido Alain Johannes, Felipe Silva y Chris Cuevas. “Eso le dio un color diferente a a los temas que estaban muy claros en cuanto a forma y fondo desde un inicio”, sintetiza el artista que actualmente vive en Idaho, Estados Unidos.

INSUSTITUIBLES

Claudio asegura sólo tener y usar tres guitarras. “Se trata de una Gibson LesPaul, SG y Firebird que ocupo todo el tiempo, no las tengo colgadas en la pared”.

PLAN B

“Me gusta cocinar pero no me pagan por eso. Si no fuera músico quizás la cocina sería mi segunda opción. Me relaja y además se trata de una actividad que tiene que ver con composición y el hecho de manejar cosas nuevas”.

EN EL AMBIENTE

“Tengo un hijo de tres años y le pongo música diversa. Desde Led Zeppelin y Pink Floyd hasta Moderat, Boards of Canada o Aphex Twin”, afirma quien considera como primeros héroes musicales a Joy Division, Bauhaus y The Smiths.

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