El cosmos es el resultado de la integración de millones de elementos, factores y circunstancias. No podemos entender nuestra vida sin comprender la relación de la causa y el efecto. Así, los principios de muchas doctrinas filosóficas y espirituales nos enseñan que ningún árbol aparece de un momento a otro en un jardín, sino que todo lo que vemos y percibimos es resultado de un proceso, de una combinación de factores y causas que, al integrarse y ocurrir, producen un efecto o resultado. Esta podría decirse que es la mecánica del universo y en este sentido, tomo la idea de Daniel Baremboim cuando explica que la música, es el resultado de la integración ordenada de distintos elementos. De la misma forma, Igor Stravinsky lo comentó alguna vez en una de sus pláticas ofrecidas en Harvard y reunidas en un maravilloso libro llamado “Poética Musical”, al decir: –Deduzco pues, que los elementos sonoros no constituyen la música sino al organizarse, y que esta organización presupone una acción consciente del hombre–.

Debemos comprender que la música es un conjunto de piezas que forman un rompecabezas. ¿Qué piezas son? ¿Cómo se organizan y qué función tienen? Sería complicado explicarlo todo en un artículo tan breve como éste, pero sí es posible entender de manera general, algunos conceptos que pueden ayudar a entender la función de los elementos musicales esenciales: la melodía, la armonía y el ritmo.

Comenzaré por acercarme a la melodía, que es por mucho, un elemento esencial de la música. La melodía es el tema musical, es la idea que conforma la identidad de un tema musical, es el personaje definido, donde se centra parte del argumento musical, lo que el público recuerda de un tema. No conozco a nadie que cuando le preguntas: –¿Recuerdas la canción “Yesterday” de los Beatles?– te responda –Sí claro: Fa mayor, Mi menor 7 con la quinta disminuida, La 7a dominante, Re menor…Normalmente esto, que es la armonía o la progresión armónica con la que se acompaña la melodía en cuestión, es lo que solamente recuerda un músico, aparte de la melodía. Si conoce la canción, recordará sin duda la melodía porque ésta es lo que hace identificable a una composición musical.

El gran compositor P.I.Tchaikovsky, consciente de su capacidad natural para componer melodías, escribió pasajes donde estos bellos temas son tocados por toda la orquesta de cuerdas: violines primeros y segundos al unísono en un rango agudo, violas una octava abajo y violonchelos aún una octava debajo de las violas: tres octavas, y a veces incluso cuatro octavas de rango para sonar una melodía. Este recurso incluso fue utilizado por otros grandes melodistas como Rachmaninoff, Glinka, Rimsky Korsakov y se convirtió en una técnica característica el post-romanticismo ruso y heredada por el cine de Hollywood.

Para que un arreglo suene bien, es importante considerar el aspecto melódico. Es común encontrar a músicos escribiendo un arreglo pensando exclusivamente en la verticalidad, esto es, buscando el interés de su arreglo en la armonía exclusivamente, olvidándose por completo del desarrollo lineal u horizontal en lo que cada instrumento de su arreglo toca. En este punto, Johann Sebastian Bach es nuestro maestro universal; Bach concebía sus composiciones en ambos sentidos; horizontalmente, con lo cual dotaba magistralmente a su música de maravillosas cualidades melódicas; y verticalmente, proporcionando un contenido armónico a su música que superó las expectativas y costumbres musicales de su época. En términos de arreglo, hay que dar importancia a la lineal horizontal; nos preocupamos demasiado en cómo suena verticalmente el acorde, aspecto que por supuesto, no debe descuidarse pues también es importante. Dice Bill Dobbins que si las líneas melódicas individuales suenan bien, el conjunto sonará bien.

La armonía es la parte que se estudia durante cuatro semestres en la escuelas y a veces incluso más. Forma parte del cuerpo más importante del conocimiento musical. Para mí, el átomo de la armonía está constituido por la relación sonora más básica entre dos sonidos distintos que es el intervalo. Aquí, en este nivel “celular” se definen los dos estados más esenciales de toda armonía: la disonancia y la consonancia, unidades que dan lugar a los fenómenos de tensión y resolución auditivas, fundamentos primordiales para el desarrollo de la armonía.

Con esta construcción básica de los intervalos consonantes y disonantes, se construyen los acordes y, a través de enlazar distintos acordes, se produce una progresión armónica, con la cual se sustenta o acompaña a una melodía. Existen por supuesto pasajes exclusivamente armónicos donde no escuchamos necesariamente una melodía, pasajes que conforman momentos de textura,  y que son utilizados por el compositor con distintos fines. Los acordes aislados sin la melodía, podrían confundirse con los de otra obra o canción, debido a que los acordes no tienen una identidad tan clara como la melodía y porque además muchas canciones pueden tener progresiones armónicas muy similares. Existen obras de Armando Manzanero por ejemplo, que contienen una armonía muy similar a ciertas obras de Bach, Agustín Lara y sin embargo la melodía es la que las constituye como obras distintas.

El ritmo es el elemento que dota de movimiento a la música a través del tiempo. El ritmo nos proporciona impulsos, acentos y los elementos que en muchos casos, nos relacionan con la danza. El estudio del ritmo es muy complejo tal y como sucede con la melodía y la armonía; sin embargo, podemos describir algunos elementos básicos que determinan su naturaleza. El pulso en primera instancia, es la forma en la que dividimos el tiempo en fracciones regulares. Esto nos permite sentir la evolución y el movimiento de la música en el tiempo. “Tic-tac-tac-tac” suena un metrónomo y esto es precisamente el pulso indicándonos que la música deberá interpretarse siguiendo dicho pulso. El tempo, que se mide en BPM (beats o pulsos por minuto) es la velocidad con la que ocurren dichos pulsos y que determina en gran parte la identidad de muchos estilos musicales. Por ejemplo, un bossa normalmente tiene un tempo que puede oscilar entre los 70 y 90 bpm, mientras una Samba supera los 120 bpm. Además del pulso y del tempo o velocidad, es importante en términos rítmicos, comprender la subdivisión simple del pulso, que es la forma en la que sentiremos las fracciones en las que se divida el pulso. Existen dos formas básicas: la subdivisión binaria, cuando el pulso se subdivide en dos notas y la subdivisión ternaria, cuando el pulso se divide en tres. Dentro de estas dos maneras de subdivisión se pueden clasificar casi todos los estilos musicales que comprenden la música de concierto y la música popular.

Las subdivisiones binaria o ternaria nos producen la sensación rítmica básica que tiene un pasaje o una obra musical completa. Hablando de ritmo, inserto aquí una pregunta que suelen comentar las parejas de los músicos: ¿Por qué si los músicos comprenden mental y orgánicamente el ritmo, en general no les gusta bailar?  Respuesta aún desconocida por muchos, pero creo que bailar depende mucho del entorno y del tipo de música que toca el músico. Es más común encontrar a un músico de salsa bailador, que un guitarrista metalero; son contextos distintos y característico, creo yo.

Así es este rompecabezas de la música que, a reserva de complejo, técnico y elaborado, se conforma como un fenómeno humano de comunicación masiva, universal y que además es posible abordarlo espontáneamente por cualquier persona, a pesar de no ser un formal estudioso, de todos estos aspectos mencionados.

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