No sé de dónde me salía, llámalo arrogancia si quieres, pero yo sentía una gran seguridad en lo que  hacía, confiaba plenamente en lo que, consideraba, estaba creando entonces al lado de Alfonso y Federico: el disco más chingón del rock en México”. José Manuel Aguilera habla de El fuego de la noche, un álbum que vio la luz hace 21 años; y los apellidos de los músicos a los que se refiere son André y Fong, respectivamente. Con dicho plato, el trío de marras debutó bajo el nombre de La Barranca, una entidad sonora que la fecha cuenta con múltiples encarnaciones y una hilera de álbumes cuya premisa original, como el propio Aguilera apunta, se asomaba ambiciosa: “la consigna era crear una música que no pudiera ser hecha por nadie más que por mexicanos”.

El fuego de la noche encontraría sucesor en Tempestad (1997), un trabajo que contó con la adición del violín de Cox Gaitán a la base rítmica conformada por Alfonso (batería) y Federico (bajo), además de la guía de José Manuel (guitarra y voz). “¿Por qué hicimos eso?”, se pregunta el último a dos décadas del suceso; “¿un disco después del otro, así de juntos?, ¿cómo lo logramos? Quién sabe”. Producto de una era ajetreada, plena de presentaciones en directo y estímulos salvajes, ambos álbumes cuentan con un aura que los hermana. “Poseen una energía ligeramente distinta”, asevera el guitarrista y compositor; “el primero es ecléctico, apunta para muchos lados; mientras el segundo conforma un universo mucho más definido”. Sin embargo, haciendo de lado sus diferencias y puntos de encuentro a nivel estético, la dupla de obras representa mucho más que una sólida cimentación para las edificaciones sonoras que La Barranca construiría desde entonces, sino que traza dos de los puntos más luminosos que pueden hallarse en el mapa del rock mexicano. Bajo esa perspectiva, la de Aguilera no era arrogancia; sino una suerte de premonición.

“No puedo negar que esos discos son muy queridos, y tampoco puedo dejar de agradecerlo”, cuenta el también productor; “sé que hay gente que los quiere oír en directo, ejecutados por los músicos que los grabaron. La cosa es que no me gustan los auto homenajes; prefiero seguir haciendo música nueva. Porque La Barranca está activa, viva”. ¿Cómo darle la vuelta a esa dupla de cancioneros?, se preguntó en algún momento la voz de La Barranca para llegar a una solución afortunada: “si los discos se merecen una celebración, entonces los músicos que los hicieron también. Por eso junté a la actual alineación del grupo (Adolfo Romero, Navi Nass,  Ernick Romero y Yann Zaragoza) con la que grabó el primer disco (Alfonso André, Federico Fong y Cecilia Toussaint) con el fin de hacer sonar esas canciones sin recurrir a secuencias y, al mismo tiempo, dotar esos temas de una nueva perspectiva”. Calando un cigarrillo, relajado en la estancia de su casa, Aguilera se muestra orgulloso de su plan: hacer versiones expandidas de las viejas composiciones para presentarlas en directo; “dígannos como gusten, La Barranca XL o La Barrancota, el caso es que vamos todos juntos y que estamos preparando un show exhaustivo, tocando lo más que se pueda de esos dos discos, dándole por más de dos horas a esa música, entrando de nuevo a lo que fuimos, pero sin dejar de ser quienes somos ahora”.

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