En Xalapa descubrí que el logosímbolo de la Universidad Veracruzana era una reinterpretación de la flor de lis que aparece en su escudo heráldico y que sirve de vínculo entre los tres elementos fundamentales de la septuagenaria institución: Arte, ciencia, luz. Luego, a lo largo de la semana en que conocí a fondo el funcionamiento del Centro de Estudios de Jazz (CEJ) y que disfruté hasta las últimas consecuencias del evento que lo corona, el Festival Internacional JazzUV, supe que esta gran aventura educativa encarnaba, por varias razones, la soberanía y alteza simbolizados por la legendaria flor.

El Festival Internacional JazzUV y el CEJ surgieron en 2008 por iniciativa del brillante pianista, arreglista y profesor cordobés Édgar Dorantes, y desde entonces han tenido un florecimiento discreto y constante, siempre echando raíces en el ámbito de la cultura local. Este año, gracias al apoyo de la UV, la Secretaría de Cultura, el Instituto Veracruzano de la Cultura, Ibermúsicas, Les offices jeunesse internationaux du Quebec (LOJIQ) y otros patrocinadores privados, el CEJ, coordinado por el pianista tamaulipeco Rafael Alcalá (Berklee College of Music, Boston) dio una elocuente muestra de por qué se ha convertido, tal vez, en el festival de jazz más importante de nuestro país.

Hablar de una sola fortaleza de JazzUV, sería imposible. En todo caso, podemos pensar en un tronco común sustentado por la institución madre. La Universidad Veracruzana cuenta con una cantidad inusitada de grupos artísticos adscritos formalmente a su actividad de difusión cultural. Además de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, del longevo grupo de jazz Orbis Tertius y de la Organización Teatral (ORTEUV), podemos mencionar al Ballet Folklórico, al Grupo de Recitalistas y la Orquesta de Salsa, para empezar. Otros dos ejes importantes de la actividad cultural son los Talleres libres de arte y el Centro de Iniciación Musical Infantil (CIMI), con los que la universidad lleva conocimiento de manera directa a la comunidad veracruzana.

En varias instancias, durante conversaciones del público, alumnos y especialistas, se comentó que el CEJ tiene, posiblemente, el mejor programa educativo de jazz a nivel nacional, lo cual no sería producto del azar. Las condiciones han sido adversas, empezando por el hecho de que, de acuerdo con el Consejo Nacional de la Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en 2016 Veracruz alcanzó su nivel más alto de pobreza desde que inició la década(1), o de que para ese mismo año, el gobernador Javier Duarte de Ochoa —entonces con licencia—, había acumulado un adeudo de 2,400 millones de pesos con la UV. La fortaleza, sin embargo, forma parte de la esencia de la institución desde sus raíces: en un acto congruente con los lineamientos de esta relevante casa de estudios, la doctora Sara Ladrón de Guevara, rectora, presentó dos denuncias para recuperar los recursos estatales correspondientes. A pesar de la inestabilidad económica y de que las condiciones para el florecimiento de un proyecto de este tipo en una ciudad de provincia no han sido las más alentadoras, el CEJ siguió germinando y atrayendo a jóvenes maestros mexicanos y extranjeros de altísimo nivel. Poco a poco, el equipo fomentó el florecimiento de las actividades educativas y de promoción cultural más importantes: los Cursos Preparatorios, los Seminarios y el Festival Internacional JazzUV que, ahora en modalidad bienal, incluyó un Foro Académico previo: “Aportaciones de las culturas africanas y caribeñas en la identidad de la música veracruzana y el jazz”.

El festival se sustenta en un marco académico que da forma a todos los niveles, siendo el más notable el de la curaduría. Además de la presencia del baterista mexicano Rodrigo Villanueva-Conroy dirigiendo a The New NIU Jazz Ensemble, el contingente nacional estuvo conformado por el trío de Alex Mercado, el cuarteto de Adal Pérez, el joven grupo Zenda, el trío de Édgar Dorantes y el quinteto de Roberto Picasso, entre otros. La exquisita curaduría internacional del festival incluyó a dos músicos legendarios: el saxofonista Donald Harrison de Nueva Orleans y el vibrafonista Víctor Mendoza, originario de Chihuahua. En 1999, Harrison, conocido como el Rey del Nouveau Swing, se convirtió en el Gran Jefe de la Nación de Congo Square perteneciente al movimiento cultural Afro-Nueva Orleans. El maestro Mendoza, por su parte, es uno de los pioneros del jazz latino en Estados Unidos y, además de su agitada carrera como intérprete, forma actualmente parte de la facultad de Berklee College, Campus Valencia, en España.

Entre los músicos de las nuevas generaciones que enriquecieron el festival con sus clases magistrales, encontramos al meticuloso trombonista Mike Dease, al baterista Henry Cole, al pianista y compositor Zaccai Curtis, al baterista Luther Allison y al deslumbrante arpista de Torreón, César Secundino.

Gracias al apoyo de Ibermúsicas, la cantante colombiana Marta Gómez, ganadora del Grammy Latino en 2014, se presentó en el festival con su quinteto, representando la multiculturalidad de América y el canto y la poesía que han caracterizado a las músicas con contenido social durante décadas. Otro de los logros de JazzUV es el acuerdo con el Instituto de la Juventud de Quebec (LOJIQ), gracias al cual se lanza en esa provincia canadiense una convocatoria para que un grupo de jóvenes jazzistas participe en el festival. El perfil que solicita LOJIQ complementa la visión de JazzUV: músicos profesionales que hayan terminado sus estudios, interesados en la producción artística de América y en los intercambios internacionales. A cambio reciben recursos económicos para la movilidad internacional. JazzUV ofrece alojamiento, alimentación y transporte local. Este año, gracias a LOJIQ, el grupo quebequense Gentiane MG Trio, de la pianista Gentiane Michaud-Gagnon, visitó Xalapa. Gentiane, acompañada del contrabajista Levi Dover y del baterista Louis-Vincent Hamel, ofreció Cursos Preparatorios y un concierto en el Teatro del Estado. Ante la afortunada alianza con LOJIQ, es imposible pasar por alto la coincidencia de los símbolos de la UV y la provincia de Quebec: la flor de lis.

La curaduría del festival tiene como base un propósito académico. Rafael Alcalá, explica: “Es nuestro deber como académicos justificar y rendir cuentas. Tenemos un deber con la sociedad, pero principalmente con la academia y con los estudiantes, que son el eje central de cualquier institución educativa. (…) No es un festival donde digamos ‘Vamos a traer a unos amigos, vamos a traer a tal músico porque es de los más conocidos o a tal otro porque está de moda, ni traigamos a aquellos porque son los que están de gira aquí en México o porque cobran más barato. (…) Como autoridad podríamos tomar decisiones así, pero no estarían respaldadas por la academia. Absolutamente todo está conectado en este sentido, lo cual no sucede en otros festivales de jazz en México”.

Pero no sólo la curaduría del festival tiene un propósito educativo, también el orden de programación obedece a una narrativa y a un afortunado esfuerzo por fomentar la interdisciplinaridad: “Ayer, por ejemplo, tuvimos una puesta en escena con la Organización Teatral de la UV, cosa que nunca se había hecho. No es por ser raros, no es por ser extravagantes, o ser exóticos o intelectuales. Simplemente porque el eje central que estamos trabajando es el estudiante y porque el egresado del CEJ debe de hacer más que solamente tocar música”, afirmó el maestro Alcalá.

Tal vez no sea su objetivo destacar de esta manera, pero el festival y las actividades del CEJ proveen un sólido impulso académico e intelectual que, en medio de una sociedad que se está marchitando debido a la ignorancia y la incultura, se agradece profundamente. En el CEJ, y entre los grupos artísticos en general, la polimatía no está mal vista ni es sinónimo de confusión. Aquí, como es tan natural en Canadá, Estados Unidos y varios países de Europa, hay músicos orgullosos de dedicarse a actividades diversas y de desempeñarse en ellas a un nivel importante, empezando por Rafael Alcalá o el profesor Tim Mayer, quien además de ser un connotado saxofonista, tiene entre sus antecedentes los estudios en Ciencias políticas rusas e idioma ruso que realizó en Occidental College de Los Ángeles, California. Otro ejemplo es el profesor y fedatario del CEJ, Diego Salas, quien también es guitarrista de jazz, poeta, redactor, y ha sido profesor de la Facultad de Lengua y Literatura hispánicas, así como locutor de Radiotelevisión de Veracruz.

Rafael Alcalá describe el proceso que originó uno de los eventos interdisciplinarios más impactantes del festival: la puesta en escena del libro The American Slave Coast de Ned y Constance Sublette, musicalizada por Donald Harrison y dirigida por el director de la ORTEUV, el destacado dramaturgo, actor e investigador sonorense, Luis Mario Moncada.

“Comenzamos a hacer algunas actividades interdisciplinarias. Fui con los directores de las distintas facultades y pensamos en la mejor forma de prepararlo. ‘Si nunca se ha hecho o formalizado esta manera de trabajar, y es la primera vez que se va a presentar en un festival internacional de jazz con músicos de otros países, entonces vamos a hacerlo con las mejores cartas que tenemos’, dije. Por eso decidimos que, si ya íbamos a hacer teatro, lo haríamos con la ORTEUV. También vamos a aprovechar al headliner de nuestro festival, Donald Harrison, y vamos a utilizar una obra que vaya de acuerdo con la temática de la negritud en Veracruz y en el jazz. Entonces pensamos en el libro de Ned y Constance Sublette”.

The American Slave Coast es una peculiar crónica sobre la época esclavista en Estados Unidos. El profundo conocimiento musical y la diversidad de los ámbitos de estudio de sus autores, fue lo que propició la experiencia. Constance Sublette es investigadora y novelista, y Ned Sublette es compositor, productor, musicólogo y escritor, y realizó estudios formales de guitarra clásica con Emilio Pujol.

En su libro, los Sublette presentan un concepto poco investigado: el valor monetario y la industrialización de los esclavos. Los actores de la ORTEUV leyeron los desgarradores datos del texto, mientras el quinteto de Donald Harrison tejía la trama sonora que legitimaba el dolor.

El interés en la cultura y la interdisciplinaridad, —también parte del alcance simbólico de la flor de lis en JazzUV y en las distintas instancias orgánicas de la UV—, pone al festival a la cabeza en México, y le permite mantener la congruencia. De acuerdo con el maestro Alcalá, cualquier otro festival habría programado a Marta Gómez obedeciendo a su atractivo en taquilla porque ganó el Grammy. “Programémosla el sábado porque así vamos a ganar más taquilla’, pudimos decir”, explica. “Pero no: mejor hagámoslo el miércoles porque ése es su lugar en la narrativa que estamos contando. ¿Por qué Víctor Mendoza el martes y no el viernes? Porque él fue de los primeros músicos mexicanos que logró posicionarse en la escena neoyorquina o estadounidense del jazz latino, y hay que comenzar por ahí para conocer la historia”.

Una vez atendida la parte académica, las actividades abiertas al público se realizan acompañadas de creativas campañas que atraen a una nutrida concurrencia. Además de ir a los conciertos, la gente asiste con curiosidad y alegría a las clases magistrales aunque no necesariamente sean músicos, y esto fomenta aún más la creación de públicos.

La licenciada Montserrat Sánchez Herrera, encargada de Difusión e Imagen Institucional, señala la importancia de los voluntarios: “Se convocó a los 72,000 estudiantes de los cinco campus universitarios. Tenemos voluntarios de Querétaro, Puerto Vallarta y otros lugares. Hay chicos que regresan porque ya tuvieron la experiencia y la disfrutaron mucho. Este año contamos con 60 voluntarios que están a cargo de varias actividades, entre ellas, estar al pendiente de los artistas”.

En Xalapa vi una flor de lis que representaba el arte, la ciencia y la luz, y celebré su discreción. Pero después de vivir la experiencia JazzUV, y de conocer a los alumnos, profesores y personal administrativo que han impulsado el crecimiento del CEJ y del festival, desearía que la flor se extendiera sobre la tierra y los lagos, que invadiera el país entero, y que su bálsamo sonoro nos envolviera a todos.

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