La invitación fue irresitible: volar al paradisíaco Caribe mexicano para presenciar el magnífico cierre del cancunense Festival Jazz U Oasis donde los talentosos tapatíos Troker abrieron noche para una de las artistas más incomensurables y talentosas de la escena musical actual.

Toda expectativa superada por la hospitalidad faraónica (¡apabullante cena de bienvenida de 25 tiempos de refinada gastronomía molecular!) de un hotel que, nacido piramidal, se ha expandido hasta convertirse en un emporio inabarcable de entretenimiento pleonásmico en locación playera tan naturalmente hermosa: un complejo de 24 restaurantes, 26 bares y 12 centros de espectáculos (entre ellos casino, cabaret sexy y cotidianos espectáculo vespertino neocircense en pleno vestíbulo) cuya vastedad no desbordó sin embargo la exuberancia musical que Esperanza Spalding dejó fluir sobre los numerosos asistentes a la recién expandida Arena Oasis al frente de su actual trío conque el libérrimo aunque sobrio guitarrista Matthew Stevens y el alucinantemente creativo baterista Justin Tyson no dejaron espacio para añorar la exuberancia de su previa Radio Music Society Big Band.

Firme y orgánicamente natural en el sereno ojo de este huracán de estímulos sensoriales, la joven prodigio de Portland emanó música tan retadora y refrescantemente impredecible como sólo puede serlo el mejor jazz; y sin embargo tan amigable al oído que las sonrisas cundieron suavizando gestos de asombro. Acaso el mayor prodigio, el más encantador fue la suprema naturalidad conque esta maravillosa artista nos obsequió su alma musical con el mismo candor y simpatía que salpimentó esa mañana con su tintineante risa fresca la grata y paradójicamente reveladora conversación conque enamoró a los afortunados representantes de medios asistentes:

¿Cómo puedes bajear complejo y cantar simultáneamente tan libre e inspirada?

“Pienso que cualquiera puede hacer cualquier cosa. Sólo depende de en qué elijas enfocarte. En mi caso, bajo y voz suceden al mismo tiempo, así que en ello invierto mi energía. Es como el piano, sólo que menos común. Tienes que tener independencia en la mano izquierda y en la mano derecha; ambas hacen cosas distintas, pero trabajan juntas, así que es una relación similar. Cualquiera podría hacerlo si practicase tanto como yo”.

Tocaste un concierto reciente en memoria de la artista activista Abbey Lincoln;  ¿piensas que la música tenga que ver con la política?

“El espíritu creativo es cuestionador. Si le permites aplicarse más allá del ámbito de tu trabajo, eventualmente empiezas a cuestionar tu cultura, ideología, religión o familia; estructuras económicas, etcétera. Cualquier persona que ha elegido operar con su facultad creativa en apertura y ruptura -la tarea de un artista- tiene que preguntarse siempre, “¿Y qué, si otra cosa pudiese ser?”. Te acostumbras a lo que sabes, a lo que puedes hacer, tocando, escribiendo o investigando. Creatividad es preguntarse, “¿Y qué si algo pudiese ser, que no esté aquí ya?”. Es natural que si aplicas esa inquisitividad vas a empezar a hacer preguntas sobre la infraestructura conocida: Abby Lincoln, Nina Simone, mucha gente que no me viene ahora a la mente ha aplicado ese espíritu al mundo circundante. Ni ellas ni yo profesamos tener tampoco la respuesta, pero es una invitación a inquirir, e imaginar alternativas”.

Hay muchas preguntas qué hacerse hoy…

“Sí, durante toda la historia de la humanidad. Cualquier infraestuctura humana es una expresión de nuestra oscuridad y nuestra esperanza, y nuestro potencial; así ha sido siempre, pero acaso ahora una mayor cantidad de gente se sienta empoderada para preguntar y desafiar la ideología a que ha estado acostumbrada y de que ha sido parte. Todos somos parte de nuestra infraestructura política; depende sólo cuan conscientes estemos de nuestra contribución y dependencia”.

Te iniciaste musicalmente muy joven, has sido educadora; ¿cuál es tu experiencia emocional de la música?

“¡Huy! ¡No lo sé! No sé si sepamos cómo son nuestras vidas porque no hay cómo compararlas con otras; sólo imaginarlas, pero yo no lo sé, ¿lo sabes tú? Es sólo lo que vives, hablar con otra gente, amigos, no músicos, familia; siento que tenemos las mismas preocupaciones básicas, miedos y esperanzas. Ando en pos de confirmación de que esté haciendo algo relevante. Acaso sea el común denominador de la experiencia humana: quieres saber que eres parte de algo, y no desperdiciando tu vida. Hacer algo en el mundo, así sea dentro de un pequeño círculo. Cada día, siendo músico, es diferente: comunes denominadores son práctica, estudio pero ahora, conforme las típicas estructuras administrativas están colapsando, más y más artistas están dedicando mucho de su tiempo tan sólo a mantener organizada su profesión; es más que chamba de tiempo completo, tal como la que tú o todos ustedes tienen, y tal vez la única diferencia es que no hay una proyección de carrera garantizada, por ejemplo para los músicos; no hay nunca un jefe, el jefe son los caprichos de la audiencia, así que aún si estás haciendo tu mejor trabajo y entregando todo a tiempo, haciendo toda tu tarea, cruzando todas tus ‘tes’ y editando, se lo puedes llevar a tu ‘jefe’ y ellos decirte, “No gracias, no voy a pagarte” …así que hay cierto nivel de… no saber nunca realmente si en lo que estás invirtiendo va a caerle bien a tu jefe… y es porque tu verdadero jefe es la musa, las musas, pero ellas no te pagan … Así que sí, fuera de esa diferencia, creo que es algo con lo que todos los pequeños empresarios y contratistas independientes tienen que luchar. Estando dentro de la industria musical, o la música en general, sólo ves esta ventana pequeñita, tal y como se relaciona contigo. Nadie sabe qué diablos pasa en la industria musical. Nadie. Fingimos que lo hacemos, pero no voy a mentir hoy. Práctica, correos electrónicos, tratar de mantener amistades y relaciones cuando estás en todas partes todo el tiempo; esto diré: para un artista nunca hay ‘apagado’. Nunca dejas de pensar en tu quehacer, porque aún si estás viendo un espectáculo televisado, estás pensando en la música, o la edición, o el guión, o su ilustración; está siempre conectada tu mente de trabajo. Realmente no hay respuesta para esta pregunta”.

Como instrumentista de jazz, ¿has percibido menor presencia femenina?

“Creo que es cuestión cultural, el género, porque la mayoría probablemente no la pasaría con el sexo opuesto todo el tiempo si no estuviesen interesados en salir con ellos; es raro que te pongas en medio de una cultura realmente diferente de la tuya -así sea sólo la de género- y puedas relajarte y hacer lo tuyo; tendemos a buscar gente con afinidad mental o cultural para trabajar, tocar y estar con ellos. Pienso que una barrera para la integración de géneros en el jazz es cultural. Es muy incómodo ser la única mujer en un ambiente creativo porque la práctica de la creatividad es tener tus facultades abiertas para alcanzar un estado de empatía; estás tratando de enlazarte síquicamente con todos en el escenario y cuando hay una barrera cultural de género puede ser verdaderamente arduo permancer así de abierta, como colegas, si hay tensión sexual, o lenguajes diferentes, todo ese tipo de cosas. Pero he notado que mientras hay más y más mujeres que tienen tal amor por la práctica que dicen, “Al carajo; como sea; no me importa. Quiero aprender esto, quiero tocar esto, estoy aquí, estoy AQUÍ”, está empezando a haber más cultura mutua entre los géneros, entre los sexos, pues ultimadamente la música es superior a la identidad de género de cualquiera. Claro. Ha tomado tiempo para todos nosotros hallar cuál es la verdadera integración de género; no sólo “soy una mujer tocando bajo reglas masculinas”, o “soy un hombre siendo cortés con una mujer”. Es un reto a nivel planetario y en música lo que puedo decir es que entre más presentes estén las mujeres, más se va integrando la cultura”.

Compartes con Jimi Hendrix y Bob Marley el privilegio de tener diversos linajes, culturas y tradiciones ancestrales; ¿percibes eso como parte quien eres?

“No siento tener linaje ni anclaje alguno con alguna historia cultural discernible. Personalmente, mi práctica musical está conformando una identidad; está formando mi cultura, porque no crecí con ninguna comunidad cultural específica. Me he movido mucho, no estoy en contacto con ninguna de mis herencias del lado paterno ni materno. Y no me identifico para nada con la cultura americana, no se siente como mi cultura dominante popular y comerciable. Estar en la música es el único lugar que siento como mi casa, porque estoy ahí con otra gente que tampoco está adosada a ninguna identidad. Vamos diseñando nuestra identidad cultural mientras avanzamos. Algunos sicoanalistas dicen que la única diferencia entre neuróticos y artistas es que estos últimos quieren que conozcas sus neurosis, y a los primeros no les importa si lo haces o no. Yo también, como muchos artistas, lo que quiero es confirmación de que lo que has descubierto sobre tu identidad funciona en el mundo: das un espectáculo, cantas una canción, para obtener confirmación de otra gente de que tu idea conecta. No sé si eso es una ventaja o no; así es. Es… ¡lo que es!”.

¿Cómo fue tu experiencia en Cuba?

“(Silba largamente) Sé, como visitante, que nosotros sólo vimos una capa, como turistas estadounidenses, sólo experimentamos la capa superior del visitar, pero jamás ví tanta música en vivo por todas partes en la ciudad; La Habana fue tan fenomenal; todos los músicos norteamericanos con los que fui, al llegar a Newark, Nueva Jersey caímos en shock neurológico porque durante una semana había resultado muy fácil estar entre la gente. Por una semana completa, no podías decir qué hacía nadie, no podías saber quién era director de la televisión nacional, o si era chef, cocinero o camionero; energéticamente había facilidad para estar con la gente, y volver a los Estados Unidos fue un choque energético: había olvidado cuan tensa era la energía, especialmente en Nueva York. Es anticientífico, pero mi experiencia al respecto es que primero tienes que conocer la posición de una persona antes de comprender tu situación en comparación con ellas. ¡Fue un shock! ¡Se nos bajaron las defensas por 5 días! Fue realmente relajante. Tan sólo la facilidad de mover el amor de humano a humano; no tiene que ser cosa de abrazarse y besarse y celebrar, pero bajan las defensas, no tienes que estar resguardando tu corazón cada vez que hablas con alguien. Y fue asombroso. Eso es lo que puedo decir”. 

Wayne Shorter es muy admirado entre nosotros; ¿están trabajando un proyecto?

“Sí, está componiendo su primera ópera y me invitó a escribir el libreto. La premiere será en otoño 2019 y en junio nos vamos a retirar a componer; nos veremos en Lisboa, él va a estar de gita y yo también estaré en Europa, así que nos vamos a juntar dos semanas exclusivamente a escribir y trabajar en la opera”.

¿Sobre qué versa?

Sobre la leyenda de Ifigenia, la princesa griega, y también Helena, quien es el catalizador de la historia moral. Wayne tiene curiosidad de explorar el mito de Helena o su ideología como catalizador del sacrificio de una joven”.

¿Y cuan retador va a ser cantar esta ópera?

“No voy a cantar; es ópera, con cantantes de ópera. Sólo estoy coescribiendo el libreto, cosa diferente. Estamos trabajando con la Ópera de Filadelfia y nos están ayudando a conseguir los cantantes operáticos. Son siete personas, principalmente cantantes operáticos. Un cuarteto y un ensamble de cámara: 16 piezas”.

Encarnaste un alter ego en tu más reciente álbum: ¿cuáles son las diferencias entre Esperanza y Emily?

“Emily sólo vino a hacer espacio, explorar, imaginar cosas que nunca pude. Soy gran proponente de los juegos de roles como práctica  de habilidades; pueden usarse para terapia, entrenamiento de liderazgo, muchas cosas. Para mí la práctica del juego de rol, fue usar mi cuerpo en diferentes modos interpretativos: en el escenario, ante la cámara, incluso en el estudio, componiendo, cantando, tocando, porque me sentía nerviosa de hacerla como yo misma. Esa fue la función que desempeñó Emily: como la fuerza que abre un volcán; la montaña ahí está, pero algo le quita la tapa para que lo que hay debajo pueda salir también, y una vez que brota la lava, es nueva tierra. Aunque Emily ya se fue, yo, Esperanza, puedo vivir en esta tierra nueva que ella abrió desde dentro. En realidad no hay diferencia, sólo encarné un personaje para sentirme más libre de explorar poesía, estentoreidad (potencia de la voz), y movimiento físico. Y creo que, como Esperanza, que hace dos o tres años, cuando inicié ese proyecto, era demasiado tímida e insegura para decir, “¡Soy poeta!”. Pero Emily podía actuar como tal, y ya puedo escribir poesía. Ahora sé que puedo hacer esas cosas, afirmarme poeta con mayor seguridad”.

Has logrado tanto ya a tu edad; si pudieses cumplir tres deseos, ¿cuáles serían?

“Guantánamo y similares prisiones negras serían erradicadas, los hombres ahí recluídos ilegalmente liberados y los que debiesen ser juzgados lo serían equitativamente por una corte internacional, no sólo estadounidense; se mejorarían nuestros estilos de vida modernos para dotarlos de sustentabilidad en todo, empaque, fabricación; ese sería mi segundo deseo, que probablemente resolvería muchísimos tópicos. Y desearía que hubiese en el mundo aunque fuese UN solo ejemplo pujante de auténtica igualdad. Algunos lo llaman socialismo, otros, le denominan distinto. No me refiero a modelos a qué referirse; algún modelo que incorpore, en escala superior a 500 personas un círculo de bienestar que abarque a todos los miembros de la comunidad. No podemos referirnos a ningún modelo activo, es difícil imaginar que pudiese ser posible. Crecemos en una cultura clasista y pueden verse las consecuencias de clasismo y desigualdad en despojo y marginación. Tiene que haber una mejor manera. Cuando la pides, dicen que nunca van a funcionar. Mi tercer deseo sería un ejemplo, al menos, del gérmen que desde una célula pueda contaminarlo todo. Pues el resto es tan sólo trabajo: música, giras, logros, eso es trabajo. Podría yo estar vendiendo seguros. Es tan sólo trabajo. Lo que realmente importa es cómo tratamos a la gente y lo que cultivamos para nuestros niños y sus niños y sus niños, y sus niños. Por mucho que me gusten, la música y las giras son totalmente insustentables, y apoyan un sistema clasista que acumula riqueza, no la distribuye equitativamente y mantiene a la gente distraída del sufrimiento de los invisibles, injustamente encarcelados. Así que, tal vez por esas razones, siento que particularmente mi profesión, que produce placer conducente a la distracción, debiese ser más consciente de cómo la vida fuera del trabajo pueda contribuír a la cultura en general, a nuestra cultura global en general. Así sea tan sólo en mi barrio. Tres deseos”.

¿Y a quién vamos a escuchar esta noche?

“No a Emily. El contrabajo que me trajeron es inadecuado, así que va a ser un set exclusivamente de bajo eléctrico. Pero habrá nuevas composiciones, y música de todos los discos”.

¿Y por qué no a Emily?

“Porque se fue. Vino un tiempo, cumplió su función y se esfumó”.

Recuadro

Esperanza Spalding, backline

(01) Contrabajo de 3⁄4 con puente ajustable.

(01) Pickup David Gage Realist o Fishman Full Circle.

(01) Cuerdas steel wound.

(02) Juego de cables de 1⁄4” jack to jack.

(01) Micrófono DPA d:vote 4099-B con clip.

Amplificación

(01) Ampeg 4×10 con cabezal SVT4-PRO (eléctrico).

(01) Acoustic Image Contra S4 650 BA o Gallien Krueger MB 115 combo (acústico).

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