“No suelo escuchar música en casa, no me gusta. Prefiero hacerlo en vivo. Soy medio ermitaña, medio solitaria, vivo en silencio porque éste es un compañero increíble, pero cuando acudo a escuchar música en vivo experimento algo fascinante: apreciar al músico que está en el escenario, a quien le exijo que toque mi corazón”. Es Ely Guerra quien habla, la cantautora nacida en Monterrey que desde hace veinte años se anuncia lista pa´morirse de amor. 

¿Escuela de música o escuela de la vida?

“Pues yo creo que escuela de la vida, donde la música resulta ser la maestra, una verdadera directriz, un ejemplo de cómo vivir en la escuela de la vida”.

¿Recuerdas cuál fue la primera canción que escribiste?

“Claro que lo recuerdo. Yo tenía entre ocho y nueve años de edad y escribí una canción formal, completa, para mi mamá. Se llamaba “Perdóname”. Hablaba, obviamente, de algo malo que yo había hecho y de que me aventaba el tiro para que ella me perdonara. Lo recuerdo muy bien porque desde muy chica he tenido un sentido de la justicia muy personal, una manera de pensar muy a mi modo, y por eso me era complicado hablar con mis papás de frente; no lograba transmitir bien los mensajes, pero mis canciones me permitían hacerlo, éstas me envalentonaban. Desde niña me gustó mucho leer, me atraía el idioma, me gustaba la poesía romántica, por ejemplo, ahí encontré dónde reposar ciertas emociones. A la fecha, la lírica me motiva más a la hora de escribir música”.

¿Existe alguna composición que te gustaría robar?

“Sí. Me hubiera encantado escribir “Danzón no. 2”, del maestro Arturo Márquez. Una pieza hermosa que me dice muchas cosas. Define de alguna manera mi espacio contemporáneo, habla de mí, explica quién soy”.

¿Alguna vez has extraviado un instrumento?

“Alguna vez sentí que me habían robado la voz. Una vez no alcanzaba una nota, no daba el Mi mayor que tenía que ofrecer con claridad y precisión; ahí sentí que me robaban mi instrumento, mi voz. Pero en muchos otros momentos he sentido que me roban la voz, como cuando la gente no quiere escucharme, cuando estoy ofreciéndome en determinado sitio y la gente decide no escucharme, entonces siento que me roban mi voz”.

¿Existe algún instrumento que te gustaría aprender a tocar?

“Sí, el corno francés. Lo amo. Es un instrumento que me revela, que me dice muchas cosas. Hay una canción de mi disco Lotofire, “Abusar”, donde procuré plasmar todo lo que me emociona de este instrumento y metí unos cornos franceses acompañados de violines. También me gustaría aprender a tocar el piano”.

¿Miras con recelo a algún tipo de músico en especial?

“No, la verdad no. Al contrario, admiro a los músicos, me sorprenden. He tenido la oportunidad de cantar con orquesta, me ha dirigido Alondra de la Parra y otros maestros, y es muy interesante ver la actitud de los músicos de orquestas, cómo el monstruo se mueve, se transforma. Es algo divino. ¿Cómo tenerles recelo a los músicos?, pura admiración respeto y cariño para quienes han tocado mi vida”.

¿Cuál es la parte más complicada de tu labor como músico?

“Aterrizar en el espacio creativo. Cada uno enfrenta sus procesos creativos de determinada manera y en mi caso siempre hay confrontación, suele haber una mecánica de resistencia, de “ay, voy a combatir temores, a superar cosas, a crecer”. Y crecer duele. Ese proceso es complejo porque no tengo una educación formal en la música; ésta ha sido un gran diablo que me roba comodidad. A veces me siento incapaz, pero al final me doy cuenta de que el músico está marcado por un don, así que crear música es una práctica de gratitud, una lección de humildad. Al entrar a ese canal sólo me resta ser disciplinada, educarme, y esa parte me cuesta trabajo”.

¿Cuál es tu instrumento favorito?

“Podría mejor decirte que sé perfectamente cuál instrumento no me gusta y cuál sonido no quiero. No existe en ninguno de mis discos: el saxofón”.

Para terminar, ensambla la agrupación de tus sueños.

“Voy a dejar en blanco esta respuesta. No quisiera mentir porque esta sección que realizas en la revista habla de la verdad del músico. No tengo un ensamble favorito”.

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