Ha sido una larga, diversa, nutrida y fértil carrera la que ha traído a la cantautora y guitarrista NewYorkcuatorina Cecila Villar Eljuri hasta su tercer y más logrado álbum hasta ahora, y la sincronía entre su posicionamiento y discurso y el entorno en el que ha surgido sólo confirma su plena maduración artística.

Desde el inicial tema titular, que es todo un programa de acción y manifiesto de propósito, La Lucha se plantea como un álbum urgente y urgido, que se apodera del oído del escucha y le hace saber que se ha acabado el tiempo para la pasividad.

No es casual que esta nueva entrega de canciones sea también la primera autoproducción de su autora; la confluencia entre la necesidad de expresar sus ideas musicales con máxima precisión y la capacidad de hacerlo han redituado un álbum redondo, completo y sin desperdicio; algo tan raro estos días de streamings desdechables cual cuervo blanco o gallina dentada. 

Escuchar tu tercer álbum trae a mente un calificativo: “urgente”; ¿qué distingue a La Lucha de sus dos predecesores?

“Para mí, es un álbum mucho más introspectivo; no estaba yo mirando hacia afuera, sino más bien hacia adentro; hacia uno mismo. Quiero que nos empoderemos, en vez de usar la vieja excusa de que algún otro nos tenga que salvar. Quiero que nosotros mismos nos salvemos, que nos miremos adentro. Mi primer álbum, Fuerte era más “puños arriba”; el segundo, En Paz, más de tranquilidad y enfocarse en cosas peligrosas. Este es sobre cómo podemos entender y educarnos en lo que está pasando y, a partir de ahí, estar más armados para hacer cambios. Porque tenemos que aceptar algunas cosas que yo no creo que podamos cambiar tumbando paredes; es urgente, pero tenemos que mirar adentro, introspección es en lo que estaba pensando, porque estaban las ideas en mi cabeza, circulando y pensé “uno mismo se tiene que empoderar”… ¿me doy a entender? Es muy, muy diferente. No sé si sea madurez… ¡no me gusta esa palabra! (risas) O si será que uno se da cuenta que es una lucha muy difícil, y si podemos estar más preparados, y usar la inteligencia, educarnos sobre lo malo, podemos estar más dispuestos a hacer cambios desde adentro, en vez de derribando y gritando. ¿Entiendes?”.

La lucha es el primer álbum en que te autoproduces; ¿cómo fue la experiencia de concebirlo, crearlo y realizarlo sin otra opinión superior que la tuya propia?

“¡Qué buena pregunta! Porque por fin amplié mi estudio casero; antes, preparar las canciones para la grabación, arreglarlas, siempre lo hice yo, pero en este disco fue hasta llegar a la visión final, en mi propia casa. Pensé qué quería en la guitarra, en el bajo, en la batería, toqué partes del piano, algunos instrumentos que grabé en mi estudio los llevé listos al estudio grande, y ya tenía el apoyo de músicos con los que he tocado muchos, muchos años. Pensé, “ellos me pueden apoyar, porque entienden ya, no les tendré que explicar mucho”, y es más porque yo amplié tanto la visión y los arreglos, que quise empujarme más a mí misma; entendí mejor el ProTools… todo estaba ya en otro nivel. Me dije, “tengo que empujarme a mí misma porque también íbamos a grabarlo aquí, en Nueva York, en un estudio nuevo para mí”. No grabé con Gustavo Worner sólo hice la mezcla con él en Los Ángeles. Si lo hubiese hecho ahí hubiese grabado con personas nuevas, pero me dije, “¡Ellos no van a entender mejor que yo!”. Quería ingeniero, estudio, micrófonos, amplis, todo el equipo genial, super clean y todo lo que me gusta, pero para la producción, sentí que era mi turno”.

El mundo en donde surge La Lucha se ha venido tornando cada vez más tenso y amenazante. ¿Cuál crees tú que puede o debe ser la aportación de los artistas, y de los músicos en particular ante estos escenarios tan inquietantes que estamos viviendo?

“Creo que estamos en una posición muy especial y rara: poder usar la música para hacer luz en cosas que… nosotros estamos en el escenario, estamos en la radio, tenemos esa oportunidad y para mí, porque me importan los temas sociales y tengo conciencia de que me molestan tanto que eso sale en mis canciones, pues creo que tenemos la gran oportunidad de ofrecer inspiración a las personas para que no se sientan solas; hablar por otros también aunque yo no pueda decirme mensajera de Dios ni nada. Cada persona tiene su propia voz, pero mucho de lo que estoy diciendo es reflejo de lo que yo escucho también. Me siento muy afortunada por tener la oportunidad de usar mi voz de cantautora para poner en ella mensajes para mejorar al mundo, poder hacer luz en él”.

En esta tercera instancia tus canciones se perciben cada vez más sólidas; ¿cómo percibes tu propio crecimiento como compositora? ¿Es algo orgánico, o metódico?

“Es un poco de los dos porque lo orgánico es cada vez que uno tiene una semilla de idea para una canción no sabe a dónde va a llegar; pero en el oficio de hacer las canciones sí se mejora eso. Pero esa semilla, uno no sabe si va a venir; tiene que venir de la inspiración. En el oficio de hacer las canciones he mejorado mucho, pero sólo si vienen las semillas puedo saltar y sentir la combinación de ambas en este disco, que me da mucho orgullo porque puedes aprender cómo hacer las cosas mejor, como músico más avanzado, pero eso no tiene que ver con la idea original de la canción. La combinación de ambas es este disco, por suerte; surgieron las ideas, y estoy más armada”.

Algo parecido ha sucedido con el sonido de tus guitarras; ¿has hecho cambios significativos en esta ocasión, o es parte de un proceso continuo?

“Creo que es un proceso continuo, pero sí me empujé más en los arreglos y ellos mismos pidieron todo esto. Estaba yo tan ansiosa de meterme a mi estudio, esperando meses y meses porque me tenía que meter a una nueva casa, poner ahí mi nuevo estudio y todo eso se acumuló y creo que me hizo tener muchas más ganas. ¡Lo añoraba! Tenía hambre, ganas de meterme al estudio y creo que esa acumulación me ayudó a empujarme más, pues estaba yo exclamando, “¡Por fin!”. Y al mismo tiempo tenía urgencia de hacer las canciones por lo que está pasando en el mundo y porque había esperado mucho, con muchas ganas de hacerlo. Y por esa combinación creo que me empujé más como guitarrista porque tenía diferentes sonidos en mi cabeza que quería obtener y por ello creo que utilicé diferentes sonidos, no únicamente en los solos, que creo son más puros que los anteriores, pero las otras guitarras son más como inspiradas por Jimmy Page o Nancy Wilson, quienes usan sonidos acústicos y eléctricos duplicando sonidos. ¿Sabes a qué me refiero? Usé el tres cubano y diferentes pedales y amplificadores, explorando así”.

¿Cómo vienes presentando estas nuevas canciones en el escenario, y cómo planeas seguirlo haciendo en el futuro?

“Me gusta el formato de power trio en el escenario, lo que es un poquito complicado porque tengo bastantes voces en este disco y entonces tienen que cantar más los otros músicos. Ya toqué con Javo (Javier Sosa, baterista) y Coca (Carlos Cortés, baterista), mi sección rítmica en México; tocamos muchas de las nuevas canciones en la Fonoteca Nacional y también fuimos a Canadá los tres y salió muy bien. Estamos todavía aprendiendo las nuevas canciones, pero como estamos tan contentos de que sean nuevas, el ánimo resulta elevado por ello. Tenemos que tocar más para unirnos y que suene no sólo como el disco, sino con la vida que les da el escenario en vivo. Aquí en los Estados Unidos he tenido varios shows, y lo he sentido suceder ya con Alex y Johnny y Tracy, mis otros músicos. Todavía estamos pensando lo que estamos tocando, pero conforme vas tocando más te vas aflojando, y tocas mejor cuando lo haces automáticamente, sin pensar. ¡Estoy muy contenta, cantando en particular estas canciones! No sé por qué, creo que tengo más confianza en mi voz y la guitarra siempre… it’s fun! You know? ¡Sí!”.

Related Posts