Les unen México y Los Ángeles, California y, desde luego, la música. La de Elena Durán y Arturo Márquez es una relación de amistad y colegas, de observadores y alquimistas que han sabido llevar su sentir por la tradición, lo chicano, lo clásico y el jazz a sus interpretaciones –la primera- y a sus composiciones –el segundo-. Ese lazo dará fecundo fruto cuando se estrene ese concierto para flauta que el maestro Márquez escribió en los años noventa y ha ampliado con dos movimientos para que Elena le de vida este mes en el Palacio de Bellas Artes.

¿De quién fue la iniciativa para hacer este proyecto?

Arturo: “Elena y yo hemos tenido contacto desde hace muchos años, por lo menos 15. Pero hacer este concierto fue algo reciente. Tengo un concierto de flauta al que siempre sentí que le hacía falta algo y sí, ahora que he vuelto a él le añadimos una cadenza y, al final, son dos movimientos más los que tiene. Retomarlo fue por un encuentro que tuvimos Elena y yo hace como un año y hoy, a más de una década de ver esa obra, me ha permitido observar que me he mantenido fiel a muchas cosas y que ahora soy más organizado con la música; no es que sea precavido pero sí hay ciertas cosas que ya no hago hoy que hacía en aquel tiempo o que no me permitía. Con todo este conocimiento llegamos al acuerdo de que debíamos estrenarlo. Me puse a trabajar, no tenía esos dos movimientos los hice este año para que quede como debe ser para el estreno”.

Elena: “Coincidimos en el concierto de Yo-Yo Ma con la orquesta Esperanza Azteca y ahí en una plática rápida salió que el maestro tenía un concierto para flauta, que le hacían falta cosas y yo bromeando le dije que los hiciera y me los mostrara; de ese momento quiero destacar por qué es importante que los músicos coincidamos en los conciertos pues es ahí donde podemos tener un contacto rápido pero puro para que surjan estas cosas. De verdad te lo digo, es muy importante. Luego coincidimos en otro concierto de jazz en la Sala Neza y entre charlas organizamos una reunión en Navidad justo del año pasado. Vimos que tenemos muchas cosas en común, personales y musicales. Y para mí además fue esta oportunidad de conocer el alma de un maestro cuya música siempre va a estar en la genética de un pueblo, en este caso el mexicano. Como pude ver con Manuel Esperón, es un honor conocer su obra y a ellos como personas. Además es parte de la tarea. Eso se hace por respeto de todas sus obras y también a su trayectoria.  Y entonces descubres esta parte más allá de los danzones que tan maravillosamente ha hecho; el maestro posee un lenguaje amplio y en este concierto de flauta se percibe ese híbrido, que al final es reflejo de este mundo de hoy, sabes. Para mí tocar la flauta no es complicado: es línea y matiz; me preparo, sí, pero es eso. Lo que quiero también es aprovechar para mostrar esta riqueza en la obra del maestro”.

¿Ese atributo híbrido en qué se refleja y qué reto implica para ti como intérprete?

Elena: “La armonía es todo pero con Arturo es cómo va montando los ritmos. Hago mi tarea para entender ese armado, trato de imaginar cuántas vueltas dio en el piano para ese pasaje, esa figura; qué imaginaba… Un mar, ¿cuál mar? Uno cerca o a la distancia… Él quiere acción y tener todo eso creativamente en lo que compone. Por eso me es preciso conocerlo y también lo que va a pasar con la orquesta. Yo hago todo eso antes, conozco muy bien los estilos de los flautistas, chelistas, los que me entienden muy bien, es vital tener buen contexto de todo para hacer que la ocasión sea especial”.

Arturo, ¿siempre pensaste en Elena para interpretar este concierto? 

“Apenas se dio el encuentro sí, por este trabajo que hemos hecho desde entonces y el acuerdo al que llegamos. De origen, está dedicado a un amigo flautista, James Newton, con quien coincidí en el Instituto de Artes de California, cuando hice mi maestría; él era maestro, yo alumno. Es un jazzista formidable, gran amigo. Él se ha dedicado al jazz y a la clásica; ha venido a México, hemos viajado y comido por el sureste del país. Entonces, cuando retomo la pieza ahora, miro que los tiempos en que lo compuse eran con notas de 7, de 11, eso fue lo que hacía en los años noventa; obras con fusión que se fueron transformando, en unas ya se ve claramente el cambio, hay una lucha muy fuerte. Me encantaban entonces los compases irregulares, las figuras irregulares pero todo con base en la música tradicional. Por ejemplo, tengo un cuarteto de cuerda que está en 5/8 y eso, aunque tiene que ver con el son huasteco que suele ser en 6/8 casi 7, pero pasó que escuché el merengue y luego hice una mezcla. Y bueno, con el paso de los años ya hubo una transformación, una que también se ve afectada por el entorno social en el que vivo y que siempre me ha importado plasmar en mi obra”.

Elena: “Es bien importante entender la coincidencia que nos acercó para este proyecto. Arturo y yo te decía compartimos muchas inquietudes artísticas y sociales. El gusto por el mariachi, por el cine de oro mexicano, los movimientos de ruptura, el jazz, en fin, nos tocó la efervescencia de los años sesenta en una ciudad como Los Ángeles que vivía el rock, el minimalismo; lo chicano. Yo en el norte y Arturo en el sur. Hay muchas cosas. Actualmente ambos vamos y venimos con frecuencia a LA porque esa cultura tan particular que se vive en esa ciudad, nos llama como chicano y pochos que también nos sentimos y que nos ha permitido expresar nuestro arte y personalidad con un don de servicio, de humildad y honor”.

¿Quiénes forman el equipo completo para este proyecto?

Elena: “Además de Michel Emerson que es mi manager y lo propio que estamos haciendo respecto a los ensayos con la Orquesta, se ha contactado al director Lanfranco Marcelletti, que dirige a la Orquesta Sinfónica de Xalapa, un director excelente que hemos invitado para trabajar juntos y poder llevar este concierto a esa ciudad tras el estreno en Bellas Artes; que sea un programa completo dedicado a la obra de Arturo y, así como él, buscar a más aliados talentosos para hacer gira en el interior del país”.

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