la edad de 71 años, Keith Emerson decidió quitarse la vida, muy probablemente debido a la depresión que tenía por padecer distonía focal. Y, ¿qué hay de la relación de haber terminado en el nosocomio y la distonía que padecía Robert Schumann, o de los intérpretes que dejan el escenario y no se les vuelve a ver? Incluso, si se les vuelve a ver, es dirigiendo una orquesta como le sucedió a Leon Fleisher o tocando otro instrumento como decidió Juan Valdivia.

Estos son algunos ejemplos de músicos famosos que interrumpieron sus carreras al no poder volver a tocar y esto, sin duda, suele ser el pase automático a estados depresivos, aislamiento social y detrimento de su economía, por lo que no es exageración hacer notar que consideren o tomen el suicidio como una solución.

Padecen de distonía el estudiante a punto de graduarse, el concertista que está en el auge de su carrera, el que llevaba años esperando a jubilarse, el que tiene más de un proyecto, el docente y el que aparenta ser aficionado y, en realidad, no pudo dedicarse de lleno a la música. Aunque existe una historia detrás de cada uno y cada drama es vivido de diferente modo, todos tienen algo en común: deben mostrarse sin equivocarse. Mostrar lo aprendido, lo estudiado, lo logrado, casi siempre ante un juez demasiado crítico: uno mismo.

La distonía focal, “esa” enfermedad que es considerada el cáncer de los músicos se presenta como una alteración de movimiento de alguna parte del cuerpo, ya sea con contracciones fuertes (como cuando da un calambre) o reaccionando a destiempo y a veces con algún temblor asociado. Puede afectar uno o varios dedos, la muñeca, el codo, la boca, la lengua. No es conocida y por ello tardan en diagnosticarla. No existe un método de tratamiento aprobado porque, además, no se conoce a ciencia cierta su causa.

Los mecanismos por los cuales se origina incluyen: falta de inhibición en los sistemas sensorimotores, inadaptaciones neuronales de la corteza cerebral y deficiencia en la integración sensorial. Por ello, el tratamiento debe tomar en cuenta una re-educación sensorial y motora. Imaginemos la tolerancia a la frustración que requieren quienes la padecen, para volver a aprender y recordar el movimiento y la sensación de algo que era ya simple, conocido y fácil. Muchos optan por voltear su instrumento y cambiar a tocar como zurdos o diestros (según sea el caso).

Si bien no es una enfermedad que se presenta 7×24, es altamente incapacitante, ocupacional y laboralmente. La mayoría de los profesionistas que tratamos la alteración de movimiento, encontramos clave abordar el aspecto emocional y de comportamiento debido a los factores psicológicos asociados o como antecedentes: actitudes obsesivo-compulsivas, anancásticas-perfeccionistas, así como estados de ansiedad y estrés recurrentes.

Necesitamos ser más conscientes como sociedad de que existen muchos músicos que en silencio padecen esta enfermedad y que no todos encuentran la salida porque, pese a que muchos músicos se han curado, no todos lo logran ya que requieren invertir dinero en la rehabilitación física y apoyo psicoterapéutico; paciencia por el tiempo que puede llegar a tomar reorganizar el movimiento y, lo que he encontrado más complejo, cambiar el sistema de creencias de lo que incluso antes defendían y creían que era lo correcto. Todo esto convierte a la distonía en una enfermedad compleja, donde compruebo con cada éxito terapéutico (porque existen los casos) que el cuerpo tiene sus modos de hablarnos y hacernos ver que la enfermedad es un camino de cambio, depuración y reconciliación.

Exceso de control que descontrola, olvidar la verdadera motivación de por qué se eligió el instrumento, tocar hasta el cansancio neuronal y la saturación de la neuroplasticidad donde importan los dedos o la embocadura patológicamente en demasía y han dejado de disfrutar una caricia, un beso, un amasar, un esculpir; donde la relación con el instrumento se tornó adictiva y la expectativa del aplauso se volcó afuera en el reconocimiento del maestro o en ganar un concurso, dejando el aplauso secarse por dentro, porque hay un juez demasiado severo. Todo ello es parte del círculo vicioso que hay que abordar.

Hablemos más de esto y seamos más conscientes. Si eres terapeuta o maestro, la responsabilidad de conocer más sobre este tema es primordial.

Para conocer más, les recomiendo:

  • Documental: “Two hands” de Nathaniel Kahn (disponible en Vimeo).
  • Libro: “La rebelión del cuerpo” del Dr. Farías (disponible en Kindle)
  • Blog de Casa Senit: ahí tenemos historias reales de pacientes que se han recuperado. (Pueden visitar http://bit.ly/DistoniaFocal o entrar al blog de Casa Senit: www.casasenit.com.mx).
  • Artículo: En la edición de Music:Life, número 99, Septiembre 2013, escribo un artículo interesante sobre distonía focal.

Fisioterapeuta cadenista especialista en músicos. Fundadora de Casa Senit, espacio de fisioterapia y bienestar para las artes.

Related Posts