“Para mí, el rock no es un patrón musical, tampoco es distorsionar la guitarra o pegarle duro a la batería. El rock es como la poesía. Y la poesía está en un gol de Maradona y en un platillo de Anthony Bourdain. Y así como la poesía está más allá de las palabras, el rock está más allá de la música. ¿Quieres que defina al rock con una palabra? Bueno, para mí, el rock es valentía. Hacer rock es ser valiente”. El David Aguilar al habla. Palabras más, palabras menos.

¿Escuela de música o escuela de la vida?

“Soy partidario de ambos rumbos, pero si tuviera que elegir uno, pues me voy por el de la vida. Aunque quiero hacer hincapié en que hay que estudiar, es muy importante hacerlo. Yo asistí a una escuela de modo formal muy poco tiempo; luego decidí continuar de modo autodidacta, con los amigos”.

¿Recuerdas cuál fue la primera canción que escribiste?

“Arte”. Yo tenía quince años de edad, aunque antes ya había hecho algo, como a los doce, copiándole un poco a Maná”.

¿Existe alguna composición que te gustaría robar?

“Sí, alguna de Lennon, “Imagine”; o “Tumbas de la gloria”, de Fito Páez. O no, mejor “Oh melancolía”, de Silvio Rodríguez, esa me la robaría porque posee una musicalidad que no puede adquirirse sólo en la calle. La composición musical de esa canción es de un nivel altísimo; tiene cambios armónicos, muchos detalles musicales ocurriendo al mismo tiempo. Te lo digo así: la letra pudo haberla escrito Neruda, y ésta corresponde totalmente con la música. Hay riesgo y sencillez”.

¿Alguna vez has extraviado un instrumento?

“Una vez iba llegando a un café en Guadalajara y me acordé que había dejado mi guitarra en el autobús. Me fui en friega a la central de camiones, ya estaban lavando el camión, pero me dejaron pasar y sí, ahí estaba mi instrumento”.

¿Existe algún instrumento que te gustaría aprender a tocar?

“El acordeón norteño, de botones. Lo practiqué algún tiempo y paré, pero quiero volver a él, más en serio. También me gustaría aprender saxofón porque hace poco me prestaron uno y me dieron ganas de tener el mío. Apenas tenga varo, lo haré”.

¿Miras con recelo a algún tipo de músico en especial?

“A ver, los comprendo porque pasé por ahí, pero no me gustan los músicos que se comportan como máquinas. No me gusta cuando se la viven haciendo escalas rapidísimo. La obsesión por la técnica me causa repulsión. En cambio, hay otros músicos que se amparan diciendo que suenan mal porque les gusta que se sienta así, el espíritu callejero; y no, espérate, no se trata de asustar. Por otro lado, hay un tipo de compositor que no me gusta: el que no sale de la Sociedad de Autores porque está lamiendo botas. Es como un político a la caza del hueso más jugoso, hace canciones para venderlas, no hay arte ahí”.

¿Cuál es la parte más complicada de tu labor como músico?

“Tengo conflictos de ansiedad, vivo con pánicos y miedos irracionales y además tengo insomnio. No me alarmo tanto porque sé que estos padecimientos cada vez son más frecuentes en nuestra sociedad, pero a veces eso me afecta; no al grado de que me impida cantar, tocar y presentarme ante el público, pero sí que me resta porcentaje. Como que no estoy al cien en algunas ocasiones”.

¿Cuál es tu instrumento favorito?

“Es un cliché, pero no existe nada como sacar una guitarra de su estuche mientras esperas a alguien. Apreciar la música a través de ese pedazo de madera es maravilloso, un camino interminable. Me gustan las guitarras eléctricas, pero no hay como las acústicas acompañando tu soledad”.

Para terminar, ensambla la agrupación de tus sueños.

“Stravinski, Lennon, Björk, José Alfredo Jiménez, Sting, el Mariachi Vargas de Tecatitlán, Cornelius y Daniel Zepeda (mi baterista). Los Indicados, así les voy a poner”.

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