La empresa de música independiente más exitosa y trascendente de México cumple 25 años de fértil y ejemplar actividad. Sus fundadores Eduardo Llerenas (E) y Mary Farquharson (M) comparten gozo y recuerdos en esta plática para Music:life.

¿De dónde surgió CoraSon?

E: “Del gusto por esta música que hemos grabado, buscado, vivido; por los artistas que la interpretan. Del placer de escucharla en sus lugares de origen, con sus verdaderos músicos. Cuando empezamos había algunas grabaciones, pero para escucharla tenías que ir a las localidades donde se hace. En el reciente caso de las Hermanas García, por ejemplo, ¿quién iba a ir a Ometepec a buscar talento? Es ese gusto, el placer que da, lo que nos motivó y sigue motivando”.

¿Cuándo?

E: “Empezamos CoraSon hace 25 años. Previamente tuve un sello llamado Música Tradicional, donde surgió la primera producción con sones de arpa grande de Tepalcatepec Tierra Caliente, seguida por la Antología del Son de México, de 1985: una caja con seis vinilos y bello folleto en edición bilingüe con comentarios a cada son y género, seguida por tres o cuatro producciones más con grabaciones del Caribe que ya habíamos empezado a hacer desde 1977: música de República Dominicana, Panamá, dos de Haití y un álbum de son cubano. De México, habíamos lanzado un disco LP de los Camperos de Valles – grupo sensacional, tremendamente esotérico – del que supe luego que muchos soneros se emborrachaban escuchándolo. Ya en la era del CD, lanzamos una grabación que hicimos en 1978 de Don Antioco Garibay, reconocido ‘arpero’, como dicen en esa región. Fueron antecedentes del momento en que nos encontramos mutuamente Mary Farquharson y yo, bautizamos al sello Discos Corason, reeditamos lo previamente lanzado en formato digital y continuamos lanzando grabaciones en disco compacto”.

¿Cómo se aliaron?

M: “Mi amistad con Eduardo empezó en 1992; me invitó a su casa y me puso grabaciones de su colección; no discos aún, sino material virgen: grabaciones de Juan Reynoso, gran violinista, otras de Eliades Ochoa. Yo tenía tres o cuatro años en México, pero la memoria del trabajo que había realizado en Londres cuando formamos la disquera World Circuit resonó, y le dije que esas grabaciones me parecían una maravilla que debía compartir con más gente. El sello que él tenía era importantísimo, pero tenía distribución muy limitada y presentación muy profunda, seria, tal vez un poco académica. Empezamos a platicar cómo difundir más las grabaciones que tenía, y formar una compañía que permitiese ampliar el trabajo con nuevas grabaciones que hiciéramos juntos. Las primeras surgieron a fines de ese año, luego en 1993, y así hasta la actualidad”.

¿Cómo llegó el éxito?

E: “Las grabaciones previas desde 1971 hasta que nos encontramos eran un archivo gigantesco de música mexicana y el Caribe. Empezamos el proyecto con músicos, y lanzamos tres: de la Costa Chica, Los Gallardo; de la región Purépecha, Tata Gervasio y sus hijos, Conjunto Atardecer; y de la Huasteca, Los Caporales de Ciudad Valles. La idea surgió con el grupo de Atilano, uno de los hijos de Tata Gervasio, quien había grabado varias veces pero no conservaba ninguna. Nació la idea de grabarles para que tuviesen acceso al material cuando quisieran. No nos cobraban por grabarles, y nosotros no les cobrábamos por grabarlos. Maquilamos audio cassettes, los pagamos y repartimos a partes iguales. De agotarse, volvíamos a fabricar y los pagaban al costo de producción. Sonaba justo y adecuado… ¡pero no jaló!”.

M: “Tuvimos que organizar conciertos para pagar la maquila”.

Así que también producir eventos es de origen…

E: “Exactamente: trajimos a los 3 a Ciudad de México, al lanzamiento de Discos Corason, en la Casa Reyes Heroles de Coyacán, y fue fantástico. Llegó Guillermo Velázquez”…

M: “…quien compuso décimas especialmente para la ocasión”…

E: “…era época de lluvia, que empezó, pertinaz. El salón era amplio, pero afuera había un campo de paraguas, interesados que no cabían ya pero querían escuchar a estos grupos en vivo. Quién sabe de dónde salió la gente; hicimos convocatoria, algunas entrevistas con prensa impresa, y fue una verdadera maravilla, cosa insólita. Vendimos muchos casetes”.

M: “Querían que nos fuéramos a las 10, pero los músicos seguían tocando, así que desesperados, cortaron la electricidad”…

E: “…dejándonos en total oscuridad, pero los músicos seguían tocando, y la gente permaneció. ¡Tendrían que habernos corrido con la policía, lo que afortunadamente no sucedió!”.

M: “Celebramos nuestro décimo aniversario en el mismo lugar: salto bastante grande porque aunque también fue gratuito cantó Ibrahim Ferrer, ya no en el saloncito, sino en el jardín central. Esos diez años marcaron aproximadamente el auge de la música cubana desde aquella primera grabación de Eliades Ochoa hasta nuestro lanzamiento local del Buena Vista Social Club”.

¿Mary, recuperaste experiencia y contactos adquiridos al formar el sello World Circuit?

M: “¡No al principio! ¡Para nada!”.

E: “Era yo quien tenía experiencia con el sello Música Tradicional”.

M: “Seguimos siendo amigos, hemos coincidido, pero más en amistad que estructura de trabajo. Al principio, Corason fue acompañado por muy buena distribución en E.U. de la compañía Rounder Records, que se enamoró de las primeras producciones y nos apoyó muchísimo, pero eso no tenía que ver con mi experiencia. Tuvimos una relación muy buena que nos brindó distribución en Estados Unidos y en Europa, pero los contactos de los primeros años fueron coincidencias en dos momentos: Buena Vista Social Club, porque Nick Gold, con quien había trabajado y mantenemos mucha amistad había tomado la decisión de distribuirlo mundialmente por Warner Records, quienes nos llamaron preguntando qué hacer, porque no sabían si era jazz o qué. Tomé el teléfono y le dije a Nick, “Si quieres buena distribución en México, tienes que ir con la única persona que conoce el son cubano aquí, y ése es Eduardo”. Lo pensó, porque en Inglaterra no se suele trabajar con amigos. Hay cierta resistencia a ello. Pero él conocía las grabaciones de Eliades, y tomó su decisión en base al trabajo que Eduardo había hecho en México con el son cubano del que tenía ya varios discos”…

E: “…el Septeto Habanero, La Casa de la Trova… como cinco títulos”…

M: “…Eliades Ochoa con Manu Dibango… La segunda vez que fueron muy útiles los contactos británicos fue cuando tomamos la decisión de editar un disco para conmemorar el Centenario de Guty Cárdenas, porque Eduardo tenía una colección de grabaciones originales de los discos de acetato de 78 r.p.m. y pruebas que le había obsequiado Juan José Gurrola, donde podía leerse ‘O.K. Guty’. Qusimos hacer selección y restauración, escoger lo mejor para un disco de aniversario y resultó muy difícil; fuimos con los mejores ingenieros de México y también varios en Estados Unidos. Alguien en San Francisco mencionó uno de la vieja guardia, un tipazo que tenía un sello de R&B, gran guitarrista dedicado a restaurar música vieja, y lo hizo de maravilla: al grado de que los dos familiares que sobreviven de Guty Cárdenas, él, lloraron y dijeron que a sus 70 años por fin habían podido escuchar cómo tocaba su tío: el mejor elogio posible. Aparte de esos dos casos, somos parte del mismo mundo, pero vivimos y desarrollamos la dirección artística por separado”.

Corason tiene dos vertientes: preservar nuestra música tradicional; y tender puentes hacia artistas y grabaciones distantes que no hubiésemos conocido a no ser por ustedes.

E: “Son músicas de muy fuerte raíz, algunas de varios siglos de antigüedad, esenciales para Discos Corason al descubrir fenómenos de producción musical en la Huasteca como en el sur de Mali. Poblaciones, gente que hace esta música para su propio placer; sin intereses comerciales, con la que la gente se ha divertido por siglos. Caso muy específico: la Huasteca. En una fiesta, una boda de esas que duran de un día para otro, puedes tener cumbia, banda, caribeña, pero tarde o temprano, rematan con son huasteco. No puede faltar, porque sobre ello descansa la cultura. Esas culturas fuertes, es muy difícil que cambien repentinamente por otros valores de producción musical, su gozo, su pasión, su cultura. No cambia de un día para otro un gusto musical; hay sonoridades tímbricas que cuando tienen relación con lo tuyo, con una cultura profunda, se van adoptando más fácil, porque hay una sonoridad que dice algo; un patrón establecido de la estética de la audición musical. Parte de estudios serios de etnomusicología profunda, real. En el son mexicano, ¿por qué en uno hay arpas y violines, y en otro tres instrumentos, como en la Huasteca? ¿Cómo seleccionó la población esos para hacer su música? ¿Cómo pasó de una a otra? Hay consonancia, armonía”.

M: “Son géneros, estilos, y momentos de países muy diferentes, pero una línea los une: el son huasteco es intenso, emotivo y fuerte en la comunidad como la música de Taraf de Haidouks en Clejani, Rumania. Pertenencia reflejo de la retroalimentación de la comunidad, música muy viva, que refleja el alma y tiene cualidades difíciles de poner en palabras y explicar cómo un grupo de pueblo como Taraf puede llenar tres noches seguidas la Sala Neza en un país donde antes de su visita existían de ellos sólo dos discos: ¡uno lo tenía Eduardo, y el otro yo! Acaso no siempre con respuesta tan dramática, pero lo hemos hecho muchas veces, como en “La noche de los Griots”: eran tan desconocidos los artistas que ni pusimos sus nombres en la publicidad. La llamamos así porque si les mencionábamos no iban a decir nada, y sin embargo fueron dos llenos completos del Teatro de la Ciudad. Eso dice mucho del público mexicano, muy abierto, dispuesto a escuchar música de calidad de diferentes tradiciones. Pero esos artistas, tanto malienses como gitanos rumanos -como lo vivimos hace poco con Romengo-pertenecen fuertemente a su comunidad, a una tradición, aunque lo que hagan pueda ser renovado; tampoco son cuadrados o herméticos. Son abiertos, vitales; tienen que serlo pues si no, no serían interesantes. Una línea que liga a Los Cantores de Valles con Taraf de Haidouks, Romengo y muchos otros. No es música prefabricada; no buscamos esto pero casi ningún músico que hemos grabado lee partituras. Es música que fluye, ¡muy creativa!”.

E: “Tradición oral, que abarca 60% o 70% de la que se hace en el mundo, o más”.

M: “Pero músicos muy serios, profesionales, porque si hablas de tradición oral la gente tiende a pensar que son de esquina, o amateurs. Existen muchos prejuicios, pero toman lo que hacen muy, muy en serio, viven de eso y que están constantemente ensayando, preparando, componiendo. Como Romengo, grupo muy serio, aunque solamente el violinista tiene preparación académica y entrenamiento formal”.

¿Cuáles son los momentos cumbres que más recuerdan de estos 25 años?

M: “¡Todo!”.

E: “Nunca puedo responder eso. Si fuese amnésico, te diría que lo que recordase, pero afortunadamente no es así”.

M: “Cada concierto de los últimos 15 años ha sido el mejor, si es el más reciente… ¡y el último que íbamos a hacer!”.

E: “El que acabas de presenciar, (La Gran Gran Fiesta del 25o. aniversario, en la Carpa Astro’s) o el EnArtes en el CNA. En cada uno estamos siempre muy nerviosos porque no vaya a llegar gente, qué va a pasar, si va a ser un fracaso; debe ser parte del carácter, la naturaleza, tanto de Mary como mía. Estamos todo el tiempo parados, por los nervios. Hay una parte interesante, implícita, pero no dicha, que hemos podido compartir. Ésa es la gracia, ¿no? Compartirlo con más gente”.

M: “Nos sentimos muy afortunados de poderlo gozar mucho, y compartir ese gozo. Es un enorme privilegio. Aunque somos una compañía pequeña, contamos con gente que lleva muchos años trabajando con nosotros, contactos, periodistas. Fue muy grato ver algunos que habían estado desde la pequeñísima conferencia de prensa que organizamos en 1992. Ahí están, todavía. Y colegas como Amanda Franco, que lleva más de 15 años trabajando con nosotros. Son muy importantes, pues es el reflejo del gusto de estar aquí compartiendo la posibilidad de convivir con grandes artistas que son todos grandes personas: Omara Portuondo, el propio Eliades, quien vino con enorme generosidad a participar en este aniversario, como los tríos que han venido a tocar en nuestras fiestas familiares. Todos son artistas de mucha calidad”.

E: “Es una alegría verles ante esos públicos. Los músicos no son ‘nuestros’, no hay contrato de exclusividad, pero que en cada uno de estos eventos está la gente gozando es brutal.”

¡Vengan, pues, otros 25 años!

E y M: “¡No, por favor! (ríen)”.

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