Inaugurada en 2011, la Academia Musical Emmanuel atiende en el corazón de Coacalco de Berriozábal, Estado de México, las inquietudes artísticas de una población heterogénea -infantil y juvenil, principalmente- que demanda de los docentes la habilidad para empatar lo ortodoxo con lo empírico, sin matar el entusiasmo y fijando objetivos en sus educandos, además de ampliar el criterio y la misión de la enseñanza musical para abrir las puertas a chicos con capacidades especiales.

Se trata de una matrícula de 70 alumnos que sirve de muestra para observar cómo es atendida una comunidad ávida de espacios donde poder iniciar o pulir sus inquietudes artísticas, compartió Ismael Ordóñez, fundador de la Academia, una plataforma flexible que lo mismo puede ayudarles a develar su potencial con el instrumento de su elección, que a prepararse para aplicar con éxito los exámenes de acceso a entidades como el Conservatorio Nacional de Música o la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Somos sonido, somos arte, somos música”.

Así versa el lema de esta escuela cuyo sistema de enseñanza combina las clases individuales con la de armado de ensambles; se imparten de manera fija clases de piano, guitarra, batería, bajo y violín, además de canto, solfeo, armonía, conjuntos instrumentales e historia de la música.

Cada fin de semestre, estos creativos en formación, alistan como examen final un concierto que les enfrenta al reto de conseguir operar como colegas bajo un mismo concepto artístico (vestuario y maquillaje por Glamurama, en esta ocasión puntualmente incluidos) y, como ocurrió en el recital de este cierre del último semestre del 2017, sopesar las condiciones de un escenario con montaje de producción (DSP Audio en la consola) y backline profesional que inculca en los chicos saber desenvolverse en éste y colaborar con el staff de producción que lo hace posible, hecho que eleva el estándar de lo ocurrido en otras ediciones, para exigencia de los alumnos y beneplácito de quienes acudieron a brindarles su aplauso.

 

El “truco” está en los detalles: un concepto de show.

Un público de 250 personas –familiares y amigos de los chicos-, abarrotó las sillas del foro adaptado para el concierto-fiesta ochentera de rock-pop que arrancó con la intervención de los profesores Paulina Rodríguez (ensambles), Sthef González (canto), Ismael Ordóñez (batería, piano), Marco Paredes (guitarra) y Emmanuel Patiño (bajo, guitarra), siguió un programa de 15 actos-canciones que permitieron conocer los logros de estos artistas en ciernes.

La jornada musical recibió en el entarimado a los pupilos, quienes develaron el programa que tuvo como base las canciones referente del movimiento “Rock en tu Idioma” –Maná, Miguel Mateos, La Maldita Vecindad-, las letras que Alejandra Guzmán y Timbiriche convirtieron en coro de la juventud en los años ochenta y noventa, más actos solistas al piano, batería y cuerdas -este último dirigido y acompañado por la maestra Teresa Sánchez- para interpretar a Beethoven, Raúl Di Blasio, Queen y Coldplay; una plegaria-rock, un clásico del soundtrack infantil heredado por Disney -que precedió a momento emotivo con los padres de los chicos acompañándoles en el escenario-,  y el poderoso toque de ska que hizo eco de la obra de Panteón Rococó con la que se puso de pie a la concurrencia.

Emocionados y nerviosos, los chicos -para quienes se dispuso alfombra roja y la conducción de Jess Burgos en el escenario-, cumplieron con el cometido para satisfacción de sus profesores y orgullo de familiares y amigos quienes les regalaron con su canto, aplausos y alegría una de las tardes más felices de sus vidas, enfatizando así el leit motiv de todo este asunto: cuando se trata de hacer tangible el peso de ser músico, no hay como poner a los aspirantes en el punto de exigencia y profesionalismo que esa carrera demanda.

Enhorabuena.

¡A brillar!

 

 

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