Es laudero de Paracho, Michoacán. El año pasado, Abel García ganó el Premio Estatal de las Artes Eréndira. Los guitarristas clásicos más importantes como Pablo Garibay en México, Pavel Steidl en Europa y Shin-ichi Fukuda, en Japón, tocan sus guitarras, construidas con maderas mexicanas. Es reconocido a nivel mundial y da conferencias en todas partes.

Abel García es un apasionado de su oficio y nos contó varias experiencias e historias. Dice que sus amigos quieren escribirle un anecdotario. Cuenta que hizo guitarras desde niño. La casa donde vivía con su familia era también el taller. Las condiciones económicas en las que creció eran muy austeras. Muchas veces las camas estaban llenas de guitarras y tenían que desocuparlas para poderse dormir.

“La primera vez que fui a España, en 1992, fue una aventura. Tenía muchos años buscando dónde aprender y habían mandado muchas cartas a varios guitarreros famosos y nunca me contestaron. La oportunidad se presentó gracias a Celedonio Romero, el papá de los Romero, quién me escribió una carta de recomendación y así me aceptaron allá. Conseguí una beca aquí en Conaculta para el pasaje y otra en Michoacán para la inscripción. Fue el primer curso y como no me llegó una carta que ellos me enviaron no pude enterarme de los requisitos y me fui sin madera y sin herramientas. No llevaba ni dinero. Me había costado mucho trabajo ir a  España y me dolió todo lo que hice para ir y al final no llevaba nada. Entonces fui a conseguir la madera y la herramienta con la que yo podía hacer una guitarra. Empecé a buscar en Madrid a los guitarreros, pero nadie quería venderme madera. Manuel Contreras me invitó un café porque iba recomendado de los Romero, pero no me vendió nada. Hasta que el guitarrero Ignacio Rosas me vendió madera, carísima. Me hice mi propio cuchillo y me fui a Córdoba con una bolsita de herramientas y la madera. Lauderos de Francia, Italia, Alemania, Austria, llegaron en sus camionetas cargando con medio taller y con sus guitarras ya empezadas, con la tapa hecha y la roseta ya puesta.

Trabajaban muy lentamente y empecé a trabajar al ritmo que acostumbraba en Paracho. Al tercer día me fui emparejado con los demás y al cuarto o quinto día ya iba delante de ellos. Le dije al maestro que ya estaba listo para armar pero como yo no llevaba solera, le pedí si me daba permiso de improvisar y me dijo que sí, que hiciera lo que quisiera pero que le entregara la guitarra con ciertas medidas y ciertos ángulos. Me fui al basurero y saqué cajas de cartón, de triplay para mamparas y lo que creí que me serviría. Armé mi solera y mi guitarra y la entregué con la medida que me pidió. A partir de ese momento les dijo a mis compañeros que no le preguntaran a él, que me preguntaran a mí.

Ese viaje me abrió las puertas porque el festival de Córdoba es uno de los mejores festivales en el mundo. Iban Pepe Romero, John Williams, Paco de Lucía. Todos en ese mismo festival. Era un gran escaparate. Al principio del curso llegó el guitarrista Pepe Romero y propuso un concurso. Iba a probar todas las guitarras que termináramos y la que mejor sonara la iba a comprar. Terminamos seis guitarras, pero la única guitarra que se terminó con barniz fue la mía. Los otros guitarreros eran muy refinados pero muy novatos y lentos. En una sala, frente a mucha gente, Pepe Romero empezó a tocar y decidió comprar mi guitarra. Me quedaban dos semanas allá y con ese dinero me fui conocer España y compré madera y me alcanzó para muchas cosas y en la última vuelta que di a Madrid pasé a saludar a los guitarreros que había visto y el trato ya fue otro. Paracho empezó a aparecer en el mapa internacional en ese tipo de guitarras”.

¿En qué momento empezaste a utilizar diseños originales en la hechura de las guitarras?

“Siempre ha habido oportunidad de hacer diseños propios. Pero el desarrollo de la guitarra en esas épocas era como la moda. La guitarrería profesional y de concierto en Paracho se empezó a desarrollar hasta los años setenta gracias a la creación de los concursos de constructores de la Feria de la Guitarra. Como diseñador tienes la oportunidad de hacer un cambio pequeño y de aportar un poco pero dentro de los cánones de la belleza y la elegancia. En esa época no había los elementos suficientes para diseñar. Hay que imitar hasta que reproduzcas correctamente el modelo. Poco a poco decidí renunciar a las imitaciones para vender con mi nombre. Desde muy joven empecé a proponer cosas por mi cuenta, pero cuando empecé a vender internacionalmente me pedían reproducciones de la guitarra Hauser y así tendría trabajo para toda la vida, pero yo no me sentía honesto porque no estaba haciendo lo que yo quería, que era representar mis arraigos nacionales hacia la guitarrería clásica. Tenía propuesto un modelo de los años noventa con modificaciones mías y cuando lo sugerí a una tienda en Estados Unidos me dijeron que no.  Aún así empecé a hacer solamente mis modelos. Lo que he intentado incorporar es una traducción de los elementos de la iconografía mexicana antigua a la estética de mis guitarras”.

Por su preocupación de estar al tanto del desarrollo de la guitarrería, Abel García, además de laudero ha hecho proyectos con guitarreros jóvenes y es parte de la organización del Festival Nacional de la Guitarra en Paracho donde, además de proponer cursos y concursos de intérpretes, ha invitado a guitarristas renombrados en el mundo, como el guitarrista John Williams, quien tocó en el Festival con el Coro de los Niños de Paracho sin querer recibir remuneración económica haciendo con esto una gran aportación a la comunidad.

“Me ha costado mucho convencer a los lauderos de Paracho de usar procesos en los que hay que respetar la tradición pero también de probar nuevos. La tradición en general siempre es un arma de dos filos, detiene por un lado y te ayuda a ejecutar por el otro, pero esos lazos que te detienen son los que perjudican. Poco a poco se tienen que dar cuenta y generar este cambio. Ya con el exceso de información que hay ahora me parece que no queda otro camino más que el de globalizar conocimientos. Es importante para la estabilidad de un instrumento. El resultado de tener una cultura maderera bien arraigada te da un instrumento estable.

Publiqué un libro sobre maderas mexicanas para la caja de la guitarra clásica. Hablo de doce diferentes maderas mexicanas. Hice las pruebas, construí las doce guitarras y demuestro que funcionan bien. Comentarios de muchos guitarristas importantes avalan ese trabajo.

Actualmente hay muchas especies de maderas que están en proceso de extinción o protegidas, pero sí hay muchas posibilidades de utilizar otras maderas. Las maderas que no están en extinción son las originarias de países con cultura maderera. Sólo es en los países tercermundistas donde no tenemos la cultura, no únicamente maderera, sino de protección de nuestros bienes. Es una consecuencia de la sociedad en que vivimos. Las autoridades intuyen qué hay que hacer, pero la infraestructura no da para que tengamos otras cosas”.

Hay una guitarra de la que hiciste una réplica. Históricamente es una guitarra muy importante, la guitarra Cumbre.

“Muchos le dicen el pináculo de la guitarrería. Esa guitarra se construyó en 1858 por el más legendario de los guitarreros, el creador de la guitarra moderna, Antonio de Torres (1817-1892). Desde la aparición del instrumento en un concurso en Sevilla en 1858 donde ganó el premio más importante, muchos guitarreros han intentado imitarla durante los siglos XIX, XX y XXI. Decidí en el 2006 hacer mi Cumbre y terminarla para celebrar mis cincuenta años. Fui investigando, midiendo los materiales y los retos. Sin duda es el instrumento más complejo que he hecho. Antes de ése construí la “Lira da braccio” de Leonardo da Vinci que fue un instrumento temerario para mí. Con la guitarra Cumbre decidí que iba a ser una versión propia y conforme fui encontrando otras Cumbres hechas por otros guitarreros vi desesperación, prisa, desaciertos y descontento. Entonces decidí que haría un modelo fiel. Nueve años después terminé el instrumento con las técnicas del siglo XIX. No quise utilizar técnicas modernas. Sé trabajar como en el siglo XIX porque así lo aprendí. No representaba aprender nuevas técnicas porque las domino correctamente. Construir la Cumbre me dejó un aprendizaje muy profundo, casi espiritual. Al final fueron cinco meses en los que sólo trabajé en la Cumbre.

Luego cuando empecé a construir una guitarra normal parecía que había olvidado cosas. Después de ese tiempo de tanta presión parecía que había cosas que no podía resolver. Le han aplaudido mucho, ha habido conciertos con muchos guitarristas admiradores de esta nueva Cumbre. Me han programado conferencias magistrales para la presentación de este instrumento donde hablo del proceso y de la parte filosófica de porqué abordar el instrumento. Esto me ha dejado la tranquilidad para proponer de manera más libre muchas de mis ideas. No la hice pensando en vender el instrumento. No puedo cotizar el instrumento. Me quedo con la Cumbre no sólo como patrimonio material sino como patrimonio cultural porque es la única Cumbre no sólo en México sino en América y tal vez en el mundo porque las otras que se han intentado no han sido fielmente replicadas. Me parece que es importante exponerla”.

Abel García tiene la honda sensibilidad de quien trabaja a fondo un oficio, quien sabe dar valor a cada material, tiene el conocimiento y el saber de transformarlo en un bello objeto con el que se puede hacer música.

“Ser laudero significa ser muchos oficios al mismo tiempo. Para el día que me otorgaron el premio estatal de las artes escribí un pequeño discurso, que finalmente no lo pude decir en público, pero terminaba diciendo que el artesano, el escultor, el ingeniero, el guitarrero, el químico, el guitarrista, el investigador, el arquitecto, el alquimista, se sueñan como lauderos. La laudería es un oficio que te permite aprender un conocimiento en el estilo del siglo XVI, del Renacimiento, y te posibilita aprender de las plantas, de los metales, de la química, de todo, para saber porqué lo vas a hacer y para hacerlo mejor”.

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