Es la una de la mañana y estoy en el columpio del patio con Silvana Estrada (19 años, Veracruz). Esta parece la mejor hora para platicar un rato. Ya se fueron todos los invitados y los músicos, con quienes dio un concierto en casa, Federico Sánchez, David Aguilar y Daniel Zepeda, ya se están despidiendo.

¿Cómo empezó todo con la música?

“Fue muy natural porque mis papás son músicos y cantan mucho. Mi papá es contrabajista y mi mamá clarinetista. Terminaron sus carreras y se fueron a Europa a estudiar laudería. Desde hace treinta años son lauderos. Siempre cantamos. Mi papá toca bien la guitarra y el cuatro venezolano. Se me hizo muy normal, no recuerdo un momento en que haya pensado en otra cosa”.

¿Cómo es tu proceso de composición?

“Creo que no tengo un proceso. Cada canción ha salido de momentos muy diferentes. Hasta que encontré el cuatro y aunque no sabía nada de ese instrumento, me sonó muy bien y me empezaron a salir muchas melodías con la letra. Pero en general se siente como algo que necesito. Los sonidos me llevan a las palabras, a los sentimientos que ya están procesados en mí. Pasan los días y pienso en una imagen o en un evento específico y cuando empiezo a hacer música sale la letra ya en forma de canción. Con el lenguaje metafórico que traigo y que creo que cada quien trae”.

¿A qué compositores admiras?

“Admiro muchísimo a David Aguilar y a Simón Díaz; soy más seguidora de poetas que cantautores porque siento que me impactan más los poemas que la canciones. Me encanta José Carlos Becerra, Carlos Pellicer, Gerald Stern.  Después me encantó Cole Porter, sus letras. Tengo mucha afinidad por muchas cosas. Por eso a la hora de cantar me gusta mucho hacer arreglos de mis canciones porque no me suenan a un género específico. Todavía imito a muchos. Siempre trato de sonar como Soledad Bravo. Paso mucho tiempo estudiando cómo frasea Ella Fitzgerald o Billie Holiday. Me gusta mucho el swing pero también Violeta Parra. Me fascina cómo frasea su música tan sencilla y con una concepción estética muy loca”.

¿Qué es la improvisación para ti?

“La improvisación es algo que hago todos los días. Es mi manera de conectarme conmigo. Hay un ejercicio que hago siempre y que lo escuché en una clase de Bobby McFerrin que el habla de cantar sin parar diez minutos. Sin parar. A los dos minutos te vas a querer callar, a los cinco no vas entender qué está pasando. Ahora puedo pasar mucho tiempo improvisando y descubro muchas cosas. También es una manera de componer”.

“La improvisación tiene que ver mucho con el silencio. He encontrado mucha fuerza en el silencio a través de la improvisación. El scat me ha enseñado que la respiración es el momento cumbre. La improvisación es una manera de entender la música. Es una manera de interiorizar los sonidos. En ese sentido siento que el jazz me ha enseñado mucho a jugar con la voz, a variar siempre la melodía, a buscar sonidos, a buscar los melismas que le den color a las frases. Eso sí puedo decir que es mera improvisación”.

¿Cuál es tu opinión sobre estudiar música en la escuela?

“Esa es una pregunta muy difícil. Por qué estoy en un punto en el que no sé qué tanto me está sirviendo la escuela. No se si el próximo semestre seguiré porque este año pedí dos meses para irme a Europa y el próximo año tendré que pedir otros dos meses. Y no me los van a dar porque el reglamento no lo permite. Y obviamente para mí es muchísimo más importante ir a grabar un disco con mi héroe Charlie Hunter que quedarme a estudiar escalitas”.

“Creo que la escuela es un viaje y uno puede elegir si entrar o no. No es mejor ni peor. Y te da otras cosas que en este momento no sé si necesite. Quiero estar aprendiendo con la gente. Además en las escuelas es muy raro que exista música verdadera. Existe esta cosa que suena a música y que es lo que pasa en los exámenes y está bien. Eso es a lo que la misma escuela te orilla y ya no quiero eso. Me molesta sobremanera esa cosa “porno” del lenguaje de ser un súper virtuoso y que nada cuenta si no eres un súper virtuoso porque hasta ahora, en el tiempo que llevo ahí no he presenciado música en ningún salón ni en ningún rinconcito de la escuela. Nada me ha conmovido. Ya no quiero eso. La escuela te va encasillando, puede ser muy peligroso. Y ves un montón de chavos que pasan su vida en las escuelas sin esa conexión con lo que existe. Cuando di clases a niños de la Sierra Zongolica imitábamos el sonido del río y del viento y, aunque no es música, lo siento más verdadero que la música de los conservatorios”.

“En las escuelas no estás representando nada, no estás creando ficción y estás dándole gusto a un profe y a una organización vertical que te va a quitar lo que no encaje en esa estructura. Porque tu maestro de canto no te va a enseñar lo que tú sabes, te va a enseñar lo que él sabe”.

¿Por qué entraste a estudiar jazz?

“Hace dos años decía que mi vida iba ser el jazz. Ni componía ni nada. Ahorita estoy en un proceso difícil por qué siento mucho más fuerza en mi música, pero no puedo dejar de estudiar jazz. Pero no me siento una jazzista. Además estoy en una escuela donde te repiten todo el tiempo que no estás lista, por eso creo que jamás voy a serlo.

Pero en marzo me voy a New York a grabar un disco con Charlie Hunter a dúo de mi música. Y Charlie Hunter es un guitarrista muy famoso en el mundo del jazz y él me escuchó y me invitó. Y siento que estoy más conectada con él a través de mi música  que si cantara standards. Ahora eso me tiene muy feliz. Pareciera que estar en una institución de jazz todo lo demás pierde valor. Y ya no quiero eso. Cuando tomé clases con Iraida Noriega estaba en un momento que “scateaba” mucho. “Porn jazz”, dice Charlie. Entonces Iraida me dijo: ‘respira’. Ella es bruja. Ella te hace algo. Hay maestras que no te hacen ni pío. Desarrollé mucho mi voz en la improvisación colectiva. Y con mi amiga Fuensanta, con quien tomé el taller de jazz, empezamos a hacer muchos ejercicios de cómo quebrar la voz, cómo conectarme con mi diafragma naturalmente, cómo despertar muchas emociones vocalmente. Desde que salí de ese taller ha sido un viaje todos los días de preguntarme cómo llegar a la gente a través de la voz”.

¿Cómo conociste a Charlie Hunter?

“En un festival de Guadalajara (el Jalisco Jazz Festival – Tónica GDL). Estaba becada. Estuve semana y media. Conocí a Charlie que fue mi maestro de ensamble y Michael Blake mi maestro de instrumento. No había canto como siempre, pero daba saxofón. Y tocamos muchas veces juntos, saxofón y voz”.

¿Cómo sientes la Ciudad de México en tu quehacer creativo?

“Me encanta la ciudad. Es muy simbólico. Yo crecí en el campo en medio de cafetales. Para mí esto de venir a la ciudad y que haya tantos músicos, que todo sean buenos y encontrar músicos afines como Dany, David, Fede, Agus Ayala está muy bien porque Jalapa puede ser muy cerrado al ser provincia, aunque jamás cambiaría mi casa ni mi infancia en el bosque. Pero en este momento la ciudad me llama más; aunque pocas veces me había movido sola por la ciudad. Ya llevo un rato yendo y viniendo y se siente bien bonito que cada vez me conecto más con la ciudad y con lo que está pasando aquí en la música. Pero siento que la gran influencia para mí es el campo. Siempre estoy regresando a mis imágenes de niña, del río y de la lluvia. Entre más me muevo más me encuentro y más encuentro lo que quiero decir. En ese sentido una cosa citadina como tal no me crea una imagen suficientemente fuerte para recurrir a ella como lenguaje”.

¿Con qué proyectos colaboras?

“Grabar mis canciones a trío con Charlie Hunter y un percusionista en Nueva York. Pero primero voy a grabar con unos amigos música original de ellos. Octavio Álvarez y Alex Lozano. Nos va a producir Charlie Hunter. Con Jorge Tirado en la guitarra toco mucho en Jazzatlán (en Cholula, Puebla) y aquí en la ciudad con Agus Ayala en el piano y Sammy Mendoza en la batería. También estoy en el momento en que quiero sonar todo lo que pueda sonar. Todos los formatos que pueda”.

 ¿A dónde estás dirigiendo tu música?

“Estoy encontrando que hay una dirección no específica pero que sí estoy llegando a la gente a la que siempre quise llegar. Es un  proceso que me duele porque hay muchísima inseguridad, mucha incertidumbre, muchos cambios, mucha energía. Mucha inseguridad, pero no tengo miedo. Demasiadas ganas de oír mi música en manos de alguien más. Que mi música en unos años, espero, sea parte de una representación mexicana de la canción, que sean un registro de lo que está pasando en esta época. Ya estoy harta de escuchar el pop mainstream sin contenido. Quiero que haya un registro de música mexicana que suene mexicana, que no suene a mexicano que quiere sonar a alguien más. Que suene a lo que está pasando. Eso es lo que me interesa y estar sonando y tocando. Y llegar lo más lejos que se pueda”.

Related Posts