De gira desde hace poco más de un año, el proyecto Rock en tu Idioma Sinfónico supuso una tarea de gestión, logística y producción -en estudio y en vivo- que merece detallarse dadas las implicaciones de licencias, pre producción musical – músicos, arreglistas, productores, logística, etcetera-, management y booking, que el espectáculo ha requerido. Sabo Romo detalla esto al compartir el origen y desarrollo del mismo.

¿Cómo surgió el proyecto de hacer sinfónicos los persistentes ecos de aquella plataforma comercial tornada era y llamada ‘Rock en tu idioma’?

“Es una historia que podría ser larga pero que trataré de hacer lo más corta posible y que tiene que ver con mi divertidísimo pasado progresivo: de niño, me gustaba oír a toda la Italianiza mecánica: Premiata, Le Orme, los holandeses Focus, los británicos Emerson, Lake & Palmer, todos esos, más toda la información clásica que provenía de mi papá, no mucha, pero valedora; y luego, pues el famosísimo ‘Hooked On Classics’ (Atrapado en los clásicos), que eran fragmentos de obras maravillosas de música clásica tocadas a 120 BPM en pleno auge de la música Disco. Y siempre pensé que un día me iban a dar ganas de hacer algo así. En 2008, finalmente, de la mano de Eliseo Reyna, mi manager, amigo, proxeneta y padre de Maximiliano, decidimos que lo íbamos a realizar. Entonces nos encontramos, primero, con la burocracia de las orquestas, de las que no entraré en detalles, pero fuimos con una y, tras seis meses con las partituras decidieron que no, luego fuimos con otra y decidieron que no, porque se iba a lucrar con el proyecto y luego con otra que tampoco. Finalmente decidimos que era inviable por ser un proyecto costoso y porque mi relación con las disqueras -a pesar de que yo seguía siendo artista Sony- no era la más cordial, ni tenía yo ganas de enfrentarme a toda esa basura discográfica de la época”.

“Pasaron los años, y en 2010 sufrí un infarto, y en 2011 sufrí a los Caifanes, y luego se me obturó una carótida y luego la otra en 2014, hasta que finalmente en marzo de 2015 nos volteamos a ver Eli y yo y decidimos que lo íbamos a hacer, fuera como fuera y como mejor pudiéramos, tal cual. Nos dimos a la tarea de volver al tema de las orquestas y nos volvimos a encontrar con esta burocracia incomprensible y que si los horarios, y que no podía haber ni una cerveza en los sitios de ensayo, que si el del fagot sólo podía soplar de 12 a 12:20 porque si no se le caía el DIU (*)… una serie de cosas a las que yo, en el rocanrol, no estoy habituado y aunque entiendo esos protocolos de lo clásico lo que no comprendo es esa parte administrativa que es terriblemente nula en cuanto a darle funcionalidad a las cosas”.

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