“Empecé cantando desde muy chica, aunque decidí enfocarme totalmente en la música a los 17. Fui corista de Yuridia, Yahir y gente así, luego canté en muchos bares hasta que alguien me escuchó y me llevó a Rumania para grabar unas canciones que pegaron mucho allá (en Ramnicu Valcea me presenté ante 20 000 personas); fui número en la radio rumana, pero decidí renunciar a todo lo que ello significaba para aprender sobre producción y composición, para regresar a México y ponerme a trabajar en mi música. Lo que busco es ser auténtica y la clave para conseguirlo es aprender a no tener miedo a encontrar mi voz propia, aprender a ignorar los juicios. Gritar, hacer lo que sea con tal de sostener una conexión conmigo misma”.

¿Y cómo suena tu música, Renee?

“A rock electrónico alternativo con un poco post punk y otro tanto de psicodelia. En realidad no estoy segura de cómo suena, pero sí de que me siento muy orgullosa de los resultados y de quienes a mi alrededor me apoyan con su talento, músicos muy respetados que me ayudan a generar un mundo sin etiquetas. No sé mucho de teoría musical, todo lo hago conforme lo voy sintiendo; soy músico porque me dedico a la música, pero reamente no sé quién soy. Sé que elegí andar un camino poco convencional y que tengo muchas ganas de cambiar cosas, que no debo seguir fórmulas y sí hacer lo que quiera sin que nadie me dicte cómo”.

Así que te rodeas de músicos talentosos, sin embargo tú comandas este proyecto sonoro.

“Mi instrumento principal es la voz, con ella me guío emocionalmente hasta encontrar el mejor camino a nivel musical para mis emociones, ya con mis músicos; pero el inicio creativo es mío. Podría decirse que esto es un proyecto solista, pero definitivamente los músicos que están conmigo han hecho que mis composiciones crezcan. Beetle es el nombre de mi primer disco y en él me dediqué a la composición de los temas y además co produje el trabajo. Fue un proceso súper largo, de tres años, donde programé, canté e hice arreglos. Regularmente compongo en el piano, aunque más que tocar el instrumento lo que hago es programar; creo que soy buena para hacer capas”.

Te caracterizas por tu entregado desempeño escénico, ¿existe alguna otra constante en tus presentaciones en directo?

“Sabes qué me pasa. Me gusta cruzar línea que tracé durante el concierto previo, perder el miedo de ir un poco más allá. La vez pasada subí al escenario a Sandrushka (Descartes a Kant) y juntas nos tiramos al piso para luego bajarnos con la gente a echarla al suelo y terminar todos revolcados”.

No va a ser fácil superar eso.

“Ay, sí. Va a estar difícil ir más allá. Pero bueno, tampoco me preocupa alocarme tanto; prefiero mantenerme sensible, fiel a lo que sucede en cada momento. Es decir, hay conciertos que no solicitan alocarse, sino generar un ambiente íntimo, sereno. En una época de mi vida pasé por cosas tan fuertes que en cierta presentación, mientras cantaba una canción, me puse a llorar  y ya no pude parar. Tuve que dejar el micrófono y me fui al piso. Mis familiares se subieron a abrazarme mientas los músicos seguían tocando y la gente aplaudía, dándome las gracias por exponer mi corazón de esa manera. O sea: no todo es locura y caos”.

El equipo de Mooi:

Micrófonos Shure

Apple iMac

Controlador Alesis

Software Logic Pro

Monitores KRK

Guitarra Gibson Les Paul

Amplificador Vox

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