El jueves 9 de marzo a las 20:30 se inauguró Reflexiones de luz, serie fotográfica compuesta por 19 retratos de músicos que fueron creados en la obscuridad absoluta de la sala de proyecciones de Film Club Café.

Esta colección resulta muy especial para nosotros. Nos hace viajar en el tiempo y recordar los mágicos momentos que los músicos aquí retratados han compartido en el escenario de Film Club Café. Este viaje nos lleva también al interior de los artistas, quienes con su talento y generosidad llenan de música el espacio, el corazón que los contiene.

Ingrid Leyva es una fotógrafa mexicana radicada en El Paso, Texas. Cuenta con estudios en la Escuela Activa de Fotografía y diversos cursos externos enfocados al retrato e iluminación con maestros como Carlos Álvarez Montero, Carlos Somonte, Mario Luna, Atonatiuh Bracho y Khaled Aboumrad.

Su primera exposición individual, Reflexiones de luz, tuvo lugar en la Fundación Sebastián de la Ciudad de México. También ha expuesto colectivamente en el Museo Mexicano del Diseño, la Embajada de Estados Unidos en Ciuadad Juárez, la Universidad de Arte de Nuevo México y en la Galería Pandora’s Box y Manuel Álvarez Bravo del Estado de México.

“Cuando nací, dicen los papeles que el 20 de julio a las 4:30 am en la ciudad de Chihuahua, había una tormenta eléctrica. Mi mamá me cuenta que semanas después de nacer, la enfermera que la ayudó a parirme, cuando pasaba frente al estudio fotográfico de mi abuelo que estaba en el mero centro de Chihuahua, se detenía a preguntarle ¿Cómo está rayos y centellas? Rayos y centellas fue mi primer apodo y ahora de grande, los rayos y centellas, los reflejos, las transmisiones y absorciones de luz, son algunas de mis fuentes consentidas de experimentación.”

“Las fotografías que se exhibirán en Film Club Café las hice en el año 2014 en el que estuve trabajando ahí. Mi trabajo era dar recorridos y preparar café y sándwiches (recomiendo el Bagel de 3 quesos). Los fines de semana había conciertos de jazz principalmente, y me acuerdo lo impresionante que fue para mi escuchar y ver a algunos músicos en vivo por primera vez como a Gibrán Andrade, Renee Mooi, Leika Mochán, Elizabeth Sheperd, Pablo Ramírez, Adam Evald, Hernán Hecht, entre muchísimos otros y otras.  Como el Film es un lugar con mucha cercanía y calidez entre creador/espectador, me atreví desde una posición de espectadora a empezar a pedir que me dejaran tomarles fotos.  Empecé a hacer los retratos con la luz que emitían los focos del film en el pasillo del baño, en el cuarto que se usa como camerino, incluso jugué con el proyector de la sala de cine, pero no me gustaban mucho mis resultados. Entonces se me ocurrió trabajar con largas exposiciones, algo con lo que ya había experimentado antes y que me hace sentir muy cómoda, usando como única fuente de luz el display de los celulares de las y los músicos. “

“La dinámica fue muy natural: veía el concierto, y si había alguien que me “punzara” en particular, iba a acomodar mi cámara y tripié en la sala de cine y ponía una silla enfrente. Luego esperaba a que terminara el concierto y me acercaba a pedirles el retrato. Para mi buena estrella todas y todos aceptaron. Les pedía que trajeran sus celulares a la foto, los llevaba a la sala de cine, les pedía que se pusieran en una posición cómoda durante 30 segundos que es el tiempo que usé de exposición. Les preguntaba si tenían preferencia por algún color en particular, y descargaba ese color de Google, entonces empezaba a colorearlos. Las formas de atrás se me ocurrían cuando estaba en el concierto y muchas otras las improvisé o fueron ideas de algún músico como la de Hernán Hecht, que me pidió que tuviera este recorrido circular ¡y me encantó!.  Las fotos empezaron a verse seriales, pero aún así, me atreví a hacer lo que se me antojara, así fuera solo iluminar el rostro como en el caso de Eliot Lewit, usar múltiples exposiciones como con Gibrán Andrade, o en el caso de Leika Mochán, a jugar con la luz que reflejaba el burro de planchar que usó para uno de sus conciertos. Para mi fue algo muy valioso compartir con ellos y ellas unos momentos en silencio después de sus conciertos y quizá, más que el acierto en la técnica y experimentación con la luz y sus reflexiones, capturar ese gesto que tienen después de hacer lo que mejor saben hacer en la vida y que tanto nos da placer que es la música, es con lo que me quedo guardado y ahora comparto en esta exposición.”

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