“Gozo hacer canciones. Pese a que se trata de una labor sufrida, no hay placer igual al que se siente cuando se termina de hacer una canción; quizá sólo la experiencia sexual se le acerque. Pero es importante acotar que no se trata de escribir diario con tal de lograr el gozo del que hablo, hacerlo así sería una tortura; solamente hay que trabajar, trabajar tanto como el cuerpo te lo pida”. Gerardo Enciso es quien hace los apuntes, poseedor de una de las mejores plumas del rock nacional”.

¿Escuela de música o escuela de la vida?
“A través de los discos fue que aprendí a tocar la guitarra, escuchando música como la de Jim Croce. De él aprendí mucho de armonía porque cuando escuchaba sus discos sacaba las canciones así, de oído, con la guitarra de mi hermano. Así que, por supuesto, prefiero la escuela de la vida”.

¿Recuerdas cuál fue la primera canción que escribiste?
“Como a los trece años de edad hice una composición dedicada a mis padres cuyo nombre no recuerdo. Hablaba de cosas importantes, como campos y valles, esas cosas a las que ahora les decimos mamadas. El tema quién sabe dónde quedó. Está perdido”.

¿Existe alguna composición que te gustaría robar?
“Hay un montón, pero “Construcción” de Chico Buarque me hubiera gustado mucho hacerla porque me parece que es la mejor canción que he escuchado en mi vida. Es la historia de un albañil, un relato que cuenta con una construcción verbal sustentada básicamente en palabras esdrújulas. Una composición perfecta”.

¿Alguna vez has extraviado un instrumento?
“Sí, he perdido y extraviado varias guitarras. En los años noventa, saliendo cierta noche de Rockotitlán, estaba yo cazando un taxi, así que corrí hacia uno sin mi lira y cuando regresé por ella ya no estaba en su lugar en la banqueta. Perdí una Epiphone, fue un guitarrón el que me robaron”.

¿Existe algún instrumento que te gustaría aprender a tocar?
“El violonchelo. Me gusta por su tesitura, básicamente”.

¿Miras con recelo a algún tipo de músico en especial?
“A los hueseros. Lo que pasa con ellos es que se saben de pe a pa las armonías y creen que con eso ya pueden tocar cualquier cosa, y vaya, efectivamente, sí tocan cualquier cosa, porque tocan sin alma. Yo creo que los músicos se dividen en técnicos y rudos: los técnicos son los hueseros y los rudos somos los que cantamos y tocamos con el alma. Lo ideal sería ser rudo y técnico a la vez, encontrar un balance”.

¿Cuál es la parte más complicada de tu labor como músico?
“Yo creo que hacer canciones. Llevar a buenos términos un tema tomando en cuenta que existen posibilidades infinitas para lograrlo. Y es que no es simple prestar atención a la canción, traducir eso que escuchas en tu cabeza. La mayoría de la gente cree que la música está compuesta exclusivamente por sonidos cuando quien canta es el silencio, el vacío. Además, antes de todo existe la emoción; sí, la emoción está ahí antes de que nazca una sola nota. Y mi trabajo es estar atento a lo que la emoción me dicta para llevarlo a buen término”.

¿Cuál es tu instrumento favorito?
“La guitarra y el piano. El piano por su diseño, obviamente, y aunque la guitarra es más difícil de tocar que el piano posee una resonancia que me gusta mucho”.

Para terminar, ensambla la agrupación de tus sueños.
“En la batería, Pedro Fernández; en el bajo, Sabo Romo; en las guitarras, Alejandro Carrera y Álvaro Rosales; en teclados, Juan Sebastian Lach; y yo, en la voz y guitarra. Nos llamaríamos, ¿cómo será? Los Pelos de Rambután”.

Related Posts