Siempre he sentido una fascinación especial    por aquellas personas que desde niños tienen una claridad absoluta de lo que harán el resto de su vida. Alguien así es Myra Melford, pianista, compositora y educadora oriunda de Chicago, que puede ser al mismo tiempo intrincada y meditativa, explosiva y serena, sofisticada y juguetona, locuaz y cerebral, oscura y luminosa. Su menuda figura crece enormemente cuando se sienta frente al piano, instrumento que conoce al derecho y al revés: Myra lo abraza, lo aporrea, lo percute, lo arremete con fuerza para luego tocarlo delicadamente, la velocidad sube y baja de manera abrupta, hace cosas que pocos músicos se atreverían hacer en un piano.Myra4

Myra se mueve como pez en el agua en los mares de la improvisación, sabe conectar el corazón con la técnica y las categorías no son importantes pues va de la música hindú al la africana, cubana y del Medio Este y de ahí a la abstracción cerebral del jazz europeo y americano y el clásico experimental. Toca desde que tiene uso de razón, ya que había un piano en su casa (diseñada por el reconocido arquitecto Frank Lloyd Wright) y sus hermanos mayores tomaban lecciones, así que ella con apenas tres años se las ingeniaba para, literalmente, escalar el banquito y una vez frente al teclado dar rienda suelta a sus ya entonces particulares enfoques musicales. Una cosa llevó a la otra y del piano clásico pasó a descubrir la libertad de la música de improvisación, nicho donde es una de las pianistas más destacadas de su generación.

Tuvo como mentores a Jaki Byard, Don Pullen y Henry Threadgill y cuando se mudó a Nueva York a mediados de los años ochenta, su música se nutrió aún más de otras expresiones como la danza, la literatura y las artes visuales.

Ha sido galardonada en numerosas ocasiones con becas y premios (como el que dan los críticos de Downbeat y la Asociación de Periodistas del Jazz que varias veces la ha nominado como pianista y compositora del año), y los ensambles que ha montado incluyen a varios de los más interesantes improvisadores de la gran manzana: Cuong Vu, Ben Goldberg, Brandon Ross, Stomu Takeishi y Matt Wilson; Dave Douglas, Chris Speed, Erik Friedlander, Michael Sarin y Kenny Wollesen entre otros, y también suele colaborar con otros músicos de la escena downtown en Nueva York.

A Myra la conocí en Guadalajara hace algunos años, (después la vi en el Winter Jazz Festival 2015), me llamó y me dijo que era amiga de Stomu Takeishi, -extraordinario bajista que ya había venido a tocar con Coung Vu y también a impartir clases en el Seminario de Jazz de Tónica– y que estaba de paso en la ciudad de camino a una comunidad Huichola que visitaba cada año, así que nos reunimos en la Avenida Chapultepec y caminamos un buen rato mientras charlábamos; cuando nos despedimos me regaló varios de sus discos que cuando escuché me costó asociarlos a la mujer de apariencia frágil y pelo rojo muy corto que había conocido, porque Myra Melford al piano es gigante, se transforma, se enciende y vuela.

Myra3¿Cuándo te das cuenta de que quieres ser músico? 

Comencé a tocar piano por mi cuenta cuando tenía tres años. Teníamos un piano en casa y mis hermanos mayores tomaban lecciones. Yo simplemente me trepaba en el banquito y me ponía a improvisar. Por supuesto no sabía qué estaba haciendo hasta mucho tiempo después. Las lecciones de piano en forma llegaron cuando estaba en el kinder, y en primer grado ya había decidido que sería músico; en la secundaria tuve otras ideas pero luego en la prepa lo retomé y desde entonces he perseguido ese sueño”.

 

He leído que desde que eras niña estuviste rodeada de arte, empezando por el hecho de que la casa donde vivías fue diseñada por Frank Lloyd Wright, ¿cómo fue crecer en Chicago y cuáles son tus más importantes influencias artísticas?

“Definitivamente vivir en un espacio tan hermoso diseñado por Frank Lloyd Wright fue una gran influencia para mí, a pesar de que, de nuevo, no me di cuenta de ello hasta mucho después. Mis papas conocían realmente el trabajo de Wright y visitamos muchas de sus construcciones en Chicago y en Spring Green, en Wisconsin, donde él tenía su casa y estudio. Cuando estaba en la secundaria estudié historia del arte y comencé un proyecto que documentaba todos los edificios que hizo en la ciudad donde yo crecí (Glencoe, Illinois), y me interesó mucho su filosofía de crear espacios arquitectónicos que surgen a partir del entorno, así que comencé a aplicar esas ideas para componer música para improvisadores. También desarrollé un interés real en el arte contemporáneo de esa experiencia, así que cada que viajo me encanta ver lo que los artistas locales hacen”.

 

Chicago tiene una gran tradición en blues y free jazz, ¿cómo influenció ese ambiente musical tu trabajo?

“Crecí escuchanddo el blues de Chicago y el boogie-woogie. Mi primer maestro de piano, Erwin Helfer, sigue siendo un fantástico músico de blues. Tiene 80 años y sigue recorriendo la ciudad en bicicleta y tocando con bastante regularidad. Al final de mis clases de piano clásico, solía tocar blues para mí como un premio y, eventualmente, me invitaba a sentarme en el banco con él y aprender lo que estaba haciendo por imitación. Aún puedo sentir esa música, el blues, es el elemento más fuerte en todo lo que hago, sin importar lo abstracto que pueda llegar a ser. No me involucré en la música de la AACC (Association for the Advancement of Creative Musicians) o la de Sun Ra hasta que me mudé de Chicago para estudiar en Olympia y Seattle, Washington. Fue ahí cuando me topé con Leroy Jenkins, Anthony Braxton y otros músicos que se convertirían en mis más grandes mentores”.

 

Recién editaste un libro inspirado en la obra literaria de Eduardo Galeano, quien recientemente falleció. ¿Qué te llevó a grabar un álbum alrededor de su trabajo?

“Suelo encontrar inspiración en otras formas artísticas: artes visuales, arquitectura, prosa, poesía y danza. Cuando eso sucede, esas otras expresiones me llaman y yo respondo a través de la música. Nunca trato de hacer una tradución literaria de un medio a otro, prefiero tener un diálogo. En el libro Memoria del Fuego de Galeano, en la que mi pieza “Language of Dreams” está basada, encontré su pasión, poesía y política resonando conmigo, así que escribí una serie de composiciones que respondían a ello. Realmente agradezco que él haya abarcado toda América, desde la tierra de Fuego hasta el Círculo Ártico. Todos somos responsables de nuestras comunidades y de nuestros recursos naturales y trato de sugerir eso a través de la música. La música de Snowy Egret, es totalmente una versión instrumental de esas composiciones y creo que funcionan perfecto”. 

Myra2Has explorado diversos formatos pero también has tocado piano solo, ¿cuáles son para ti las complejidades de tocar sola y cuál es el formato que más te gusta?

El desafío de tocar piano solo tiene que ver con dos cosas: una es que no tengo otro músico con el cual compartir algunas responsabilidades musicales, como cuando hay bajo y batería, así que tengo que cubrirlo todo yo sola. Tengo que generar todas las ideas en lugar de responder a lo que alguien está tocando y a veces eso se siente como una gran carga. Pero, por otro lado, el tocar sola también me da mucha libertad para irme a cualquier dirección que yo quiera. Creo que eso viene de lo que te enseñan en la secundaria: “Con la libertad llega la responsabilidad”. Pero también trae un gran gozo y esos retos pueden traer nuevos descubrimientos. Cuando toco sola me siento más como si estuviera respondiendo a la energía del público y el sonido del cuarto por si mismo y eso puede ser súper inspirador”.

 

Stomu Takeishi, Ben Goldberg, Coung Vu y Dave Douglas son algunos de los músicos que gustan de tomar riesgos y con ellos has trabajado en diferentes proyectos, ¿qué te lleva a trabajar con músicos como ellos?

“Cada uno de los que mencionaste son músicos increíbles. Todos ellos han perfeccionado un sonido y enfoque único al tocar, por lo que son inspiradores para mí. Ellos han traído una voz muy original a mi música y, sin embargo, todos han respetado la esencia de mis composiciones. No podría pedir mejores integrantes de mis ensambles, ellos le dan vida a mi música en una forma que es mucho más rica que las notas que escribo en un papel”.

Cuando enseñas o hablas sobre improvisación, ¿qué le dices a los jóvenes músicos?

“Creo que hay dos cosas muy importantes. Lo primero es convertirte en un maestro de tu instrument, de la técnica y teoría que necesitas para expresarte, y lo segundo es que tienes que encontrar y nutrir tu propia voz. Está bien imitar a otros músicos que admires, así es como muchos de nosotros aprendimos, pero no es suficiente quedarse ahí. Tienes que escarbar profundamente para descubrir qué es realmente tuyo y aprender a convivir con ello; entonces no solo traerás belleza sino también originalidad al mundo de una forma que sólo tu puedes. Para mí, es lo que significa poder ofrecerle un regalo al mundo”.

Cuando te conocí por primera vez en Guadalajara me contaste que venías a visitar con frecuencia las comunidades huicholas, pero no para tocar, ¿cómo se ha visto reflejada esa experiencia en tu música?

Estar con ellos (los Huicholes) en las montañas centrales de México y aprender de sus tradiciones ancestrales y de su forma de ver el mundo ha sido increíblemente inspirador para mí. Traté de compartir eso en mi pieza “Language of Dreams”.  Viven en un paisaje sagrado; para ellos, cada roca, cada corriente o paisaje es un ser divino. Los chamanes en sus comunidades han mantenido esa forma de ver el mundo vivo. Me siento muy agradecida por el tiempo que pasé con ellos y tengo la esperanza de que pueden seguir ejerciendo su forma de vida, pero es cada vez más difícil con el mundo exterior invadiéndolos más y más cada día. Necesitan asistencia jurídica y monetaria, así que eso es en parte lo que hemos ofrecido a cambio de lo que nos enseñaban”.

¿Estás familiarizada con la música mexicana?

Sé un poco sobre la música folclórica de Veracruz y por supuesto de la música de los huicholes pero no conozco la música mexicana contemporánea y de los improvisadores como quisiera. Sé que hay en México grandes músicos y compositores a quienes espero poder conocer pronto”.

Myra¿Qué sigue en tu carrera?

“Estaré de gira un poco en los próximos meses con el disco Snowy Egret para apoyar su difusión y haremos un viaje al sureste de Estados Unidos y por la costa oeste y luego vamos a Europa. El año entrante estaré tocando en el Village Vanguard y estoy súper emocionada con eso. Recién toque ahí con Jenny Scheinman y es un sitio increíble, la vibra que tiene es genial tanto para escuchar como para tocar música”.

 

¿Qué te gustaría explorar que aún no has hecho?

“Un proyecto que apenas estoy comenzando a trabajar, es una pieza para mí como “pianista improvisadora” con un ensamble de cámara. Uno de mis colegas en UC Berkeley, donde doy clases, me animó a hacer esto poco antes de morir de forma inesperada. Recientemente ofrecí un concierto en Chicago con miembros de la Orquesta Sinfónica de Chicago y todos son grandes improvisadores y tocamos dos de mis piezas más viejas arregladas para un cuarteto de cuerdas y un cuarteto de improvisadores. Ahora quiero escribir más para músicos con entrenamiento clásico. No he escrito mucho para músicos que no improvisan así que creo que es un buen desafío”.

 

En veinte años, ¿qué ha cambiado de la escena musical de Nueva York?

“Es difícil tener una perspectiva verdadera de cómo la escena ha cambiado, las cosas siempre están evolucionando. Creo que sigue habiendo muchos músicos creativos que están haciendo un trabajo fantástico e innovador. Pero, lo que sí ha cambiado entre fines de los años ochenta y principios de los noventa, -cuando yo comencé a trabajar en Nueva York por primera vez- y la época actual, es la situación económica. Estamos atravesando una epoca muy difícil para las artes y no existen las mismas oportunidades y recursos financieros que había como cuando yo me estaba abriendo paso como músico profesional. Le tengo mucha admiración a los músicos jóvenes de hoy, son muy dedicados y talentosos y se las ingenian para hacer que su trabajo funcione, pero ahora require de una iniciativa mayor y el creer totalmente en lo que están haciendo para aferrarse a ello sin importar los retos y obstáculos. Es muy alentador ver que cuando tu vida es la música, lo tienes que hacer, sin importar nada”.

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