“Me encanta descubrir que, cuando estamos tocando, Chema y Alonso cantan mis canciones. Que eso pase quiere decir que compartimos el mismo discurso, que estamos diciendo cosas que nos importan a los tres. Porque yo no hago canciones que le gusten a los chavos; hablo de una verdad radical que necesito decirme a mí mismo, a un tipo que tiene más de cuarenta y que no quiere quedar bien con nadie. En ese sentido, mi discurso es radicalmente honesto. Sin filtros”. Fernando Rivera Calderón es categórico cuando describe los principios filosóficos de Monocordio, el proyecto musical del cual es artífice desde hace más de una década y al que a últimas fechas se han integrado los hermanos Alonso y Chema Arreola (bajo y batería, respectivamente) para confeccionar una obra tan fundamental como radical, Pájaros y cuchillos.

El baterista comenta que el germen del trío tuvo lugar cuando Fernando (guitarra y voz) “me comentó que, al igual que mi hermano y yo, estaba sorprendido de que muchos músicos de rock de este país no estuvieran tomando nota del ambiente tan hostil que vivimos. Nos dimos cuenta de que estábamos enojados y queríamos decirlo, así que nos planteamos la posibilidad de trabajar e inventamos un nombre hipotético para la banda: Pájaros y Cuchillos”. Es el bajista quien continúa: “desde entonces empezamos a hablar de canciones de fogata, de esos temas que se sostienen con voz y guitarra y justo por esa condición es posible hacerles muchos arreglos alrededor. Así fue como, tomando nueve canciones de Fernando, me encargué de la mayoría de los arreglos de éstas; composiciones sólidas que finalmente grabamos y que nos gustan porque no buscan una perfección aséptica, sino que prefieren la mugrita, la actitud ñera”. 

Así que grabaron los temas que integran éste, el octavo disco de Monocorcio, con Gerry Rosado.

Alonso: “Y lo hicimos con la clara idea de que somos un power trío, pero sin recurrir a esa idea masturbatoria de, una vez estando en el estudio, meter mil detalles más. Hicimos pocas tomas y respetamos estructuras armónicas y arreglos muy precisos; pero también fuimos, y seguiremos siendo, muy libres. Por ejemplo, yo no me sé mis líneas de bajo; pero esto no significa que me esté echando un palomazo; como Fer y mi hermano, conozco las armonías y el temperamento de los temas, los detalles con las cuales hemos sido tan obsesivos”.

Fernando: “Para quienes hacemos una canción, es difícil saber que tan lejos ésta puede llegar en cuanto a sonoridades, instrumentación y arreglos, asuntos que potencian los sentimientos que una composición aborda. Alonso hizo los arreglos de mis canciones y este salto implicó soltarlas para ponerlas en manos de personas en las cuales confío; gente como Gerry, que ha tratado mis ideas con cariño y respeto. He vivido un fenómeno de liberación muy rico”.

Alonso: “Fer tuvo una actitud muy generosa, aceptó que le diéramos la vuelta a sus canciones.  Se me ocurrieron arreglos extremos que sabía que a mi hermano no iban a sorprender, pero que me hacían preguntarme qué actitud tendría Fer al respecto. Sin embargo, nunca perdimos la perspectiva de que éstas son canciones para cantarlas. Siempre tuvimos claro, al igual que Gerry, que en la mezcla la voz tenía que estar bien arriba. Esa cosa adolescentes de cuidar tu track frente a la consola, de orinarlo para que nadie lo toque, ya lo superamos hace tiempo”.

Chema: “Alcanzamos un grado de reduccionismo tal que evitamos hacer over dubs en la grabación. Esto ocurrió porque en algún momento nos planteamos la idea de que la música que creáramos debería estar capacitada para ser tocada en una fiesta cualquiera con un back line básico. El asunto de fogata del que hablábamos”.

Chema y Alonso llevan treinta años tocando juntos. Fernando, ¿cómo te sentiste al integrarte a una base rítmica de tal firmeza?

Fernando: “Entiendo la devoción que hacia ellos profesan otros músicos, pero yo los veo como mis hermanos; de hecho, me les pegué como uno más, así lo asumí. Respeto sus dinámicas (si se empiezan a madrear, me salgo a fumar un cigarro y listo. Aunque sí, los tres hemos defendido nuestro punto a tal grado que una persona ajena al arte que nos escuchara diría, “ay, ya, hagan lo que el otro dice, sólo es una canción”. Sin embargo, para nosotros la canción es el eje de nuestras vidas en este momento). Soy un beneficiario de la relación que ellos dos sostienen, intensa, conflictiva, contradictoria y hermosa. Yo capitalizo todo eso. ¿Que si llegue a pensar, uta, voy a tocar con dos músicos de un nivel superior al mío como instrumentista? Quizá. Pero tal vez ellos también sintieron miedo de tocar en un proyecto no tan experimental como en los que suelen participar y con una historia tan bien definida”.

Alonso: “Yo me he ganado la reputación de hacer cosas muy extravagantes y lo que sea, pero en el fondo me fascina el pop. Ya tenía ganas de volver a la canción, por eso cuando esto se concretó me dio gusto, porque admiro lo que hace Fernando a nivel lírico, melódico y armónico. Las bases que crea para trabajar son muy ricas. El proceso de darle vida esta versión de Monocordio ha sido sumamente placentero”.

Chema: “A mí me gusta cómo escribe Fernando. Posee una claridad, como lector lo digo, asombrosa. Aspiro a alcanzar ese grado porque las letras del disco que grabamos tienen cuchillo y pluma. Como baterista en Monocordio, me gusta observar al compositor, apreciarlo desde la distancia y dedicarme a encontrar ese sonido que va a potenciar sus palabras. Es decir, he aprendido a gozar lo procesos. La música no es como atletismo, donde la meta lo es todo”.

Fernando: “Es como las relaciones sexuales. La seducción que lleva al clímax sexual -que para nosotros sería subirnos a un escenario a tocar- resulta fundamental. Y vaya que Alonso y Chema han sido ampliamente perceptivos al platicarles de dónde salieron mis canciones”.

 

Pareciera que los temas que integran Pájaros y cuchillos anduvieran en línea recta, sin vericuetos de ninguna especie; pero las rutas rítmicas, armónicas y melódicas se tuercen con frecuencia, y esto ocurre prácticamente sin que el escucha se percate de ello.

Chema: “Alonso ideó los arreglos. Él sabe hacer correr el groove sin que se note un cambio grave en el tempo, por ejemplo. Hay un tema donde hacemos esto, cambiamos el tempo y lo conseguimos sin que el escucha lo note. Sí, pasan muchas cosas en cada canción, pero todo esto transcurre con sencillez, como en las fogatas, cuando se cantan rolas”.

Alonso: “Lo que dice Chema sucede en “No existe más”, una canción que tiene dos progresiones de acordes muy claras y en la cual cambié compases de forma que sus resultados cíclicos dieran las mismas medidas, para así crear vacíos. En uno de los versos hice unos obligados muy manchados. Como en 16 compases están ocurriendo puros hits de tarola y bajo, en un plan minimalista, pero acomodados de una manera muy rara para que vayan acompañando los fraseos de la voz. Además, durante los versos el acento está en el tiempo dos, y esto da una sensación de flotación muy particular. Pero no se trata de tocar para los músicos. Es decir, qué padre que se puede sofisticar algo y que el resultado siga fluyendo, aunque la gente no se dé cuenta de que pasamos de cuatro cuartos a siete octavos”.

Chema: “Por momentos, quien lidera ese mismo tema es el bajo y no la voz de Fer. ¿Esto qué significa para mí? Aplacar las manos, pues se necesita espacio para desarrollar dicho discurso. Con Monocordio yo he aprendido a dejar de lado muchas inflexiones que estorbaban. Finalmente este disco atiende la forma de la canción, pero se da los permisos de los que hemos hablado”.

Eso. Este nuevo combo de canciones posee un sonido contundente y directo, de alguna forma apela a un espíritu primitivo.

Fernando: “Sí, de hecho, esto de juntarnos a tocar sin parafernalia, de subirle al volumen y disfrutar, me conecta con lo que hacía a los veinte años de edad. La emoción se parece a la que sentí cuando decidí dedicarme al rock. Pese a que los tres llevamos muchos años tocando por separado, ahora hemos alcanzado esa vieja mística del rock que me encanta, que creí haber perdido para siempre. Chema y Alonso me han ayudado a volver a tener claro por qué hago lo que hago, a no olvidar qué es lo que me gusta”.

 

Como ejecutantes, ¿qué clase de retos tuvieron que superar esta vez?

Fernando: “Alonso y Chema me orillaron a practicar mucho la guitarra; saben en cuáles condiciones llegué como ejecutantes con ellos, conocen el compromiso que adquirí como ejecutante. Pude dejar que ellos tocaran bien chido mientras yo lo hacía como siempre, pero no. Mi hijo menor está clavándose en la música y practicamos juntos en casa; él aprendiendo a tocar y yo depurando mi estilo. Pero no me siento mal tocando al lado de Chema y Alonso, me gusta mucho cómo toco, no me siento  disminuido ante ellos. Tengo lo mío. Amigos guitarristas de pronto me preguntan asombrados cómo hice determinada cosa, y yo les contesto: bueno, te puedo explicar más o menos cómo llegué a hacer eso, pero no sabría cómo hacerle para repetirlo exactamente igual”.

Alonso: “En mi caso, he ido en sentido contrario y debo aceptar que estuve a punto de equivocarme, pues yo venía con la idea tocar el teclado y el bajo al mismo. Finalmente dejé las teclas y me compré un bajo exclusivo para Monocordio, uno con brazo de grafito sin cabeza, agarré mi pedalera y ya. Comprometerte con un proyecto tiene qué ver con el discurso estético, pero también con la tímbrica, y yo me quedé con un set bastante discreto. Las canciones de Fer pedían eso”.

Chema: “Es que, ¿para qué complicar las cosas?”.

Hablando de complicaciones, y para cerrar la charla, ¿qué sucede con ustedes? Son tres tipos que se juntan a tocar cuando hay detrás de cada uno un montón de ideas alternas que terminan filtrándose en Monocordio; puestas en escena estilo cabaret, espectáculos poéticos, improvisaciones radicales, locución radial, periodismo, danza, rap, literatura…

Chema: “Sí. Aunque sólo llevamos alrededor de dos años tocando juntos, tenemos afinidades escénicas. Mi hermano y yo tenemos una relación de trabajo amplia y todo lo que hemos hecho nos ha permitido integrarnos a Monocordio, un proyecto con una tradición”.

Alonso: “Es que tiene que haber un montón de cosas extra musicales para que la música suceda. En una búsqueda artística real tienes hacerte preguntas sobre el mundo, preocuparte por tus pares, por lo que sucede políticamente en tu país y el mundo entero, ahondar en la injustica. Uno tiene que jugar a ser Bruno Díaz y Batman para salvarse a sí mismo. En algún momento piensas: voy a tener que vivir una vida doble, o triple; estudiar otra cosa más allá de la música para, precisamente, poder dedicarme a la música”…

Chema: “… Pero finalmente no estamos preocupados por caber. Existimos”.

Fernando: “Y existimos como un grupo compuesto por un bajista, un baterista y un guitarrista y cantante. Así de simple. Para mí, estar así, con esta alineación es como un reinicio, y ya dije por qué, pero más allá de eso, desde la portada de Pájaros y cuchillos hay una relación con el primer disco que hice, pues no se avisa quién firma la obra. ¿Es ésta la peor decisión que podría tomarse a nivel mercadotécnico? Sí, pero también es la mejor a nivel estético. Tenemos una portada contundente que refleja totalmente el ánimo del disco, muy libre, poco necesitado de parafernalia. No estamos haciendo música en función de los egos; los tres somos escritores, amantes de la música y las palabras. En este Monocordio no pasa que el letrista hace su labor y los demás con flojera rellenan su discurso. Nuestro manifiesto estético actual es radical: hacer sonar todo lo que hicimos en el disco los tres a solas, sin trampas. Justo hacer lo que hablábamos, canciones de fogata. Fogata y fuga en re menor”.

Fotografías: Vianey Conde – @vianyconde // Bruno Cortés- Maya Comunicación

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