Noche profunda. Bolero rock reúne los talentos de un puñado de músicos que  pretende localizar el cruce de caminos entre los mundos, precisamente, del rock y del bolero. Para tal fin, José Manuel Aguilera convocó las voces de Saúl Hernández, Juan Cirerol, Denise Gutiérrez, Jaime López, Cecilia Toussaint, Gerardo Enciso, Luis Humberto Navejas y Valentina González, además del talento de Adolfo y Ernick Romero, Navi Naas, Yann Zaragoza y Alfonso André, para juntos ejecutar nueve boleros provenientes del pasado y, a su vez, dejar que cada cantante cobije algún tema de su propio repertorio bajo el manto estético del bolero. El experimento, atractivo y osado, ya cuenta con fecha de presentación, durante la edición número 30 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y es su artífice, el cantautor, guitarrista y productor Aguilera, quien ahonda al respecto en entrevista.

¿Cómo fue que elegiste el repertorio para este proyecto?       

“Me puse a escuchar un montón de boleros y la verdad es que fue un ejercicio muy sabroso, porque me acerqué a esa música de una manera formal, indagué de qué se trata esa tradición, ese fenómeno musical tan importante que tuvo lugar en Latinoamérica el siglo pasado. Así que me puse a escuchar y luego a seleccionar los boleros pudieran funcionarme, porque hablando tanto de la música como de los textos, descubrí que había canciones un tanto arcaicas. Afortunadamente hay un acervo inmenso de boleros y hay muchos que pudieron haber sido escritos ayer debido a su postura lírica y armónica. La pregunta fue: ¿de qué forma se tocan los mundos del bolero y del rock?, ¿hay ente ellos puntos en común? Esa fue la premisa. Bajo estos criterios que hice mi lista”.

¿A qué te refieres cuando hablas de temas arcaicos, hablas del candor que presumen la mayoría de los boleros?

“No tanto del candor. De hecho, el candor es parte del bolero. No le tengo miedo a lo cursi, todos somos cursis, hasta los punks, pero sí a lo arcaico. Procure evitar ciertos manierismos, y no hablo de palabras, sino de la actitud que transmite cada bolero. Al principio el plan era hacer covers, pero esa idea fue mutando hasta llegar a lo que estoy contando. Con La Barranca me he acercado al bolero, desde mi perspectiva y desde siempre, pero esto ha ocurrido de modo instintivo. Ahora lo hago con mayor conciencia y rigor. O con mayor enfoque, si lo prefieres. Finalmente nos hemos reunido para crear una propuesta sonora; no se trata de juntarnos a tocar y cantar como si estuviéramos en un bar”.

¿Tu selección de temas se basó en épocas y nacionalidades?

“No. Porque cuando vas a una cantina y pides que se te acerque un trío, descubres que su repertorio carece de nacionalidad y edad, a menos que te especialices en el tema. Hay una tradición de boleristas mexicanos, claro, y también contamos con figuras gigantes que hicieron lo propio, como Agustín Lara o Consuelo Velázquez, pero no me fijé en países. Tampoco me importó la época en la cual cada canción fue hecha porque no estoy haciendo una investigación académica, sino una aproximación lúdica. La dinámica del concierto es que cada cantante interprete un bolero, uno que él mismo elija, además, y también cante una canción de su autoría, o de su propio repertorio, en caso de que no sea autor. Esto debido a que se trata de traer el bolero acá, al presente, arriesgarse con nuevos arreglos, y luego los temas de los cantantes llevarlos un poco hacia los terrenos del bolero. Líneas entrecruzadas”.

¿Cómo fueron elegidos los cantantes?

“Se invitó a cantantes de la old school así como a otros más nuevos. Se buscaron voces capaces  de enfrentar al bolero con víscera. Me parece que lo que se ha hecho más recientemente en el rock mexicano cada vez está más cerca del pop, y está bien eso, yo lo respeto; pero se carece de garra. Los intérpretes que forman parte de este plan pudieron haber escrito ayer los boleros que están adoptando”.

¿Qué hay de los músicos que acompañan a los cantantes?

“Hicimos una pequeña orquesta base –o grupo, como prefieras llamarle- con la idea de crear una unidad a la cual los cantantes se adhieran. La lineación se conforma por La Barranca, tal  como está ahora, pero expandida con al talento de Alfonso André, dos percusionistas, un trombón y una trompeta”. 

Este plan de injertar rock con bolero ya ha tenido antecedentes. Los Zafiros echaron mano de guitarras eléctricas con resultados fascinantes, como unir terciopelo con cuero crudo. Hay mucho por explorar en esos terrenos, sin embargo parece que bolero ha muerto, al menos a nivel comercial.

Los Tecolines usaban guitarra eléctrica también. Es interesante cómo parece que el bolero desapareció de pronto, como que le dieron un machetazo en la cabeza, sobre todo cuando surgió la TV y se volvió más importante lo visual que lo auditivo. Pero antes el bolero contaba con un empuje, con una proyección  internacional tan fuerte que aún no hemos conseguido alcanzarla, con nada de lo que hemos hecho a nivel musical. Y sí, parece que pum, desapareció, pero no fue así. El mapa sentimental de los mexicanos esta cartografiado con boleros; éstos dicen de mejor modo lo que sentimos que una canción de, no sé, los Rolling Stones. Pero, ¿qué pasó con esa herencia, por qué se murió? Hubo un intento muy sonado, y para mi gusto nefasto, que hizo Luis Miguel y sus orquestadores, y yo creo que eso vino darle la puñalada final al bolero, porque así lo descafeinaron, le quitaron la garra con versiones desinfectadas y desapasionadas cuando el bolero es intenso, duro, de arrabal”.

¿Existe algo que unifique a todos los boleros que se han escrito?, ¿cierta dotación instrumental, alguna estructura, determinado perfil en las letras?

“El del bolero es un universo muy amplio. Es difícil generalizar porque hay boleros con trío tradicional (guitarras, maracas y voces), pero también con orquesta, e igualmente con piano. Es un poco como preguntarse qué define al rock. El bolero no tiene una orquestación definida, las construcciones, como en toda la música chingona, no necesariamente obedecen a un patrón; algunas siguen el plan de tradicional de verso-coro-puente-coro; pero otras poseen estructuras elípticas. Tampoco hay un parámetro en cuanto a los acordes, algunos cuentan con sólo tres y otros con muchos más. Afortunadamente no hay fórmulas para hacer un bolero. Quizá sólo haya algo: el tempo. Porque casi todos los boleros andan alrededor de las 100 RPM. Casi podría decir que el tempo es el que define al bolero”.

¿Respetas ese patrón en Noche profunda. Bolero rock?

“Claro que lo respeto. Aunque hacemos reinvenciones rítmicas porque queremos que los boleros que elegimos suenen a rock. A las 100 RPM le puedes entrar de mil maneras”.

Habrá quien se moleste con tu plan, José Manuel. Para muchos el bolero es un ente inalterable, el reflejo de una época a blanco y negro que no debe tocarse, como el cine de Ismael Rodríguez.

“Siempre habrá quien se moleste, pero a mí, y a todos lo que estamos involucrados en este plan, es lo último que nos importa. A final de cuentas hay una ganancia con todo esto: la gente se va a encontrar con canciones que tal vez no conocía, canciones muy chingonas, por cierto, como “Flores negras”, “Estoy perdido” o “Vendaval sin rumbo”. Con esto que estamos haciendo, abrimos una ventana para esta música que, claramente, vale la pena. La intención es hacerle justicia a estos boleros, ponerlos en el 2016; ese es el reto. Por otra parte, esta experiencia me ha permitido hacer cosas que he buscado hacer desde hace tiempo. El bolero que yo elegí para cantar es una composición muy oscura de Agustín Lara, “Estrella solitaria”; una canción que yo conozco desde niño y que siempre quise cantar. Mi deseo jamás se concretó hasta ahora. En ese sentido, he aterrizado uno de mis anhelos musicales”.

Todo este esfuerzo, ¿tendrá un alcance mayor al de quienes asistan a la FIL a presenciarlo en directo?

“Creo que deberíamos hacer algo más porque ha habido mucho trabajo detrás de esto. Aunque si ocurriera me gustaría hacerlo en un estudio de grabación, registrarlo con mucha calma, porque vaya vale la pena el proyecto”.

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