El baterista chileno Gabriel Puentes edita su disco No somos dos tocando a dueto con el pianista argentino Leo Genovese. Cuando uno escucha el disco se oye bien ceñida la música minuto a minuto. No les hace falta nadie más ni piensa uno cuántos músicos son. Podrían ser muchos, pero son sólo dos músicos del sur que tienen historias similares y muchas cosas en común. Gabriel empezó a platicar en una improvisación de dos horas y media sin parar, con tal entusiasmo que hasta se le olvidó su mate en la cocina. Fue difícil, pero dividí esta plática en sólo tres tracks, que son los temas a los que más se refirió y pudieron ser más largos, pero yo tampoco tengo más tiempo de estudio.

No somos dos

“Del track 1 al 13 es una rola. Es improvisación. La idea era grabar lo que saliera. Y después de que lo oímos decidimos dejarlo así. Sin ninguna edición de ningún tipo. 

Lo grabamos en Estudio 13 en la Ciudad de México. Ahí tienen un piano Bösendorfer Imperial 290. Tiene un registro de graves que los demás pianos no tienen”.

“Agendé 4 horas y sólo grabamos una hora porque hicimos dos horas de tráfico. Cuando llegamos me armé y como en una hora tuvieron listo todo. Muy encima del límite. Grabamos esa improvisación que duró cincuenta minutos. Me llevé más platillos de lo usual. Casi con todos los platos que le pude poner. Cuando toco con Leo me pasa algo muy extraño que no me pasa cuando toco con todo el mundo y es que no tengo idea qué estoy tocando y cuando lo escucho oigo un montón de cosas que nunca había tocado. No me hago responsable de lo que toco. Tampoco digo que esté tocando él a través de mí, sino que me da la confianza que puedo tocar diferente. Cuando toco con Leo dejo de ver esas precauciones que uno podría tomar para no tocar eso que va a sonar feo. Termino tocando cosas que son tabú prácticamente y que te das cuenta que funcionan. Me quita bloqueos tocar con él. Me da esa confianza porque siento que es tan bueno lo que toca él que lo podría dejar solo y va seguir sonando bien o va a sonar hasta mejor. Eso también me hace ser muy deliberado en lo que toco porque ya está sonando muy bien lo que él toca. Ahí aplico el filtro ese de “¿eso que voy a tocar es mejor que el silencio?” Y si no es mejor no lo toco. Claro que uno no toca pensando. No hay ese tiempo de hacer ese filtro. Es en tiempo real, pero ahí lo aplico más que en situaciones más convencionales”.

“En medio de la improvisación salieron algunas rolas. Hay una de Wayne Shorter: “Lady Day” y la otra que es “Coplas a la luna” de un compositor y cantor de Tucumán que se llama Chivo Valladares. Leo me había mandado un disco donde venía ese tema y cuando grabamos salió. No es que lo hayamos acordado. Son cosas que tenemos en común, como el Martín Fierro y la Antipoesía de Nicanor Parra, que es un poeta chileno que yo leo todos los días”. 

“Para mí este disco es terapéutico. Este disco lo hice porque se murió mi familia.”

“Ubi sunt?” Se refiere a la frase “Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?” ¿Dónde están los que vivieron antes que nosotros?”.

“Siempre leí sobre esto como una cosa intelectual y externa a mí. Mi mamá, mi segundo padre y mi abuela se murieron en cosa de seis meses. Mi familia se redujo a la mitad. No soy creyente y soy muy escéptico y racionalizo mucho las cosas. Me faltaba esa cosa que te da la fe de decir que están en un mejor lugar. El track 1 Ley de la Lavoisier, que es la ley de la conservación de la materia. Fui con un tarotista, aunque soy escéptico a eso, y me ayudó más que todas las terapias. Me dijo “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma y no vas a encontrar paz hasta que no aceptes eso, y no aceptes un montón de dualidades que hay”.

“No se oye porque los micrófonos graban lo que estás tocando, pero yo estaba llamando y preguntando ¿Dónde están? Y Leo que no tenía esa conexión emocional con lo que estaba pasando, fuera de saber lo que yo tenía en la cabeza, siempre sabe  meter la música que plasma eso. Lo mismo con Réquiem por un ciruelo. Era un árbol que estaba adentro de la casa de mi mamá. Era el más viejo del barrio. Cuando mi mamá estaba enferma, un día empezó a crujir y se cayó sin hacerle daño a nada. Empecé a escribir un cuento, pero todo estaba demasiado cerca y no terminé. Y lo terminamos tocando acá. 

Este es mi disco más personal. No podría sacar otro disco más personal que este”. 

Leo Genovese

“La historia con Leo empieza hace como diez años. Nos conocimos en Nueva Orleans en el Thelonious Monk Institute. En 2011 grabamos algo, pero el piano que teníamos no estaba muy bueno. Quedó enlatado eso. Este disco es como retomar ese impulso. También es muy fan de Violeta Parra. Tenemos una curiosidad por esa música. Tiene mucha música en la cabeza y en las manos. Musicalmente no ve barreras en nada. Todo le entra, todo lo permea y todo sale después cuando toca. Aunque lo que nos juntó fue el jazz. Ahora es más conocido porque ha tocado con Wayne Shorter y Joe Lovano y grabó un disco con Jack DeJohnette. Eso lo ha hecho sonar en los últimos años con un mayor nivel de profundidad”. 

“Leo se fue muy chavo de Argentina y no pasó por Buenos Aires por eso nadie lo conoció. No estuvo en ninguna escuela y no tocó con nadie. Eso permite que su voz sea diferente. A veces al pasar por la escuela te unifica un poco como en una palomilla. En las escuelas gringas también pasa eso. Todos los pianistas suenan a que han estudiado lo mismo y han escuchado lo mismo. El fue de la pampa, de Venado Tuerto, a estudiar brevemente piano en Rosario y luego a estudiar a Boston y ahí llamó la atención de inmediato porque tocaba distinto. Si le preguntas de influencias te va a decir primero Cuchi Leguizamón que Keith Jarrett. Qué también es una influencia, pero no más importante”. 

“Es muy disciplinado y muy estudioso, pero él es de la idea de que cuando se sube a tocar uno debería olvidarse de todo lo que sabe, y dejar que las cosas pasen y si pasan bien y a veces no pasan. Y también aceptar eso, que no todo tiene que ser un éxito. No todo tiene que salir genial. Y si te equivocaste en una nota a ver qué haces con esa nota, cómo la conviertes o cómo la rescatas. Siempre le gusta encontrar esa nota podrida que podría echar a perder un acorde. Le encanta tocarla y por eso le da lo mismo que lo llamen a tocar pop, no es una desmotivación para él porque igual termina saliéndose con la suya”.

“Es una curiosidad por la vida, no sólo por la música. Uno la trata de sacar con la música, pero lo que tocas además, y creo que en este disco es muy palpable, es lo que vives”. 

Jazz

“Te venden una fórmula del jazz. Se vuelve predecible y eso es totalmente antagónico con el jazz. Se puede disfrutar de una cierta libertad que hay dentro de la estructura, como un standard. Tocar “Autum leaves” y que sea un camino de ida y que sea completamente nuevo y fresco, se puede. Pero para eso tienes que encontrar, tanto como escucha como si uno está tocando, la frescura de no saber para dónde vas. El jazz ahora está muy institucionalizado. Pocas cosas que oigo me llaman la atención porque no hay frescura. Es más probable que compre un disco viejo que no tenía donde oigo a tipos empujando la lanza, que iban pa’ delante, a oír eso que está tan dentro de una cajita con un vidrio y que dice: “Esto es el jazz”. Como pieza de museo, definida y completamente acabada. Y eso va en contra de la idea misma, en general, con la música, pero sobre todo con el jazz, que por definición está en constante evolución y acepta influencias múltiples. El jazz es una tradición folclórica que se aprende de escuchar a músicos más viejos, de que te hagan críticas, de escuchar la música, de estudiar tu instrumento y tratar de conocer ese lenguaje. Una vez que ya te sientes cómodo en ese lenguaje, ahora sí háblame de lo que quieras. Pero ese proceso ya está completamente desfragmentado”. 

“Acá en las jams se suben nueve tipos y nadie se sabe un tema en común. Y esto se trata de tener un tema en común. Es como juntarse a conversar con unos amigos. Pero no se respeta ni al público, ni a los demás músicos, ni al escenario, ni a la música ni nada. En ese sentido está muy verde la escena del jazz en México. Porque no se trata de leer la música sino del margen expresivo que puede tener un tema y qué haces tú con eso. Ha habido varios mini booms en el jazz en México. El jazz es música que no es popular. No significa que sea elitista ni que haya que entenderlo para disfrutar. Hay un montón de prejuicios que están muy arraigados. Desde cuándo se necesita entender algo para disfrutarlo. Eso es poner una reja. Y esa forma a la que estamos acostumbrados que es tema, solo de sax, solo de piano, solo de bajo, que es un molde, lo vuelve muy predecible. Hay muchos músicos acá muy buenos, pero viven en una inercia y en una comodidad tremenda. Hay músicos que pueden tocar todas las noches de su vida en un mismo tempo, las mismas rolas, en el mismo orden y tocan en automático. Y eso es lo más aburrido del mundo”.

 

“El jam para mí es una oportunidad para descubrir que de todos los que se subieron a tocar esa rola, hubo uno con quienes tuviste onda tocando. De ahí salen las buenas relaciones musicales”.