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| Llámenlos por su apellido y espérenlos tras la polvareda desértica, justo después del fuego cruzado entre algún ecuánime comisario y cierta punta de malandrines. Disparando a mansalva, entre el twang guitarrero y la reverberación más atascada; entre las espuelas y la cabalgata, seis tipos ejecutan una especie de spaghetti western enfocado a los oídos de una ciudad tan hostil, violenta e insoportable como el viejo oeste. Recién desempacados de una exitosa gira europea y con el EP Trío de mercenarios a la altura del revolver, damas y caballeros: López, Casasola, Martínez, Huerta, González & Montesinos. Los Twin Tones. |
Un sexteto que ejecuta música instrumental, pendiente de la herencia de Ennio Morricone y The Ventures, eso sí que es una novedad.
López: “Pues sí, ambos han sido referentes básicos en nuestro sonido, aunque personalmente yo resaltaría a los Ventures como un detonante definitivo para que Twin Tones comenzara a hacer música. Aún recuerdo el día que mi mamá me regaló un disco de ese grupo y de inmediato corrí a ponérselo a mis compañeros”.
Y tan endeudados con ese sonido reverberante, supongo que el uso de Twin Reverb, de Fender, es básico.
López: “Para nosotros no es obligatorio usar ese modelo, pero es cierto que se trata de un standard, porque cuando sales a tocar y no hay oportunidad de cargar con tu ampli, pues ese modelo es el que más se adecua a casi todas las posibilidades. De repente, cuando sabemos que en algún concierto nos van a poner Marshall, sí tomamos precauciones y nos llevamos algún pedal para hacer reverberación. Es que si nos dan amplificadores rígidos, sin reverb de resorte, se nos dificulta sacar un buen sonido”.
Las guitarras son el fundamento del sonido de los Twin Tones, ¿qué modelos usan?
López: “Usamos Fender porque es la marca con la que iniciamos, pero sí nos gustaría explorar otros sonidos, no sé, tal vez con una SG (Gibson) o una Grestch”.
Respecto a la batería, ¿cómo se consigue recrear ese sonido de cabalgata?
Casasola: “A mí me gusta usar bombo de 20 pulgadas porque su sonido es compacto, con un golpe muy marcado, pero no tan grave. Los toms y la tarola van con parches ásperos para darles un sonido más viejo, clásico. Creo que no hay que tenerle miedo a los armónicos, sin sordina se crea una sonoridad más viva. Respecto a los platillos, los Sabian V8 me gustan, aunque quisiera buscar nuevas texturas con unos Zildjan Constantinopla”.
¿Percusiones alternas?
Casasola: “Claro. Sonajas, congas, bongoes y algún xilófono. Pero en los discos no los he tocado yo. Por fortuna tenemos amigos que nos echan la mano”.
Platiquen sobre las ambientaciones que disparan desde la computadora, esas charlas vaqueras, disparos y demás.
Huerta: “Los samplers que disparo básicamente se conforman de diálogos extraídos de películas. El asunto es cortar y pegar, tomar sonidos concretos, no sé, como un balazo, un galope o sonoridades específicas que remitan al público a ciertas escenas del algún filme. También echo mano de fragmentos de algunas charla para luego desfigurarlas a beneficio de la canción en la cual serán usadas. Si checas la película de la cual proviene ese diálogo y lo comparas con lo que nosotros usamos, te das cuenta que está descontextualizado. Ya en directo, todo lo manipulo ligeramente, con delay o reverb”.
¿Qué tan limitada se encuentra la paleta sonora de Twin Tones?
López: “A decir verdad tocamos un género muy limitado, y estamos conscientes de ello. Hay muchos grupos en México cuyo repertorio cuenta con una canción “vaquera”, pero de eso a encontrar un proyecto como nosotros, que sólo toque western, pues sí hay un tramo de diferencia. En ese sentido, últimamente hemos incorporado elementos nuevos a nuestro sonido y eso se verá reflejado en los discos que vengan en el futuro. Antes éramos muy puristas; no queríamos escaparnos de esos rangos sonoros que se definieron en los años sesenta, pero luego nos dimos cuenta de que lo único que estábamos consiguiendo era limitar nuestras capacidades. Los años sesenta ya pasaron, hay que moverse e incorporar las bondades de los avances tecnológicos a nuestra propuesta, es válido”.
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Se ha ganado a pulso el mote de “El muñeco” debido a su impecable porte, sin embargo, más allá de su fina estampa, se trata de un guitarrista poseedor de unos dedos tan precisos como la maquinaria de un bólido bien engrasado, listo para la carrera. En esta ocasión, el autor de “Te vas a acordar de mí” responde sonriente, relajado; con una cerveza en la mano, lejos de su natal Texcoco y del grupo que lo ha puesto bajo los reflectores del rock hecho en México desde hace décadas: Tex Tex. |
¿Escuela de música o escuela de la vida?
“Estudio música a últimas fechas, pero por necesidad. O sea, apenas llevo como seis años estudiando. Antes no lo había hecho porque considero que en la escuela no te enseñan a tocar con feeling, ¿me entiendes? Ahí no pueden mostrarte cómo ponerle sentimiento a lo que haces. Yo creo que cuando aprendes acordes en la calle descubres el dolor y el placer real que trae consigo tocar, pero también considero que en el equilibrio está la mejor opción. En estos tiempos tan competitivos es importante que los chavos estudien, pero que también vivan; que salgan a darse sus madrazos, así es como se
aprende mejor”.
¿Recuerdas cuál fue la primera canción que escribiste?
“Claro. La hice cuando apenas estaba aprendiendo a tocar la guitarra. Se llama “El blues del borracho” y la escribí pensando en un tío mío que murió de alcoholismo. Entonces yo tendría como veinte años, era joven y bello”.
¿Existe alguna composición que te gustaría robar?
“Cómo no. Me hubiera gustado componer una de Caifanes: “Mátenme porque me muero”. Esa rola es lo máximo. Déjame pensar otra… ¡“Él no lo mató”, del Haragán! También es muy buena”.
¿Alguna vez has extraviado un instrumento?
“Tuve una guitarra Ibanez, y me costó mucho trabajo hacerme de ella, pero en una tocada, cuando llegó la hora irnos a casa y subir las cosas a la camioneta, a mis secres se les olvidó meter mi instrumento a su estuche. Cuando llegué a mi casa me llevé la sorpresa de que el estuche estaba vacío. Chale. No recuerdo exactamente el modelo de aquella Ibanez, pero estaba muy bonita la guitarra, era de una sola pieza”.
¿Cuál es la parte más complicada de tu labor como músico?
“Aterrizar en la realidad. Es que la música es una fantasía; hoteles de cinco estrellas, mujeres y aviones, pero también hay un mundo real, y en ese hay que preocuparse por pagar la casa y el coche, además de atender a la vieja y a los chamacos. Hay cosas que olvidas cuando estás rockanroleando. En el escenario eres parte de Dios, sólo tienes que preocuparte porque tu ampli suene bien; te olvidas de que antes te estaban chingando los cobradores para que pagaras todas las mensualidades que debes”.
¿Existe algún instrumento que te gustaría aprender a tocar?
“Me gustaría aprender a tocar el piano, pero mi vida se ha complicado un poco. Mira, tengo una familia, una casa, y además ofrezco conciertos; pero, lo más importante para mí es educar a mis hijos, y eso me absorbe mucho tiempo. Pero a lo mejor en algún descuido me meto de lleno a aprender, por ahí tengo un piano eléctrico en la casa, debe estar esperándome”.
Para terminar, ensambla la agrupación de tus sueños.
“¡Abuela que sí! John Bonham a la batería, Sabo Romo al bajo, Little Richard al piano y yo en la guitarra y cantando todas las que ellos me pidan. Esa sería una banda rockanrolera de las que llegan, se conectan y a volar ¿eh? Puro y absoluto rock & roll, sin complicaciones”.
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