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Simplemente estamos ante el pianista latino vivo más prolífico de la segunda mitad del siglo XX. Un genio neoyorkino de ascendencia puertorriqueña que domina la técnica del jazz fuertemente influenciado por personajes como Herbie Hancock,Thelonious Monk y McCoy Tyner, y que supo incorporarlos en un contexto latino. Pero además estamos ante uno de los más pianistas más curtidos de la música bailable (como él mismo la llama). Colaborador de todos, maestro vigoroso, experimental compositor, arreglista destacado y sobre todo original director de orquesta.
Music Frontiers lo trae a México este 5 de marzo para presentarse con el Afro Caribbean Jazz Septet y para ello, establecimos la comunicación telefónica hasta la Gran Manzana y platicamos con el enorme Eddie Palmieri.
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Los pianos
Coleccionista de Grammys —¡tiene 9 en su haber!— “El molestoso” es una institución de la música latina, pero del otro lado del teléfono se oye una voz amable y entusiasta de un hombre de 73 años, que ya cumplió 55 años de trayectoria profesional y seis décadas inmiscuido en la música desde que era un pequeñín. “Mi madre me puso en el instrumento, ella fue la que realmente me impulsó a tocar el piano, cuando yo quería ser baterista. Naturalmente yo quería seguir los pasos de mi hermano Charlie, porque era el mayor, me llevaba 9 años y era un tremendo pianista, a los 14 ya tocaba profesionalmente y obviamente fue mi primera inspiración; además era un melómano empedernido, traía a la casa grabaciones de diferentes artistas lo mismo del jazz norteamericano que del género latino, eso me ayudo muchísimo cuando era niño”.
Como era de suponerse el primer piano de Eddie fue el que le donó su hermano, “pero después mi madre me compró un Janssen, un piano vertical, ese fue muy querido para mí”. Hoy el Maestro Palmieri es un artista patrocinado por Yamaha: “me gustan mucho, suenan muy bien y son fáciles de conseguir en todo el mundo, así que es sencillo acostumbrarse a ellos”.
“Para grabar siempre quiero un piano de cola, cuando estoy en el escenario haciendo jazz, también es bienvenido el piano acústico, sin embargo cuando estamos en un salón muy grande y tocando música para bailar, es muy difícil darle la amplificación adecuada, entonces recurrimos a un piano eléctrico, en lo general disfruto mucho los Kurzweil, que me dan la potencia necesaria para poder guiar a la orquesta”.
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La composición, los arreglos, la orquesta
El maestro es conocido por un montón de melodías propias, basta mencionar “Azúcar”, “La libertad lógico”, “Sujétate la lengua”, “Kinkamaché” o “Vámonos pa´l monte” que ya forman parte del cancionero del jazz latino y la música bailable, y todo lo ha hecho a mano y a oído: “La computadora y yo, la verdad no nos llevamos muy bien, y lo hago siempre todo mal (refiriéndose al asunto de la composición en una PC). Yo escribo todo a mano y después recurro a un buen copista, quien a su vez les pasa la música a mis compañeros de orquesta. Me siento en el piano y allí me inspiro, frente a las teclas fluyen las ideas y me pongo a escribir. A la fecha tengo más de 200 composiciones propias ya grabadas. Ya son muchas…”.
Palmieri siempre ha sido conocido por ser un precursor de las fusiones (sobresaliente su paso por el bogaloo), de hecho fue de los primeros en integrar una orquesta con trombones y trompetas, cuando las orquestas de charanga de finales de los años cincuenta sólo se nutrían de violines y flautas. Así surgió La Perfecta, la gran orquesta que revolucionó la música latina que se hacía en Nueva York a principios de los años sesenta.
La Perfecta fue el semillero de grandes músicos, como el sonero Ismael Quintana quien después haría una carrera meteórica.
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“En La perfecta, empecé por gusto y por necesidad mi trabajo como arreglista y director de orquesta —había que escribir para la sección de metales, cosa no antes vista—, tengo que confesar que siempre me han atrapado las armonías y los acordes del jazz, así que me las ingenié para meterlas a un ritmo mucho más rápido” -que a la postre sería llamado Salsa-; “para mí era muy retador y excitante hacer que las vocales tan particulares “cupieran” en mis arreglos. Para mí el gran ejemplo de un arreglista era René Hernández, pianista de la Orquesta Machito y sus Afrocubanos (el ideólogo de la fusión entre el Jazz y los ritmos cubanos, lo cual sucedió esencialmente en la década de los años cuarenta), era un genio”,
Eddie Palmieri fue uno de los grandes culpables de la explosión de la música bailable que puso a Nueva York de cabeza y que luego inundaría Latinoamérica. Sus orquestaciones a la fecha siguen siendo memorables. “Abogo mucho por las improvisaciones individuales, eso también es el estimulante para cada uno de los músicos que están en la tarima para el género del jazz latino, pues en el fondo mis estructuras son muy bailables y es que yo me forje con lo que antes se llamaba mambo instrumental, antes que inventarán el término de latin jazz, así que esas estructuras son muy propicias para improvisar. Me gusta”.
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