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Fito Páez


Naturaleza amorosa

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Compone bajo el volcán. Para que sea Rock, combina el magma con el pop.


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Compone bajo el volcán. Para que sea rock, combina el magma con el pop. Luz que arde entre el sonido y la poesía, Fito Páez ha sido el perol donde se funde el pop argentino: toca con todos y todos tocan con él porque, sencillamente, sabe contar historias.
Es Rodolfo Páez: el del récord al disco más vendido en Argentina, El amor después del amor; el primer rockero latinoamericano en realizar conciertos en el celoso Teatro Colón de Buenos Aires y el primer no cubano en tocar en la Plaza de la Revolución de La Habana.

En privado es simplemente Fito: ”yo soy el padre de mis hijos y el hijo de mis padres. Sé quien soy y no soy lo que hablo; soy lo que hago”. Tan es así, que el tecladista retomó el vaivén de las giras y promoción, lo que lo trajo a finales del 2009 a México para promover No se si es Baires o Madrid, y conversar con nosotros acerca de su candente triunfo sobre el silencio, el frío y la distancia.

La esencia
Nada mejor que develar los motivos que hicieron del hombre, el músico que conocer el anecdotario detrás de aquellos instrumentos musicales que le permitieron recrear la narrativa musical con la que logra fraternizar y hacer de sus composiciones un bálsamo de tracks entrañables. “El primer piano que tuve fue un August Foster. Era un piano alemán, de pared y con candelabros. Tenía una máquina muy mala y estaba en pésimo estado. Mi tía Charito se lo quedó, y ya no me lo quiere dar, no por mala, sino porque ya le significa recuerdos personales”. 

Meses después, el rosarino adquiriría el que fue su primer piano eléctrico, éste a préstamo de Juan Chianelli, tecladista del grupo Irreal: ”un pianete Hohner sin pedales, que es con el teclado de resorte; muy difícil de tocar”, recuerda. En éste aprendió a tocar con sus primeros grupos: ”fue muy importante ese pianete porque si aprendes a tocar con eso, puedes tocar en cualquier teclado del mundo”, dice mostrando esa sonrisa que derrite.

Luego vino el gran piano eléctrico, el que le compró su padre: ”con mucho esfuerzo Era un trabajador de clase media en Rosario y lo pagó en cuotas durante varios años, en Casa Yamamusic”, añade.  Se trataba de un Yamaha CP-20 con sonido de hapsicord, dos pianos eléctricos y un flanger de efecto, como si fueran pastillas negras. Ese fue un piano muy importante en la carrera del compositor, pues fue donde gestó su sonido: ”con ese Yamaha me iba de viaje por la ciudad y comencé a dar con mi sonido, al momento en que ya podía indicar a otros cómo era la música... es un piano al que le tengo gran cariño”, expresa con añoranza. El CP-20 fue vendido para adquirir un Fender Rhodes, comprado ni más ni menos que a Luis Alberto Spinetta; mismo que ofertó para hacerse del Korg con el que se incorporó a la agrupación de Charly García. Esas fueron las primeras armas.


Cómplices y circunstancias 
Lo dice convencido y los hechos lo ratifican. La formación musical de Fito se debe a las causas y a los hombres con quienes ha podido converger (ya fuera por colaborar con ellos codo con codo, por referencia o una cuestión generacional) entre los que se encuentran Juan Carlos Baglietto, Charly García, Tweety González, Andrés Calamaro y el citado Alberto Spinnetta. “Nadie arma su destino. Eso es un disparate: somos una mezcla de suerte, de gracias y de voluntad también. Todos ellos me ayudaron en mi buena suerte y forjaron mi voluntad de alguna forma. Juan Carlos Baglietto, al nombrarme tecladista de su primer grupo, me encargó sus producciones discográficas, participé como co productor junto a Rubén Maldini, éramos los productores de la compañía”.

Tras esos trabajos, Charly García lo convocó para formar hacer el álbum Modern Clix (Clics Modernos): ”ahí aprendí casi todo lo que sé ahora, viendo cómo grababa y ensayaba él para sus discos”. Eso puso a Fito en el ensamble de placas como Piano bar: ”(Para mí) Charly es la historia de la música moderna americana. Entonces, imagínate, con él vi todo”, se ufana.

Más tarde, Tweety sería el compañero de ruta y cómplice de Fito: ”fue el primer músico que me puso en contacto con la tecnología más sofisticada de los años ochenta”, el responsable de hacerle comprar su primer Yamaha DX-7 y el Ensoniq Mirage. En ese entonces Tweety tenía un Oberheim, de los primeros que se veían en esos años: “él traía un DMX y las primeras consolas digitales con memoria.. Tweety era un hombre importante”, evalúa el cantautor. Y, va más a fondo: “Tweety fue el primero que me puso un loop en una sala de ensayo. Me dijo: ‘te dejo esto acá, a ver qué haces’. Por siete días estuve con un loop de Madonna”, y añade suspirando: ”es un músico con quien tuve un vínculo muy importante, sumamente estimulante”.

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